Biblioteca-de-Umberto-EcoHoy les traigo un muy breve artículo de opinión. Espero sus comentarios al respecto. Y no olviden: la semana que viene, el siguiente capítulo de “Los elegidos”.

Usamos libros para que nos dé sueño y poder dormir. Es un equivalente a contar ovejitas. Es una obligación escolar. Es el pasatiempo de los aburridos que no tienen amigos. Es excesivamente caro, y por eso mejor ni intentarlo. Una tomadura de pelo. Un escape cobarde de la realidad, un aislamiento de una mente inferior a la que la realidad demanda. La lectura es una actividad elitista. Sin importar el tipo de lectura para aquellos (yo incluido) que gustan decir que hay de lecturas a lecturas; leer no sirve de nada. Estas son razones que, al menos una vez, he escuchado. Y parecen más que suficientes para despreciar el acto de la lectura.

Viéndolo desde otra perspectiva, tampoco nos vuelve mejores personas, y no lo digo yo, sino que uno de los críticos literarios más importantes, Harold Bloom, es quien lo sostiene. Y concuerdo en eso. El acto de leer no nos vuelve inteligentes tampoco. Es como decir que el alcohol nos vuelve más desinhibidos. De alguna manera podría parecer que sí, pero no deja de ser algo pasajero, una ilusoria situación que cobra factura con la cruda. Así, pues, si creemos que seremos mejores personas o más inteligentes, tendrá sus consecuencias con alguien que sí sea avezado en un tema cualquiera que presumimos dominar.

Sin embargo, podríamos también tomar en cuenta lo que dijo alguna vez Cortázar, y es que la literatura sirve para mostrar lo que la realidad es para, luego, conformar una crítica hacia esa realidad. El libro no tiene la situación de lo real, y decir que es no pasa más que de un reflejo fiel con la finalidad de mostrar sus “cosas malas” para poder mejorarlas; es llevar la literatura a un chascarrillo pseudointelectual.

Entonces, leer no sirve de nada.

¿Para qué promover el acto de la lectura si no trae nada más que un entretenimiento que la televisión o los videojuegos podrían darnos? El primera instancia no habría diferencia. La cuestión está en profundizar un poco, muy poco, en las razones dadas para no gustar de la lectura. No te hace mejor persona, ni más inteligente, y como reflejo de la realidad es poco confiable. ¿Por qué leer? Porque induce a la búsqueda de motivaciones de algo, lo que sea. Con el riesgo de sonar cacofónico: induce a preguntarnos “¿Por qué?”, y así, despertar la curiosidad infantil, por no decir inocente, de los albores de la vida en la que todo nos maravillaba justamente por eso, por buscar su por qué.

Sin embargo, no se queda ahí, la literatura no provoca únicamente un efecto Déjà vu que nos orille a maravillarnos de nuestro entorno, sino que, además, suscita una mentalidad crítica a eso que nos rodea, porque los infantes se maravillan y aceptan la realidad como es; uno que dice tener más experiencia de vida, no hace solamente eso, sino que la analiza. Justamente acabo de leer en un texto de Chuck Palahniuk que la protagonista, Madison Spencer, sostiene que no importa la edad, todos somos niños. De alguna forma u otra, somos niños. Entonces, podemos ser de esos niños que, por lo que sea, se maravillan y aceptan las cosas solamente porque sí; o podemos ser niños que se maravillan, analizan, y tratan de resolver alguna cuestión si es necesario ser aclarada.

Se me dirá, pues, si la lectura de estas vacías palabras fue superficial; que caigo en una contradicción, pues dije que la literatura no te hace mejor persona, y ahora digo que nos hace querer solucionar algo, lo que sea. Pues yo diría que no es así, contestaría que la literatura solamente induce al cuestionamiento, pero ya depende de uno o del otro el hacer algo con ese cuestionamiento. Leer nos permite ver la vida desde un punto de vista más holístico por el simple hecho de ser una conversación con alguien más, ya sea personaje o autor. Leer nos plantea la problemática de facto. Leer nos revela la última consecuencia de un suceso de eventos. Leer es estar desnudo frente a un espejo: no es la realidad, pero es algo fiel de nosotros mismos; no nos permite conocernos, pero nos induce al camino para hacerlo.

Sin embargo, leer no sirve de nada donde la imaginación es sinónimo de inutilidad e inmadurez. Leer no sirve de nada donde el hombre es cobarde a verse a sí mismo tal y como es.