Soy maestro porque fracasé en mi profesión

598c1703cb554A mediados del semestre pasado, en la escuela donde laboro actualmente, se dio en el área de preparatoria una situación interesante: algunos miembros del estudiantado plagiaron un texto de internet, con el argumento de que lo habían parafraseado, y entregaron el producto como si fuera de ellos. Yo tuve la oportunidad de comparar los textos de los alumnos y el original y, con todo respeto, era irrisoria la copia. Umberto Eco, leí por ahí, aplaudía a aquellos que lograban hacer pasar su copia como la original a pesar de ser eso: una réplica; y no comparto por completo mi opinión con la del hombre que lo sabía todo, pero comprendo su punto: este tipo de copiones muestran habilidades técnicas “propias” de grandes artistas, sólo les faltaría la habilidad creativa, la de comenzar de cero. ¿Cuáles fueron, sin embargo, las medidas que la escuela tomó en este caso? Ninguna.

Esta situación, a su vez, me trajo dos recuerdos. Uno como alumno. Yo había reprobado un examen de historia, en cuarto año de primaria, si mal no recuerdo; me lo entregaron un viernes, y ese fin de semana íbamos a ir en familia a un balneario, y obvio, estaba emocionado por ir. Pues me esperé hasta el domingo en la noche para que mis padres firmaran el examen, justo cuando acabábamos de regresar de nadar. Me gané una cruenta y merecida regañiza. Así decimos en México a la regañina. Y el otro recuerdo, ya como maestro. Tuve un alumno con el que no importaba qué forma de clase llevara a cabo yo (kinestética, auditiva, visual, la mezcla de éstas, malabares, cohetes, trombas, trombones y trompetas), nunca logré que el joven mejorara sus calificaciones. Y para su madre, yo tenía toda la culpa. Luego me enteré que no era el primer profesor con el mismo problema y, obvio, para nuestra institución, lo mejor era (otro) el cambio de maestro, pues nosotros éramos el problema.

Cabe recalcar que los padres de familia de los estudiantes plagiadores pidieron junta con la maestra en cuestión, a la que entregaron los trabajos; y, para algunos, también ella tuvo la culpa por “estar en contra” de sus alumnos.

Yo no tengo gran experiencia docente, llevo apenas cinco años seguidos frente a grupos, adultos, niños y adolescentes. Y esto es una constante: la culpa la tiene el profesor. Es de remarcar, obviamente, pues cuando yo era estudiante, toda la culpa la tenía yo, en torno a mis calificaciones al menos. No experimenté el cambio de que el principal responsable de las calificaciones del alumno es el estudiante con la ayuda oportuna del docente; hacia el docente solamente. Claro, no hay que exagerar, me he topado con padres de familia que apoyan mucho al profesor, y reconocen que la labor es en conjunto, no del maestro o el alumno solamente. Y es como un secreto a voces: quien da la clase es cada vez menos respaldado en ciertos aspectos cuya importancia no debería infravalorarse.

Insisto que mi camino docente, tal vez, no sea extenso y, a decir verdad, no he tenido experiencias muy indeseables en mi vocación. Sí hay altibajos, en qué empleo no los hay, pero la balanza, en cuestión al apoyo hacia el docente, tal vez victimizándome, diría yo que es ligeramente en contra.

Deberían las instituciones educativas mostrar un verdadero apoyo disciplinario y en contenido educativo, en lugar de enfocarse en reformas (sin forma) en las que el problema no se ataca de fondo, sino en apariencia. La gran movida fue cambiar de un sistema de competencias a uno humanista. Se da a las escuelas la libertad de modificar el programa acorde a las necesidades de la institución. Que, dicen, hay libertad de cátedra enfocada a las necesidades del alumno, y así nosotros, como docentes, debemos llevar a cabo las modificaciones pertinentes al programa para que el conocimiento sea significativo.

Al menos yo, desde que empecé a trabajar, he tratado de hacer eso, pues así se me explicó que debía ser en mi preparación académica y profesional: adaptar el conocimiento a las circunstancias del alumnado. Este sistema humanista, según, ataca la base de que el docente todo lo sabe y el alumno es un recipiente para recibir conocimientos. ¡Novedoso! Sin embargo, desde el principio, sostengo sin duda alguna, no he conocido ningún profesor que no tenga esta mentalidad de proveer un conocimiento al alumno de forma que le resulte interesante, dinámico, y significante. A lo mejor así es en mi caso particular por el área en que me he desarrollado. Pero que nos vengan a vender la idea de que esta reforma ya va a convertir a la educación de México en algo maravilloso, que es justamente eso que no teníamos antes; sí se me hace un chiste de muy mal gusto.

En pocas palabras, ya tenemos, por ley, más libertades administrativas; pero el papel docente se sigue yendo para abajo. La figura del maestro ya no es esa de respeto con la que yo crecí, y si se cree que este no es problema, pues lamento decir que sí lo es, y de los principales. No digo que todos los maestros seamos maravillosos y profesionales, hay, como quien dice, de todo en la villa del señor; (yo me siento limitado por mi experiencia, por ejemplo, y habrá otros impedimentos de enseñanza) sin embargo, y es difícilmente negable: la figura docente se va para abajo, y seguirá su declive, por como están las cosas.

Si usted tiene a algún conocido maestro, pregúntele, vea cuáles son las áreas de oportunidad, y luego podremos seguir discutiendo este polémico punto. Sin embargo, y con esto acabo, no olvidemos: si los maestros nos dedicamos a ésto porque fracasamos en nuestra profesión, pues fracasamos como, en primer lugar, la carrera estudiada por cada uno de nosotros; y luego también, como docentes, padres de familia, niñeras, pedagogos, psicólogos, amigos, payasos, mandamases, enemigos, sangrones, conserjes, papelerías, expertos en manualidades, calendarios, lectores de mente, previsores del futuro… en fin, lo invito a poner lo que guste en la lista, aquí cabe todo. Porque la docencia lo abarca todo.

Publicado por literafilia

Escritor de novelas, maestro de vocación.

4 comentarios sobre “Soy maestro porque fracasé en mi profesión

  1. Tiene toda la razón profesor. Yo soy madre de uno de sus estudiantes (él cual está muy interesado en su trabajo y por eso estoy aquí) y efectivamente, la mayor parte de los padres han desviado la atención que tenían en sus hijos hacia todo su alrededor; quizá para encontrar culpables de sus errores en cualquier entorno, menos en el mismo núcleo familia, que es donde ocurre toda la magia de los valores y el esfuerzo. Pero como apoyo, puedo decirle que cada actitud excesivamente protectora de algunos padres y en muchos casos de la escuela, se verán reflejados en el futuro del niño y allí ya no podrán dar vuelta atrás.

    En algún momento me tocó estar en sus zapatos (no como maestra, sí como profesionista), al llevar la contra a la mayoría de los padres del primer año de secundaria, cuando ellos escudaban las malas calificaciones de sus hijos a los cambios que la escuela había decidido para la clase de matemáticas: “Son sólo niños de 12 años, el cambio no debe hacerse de forma tan rápida, debe ser paulatina y más amigable para los pobres niños”, ” Es mejor una clase totalmente en pizarrón, porque es la forma tradicional y es la mejor. Eso de que los niños autoaprendan o enseñen a sus pares no está bien”… bla bla bla. El comentario que me tocó hacer en ese momento fue: “La vida no es simple, ningún trabajo les enseñará a sus hijos a hacer las cosas para lo que los contrataron, ni tampoco les darán tiempo de aceptar el cambio amigablemente, el autoaprendizaje es la mejor arma (si no le entiendes a tu profesor, si no aprendes de la forma tradicional, si eres un poco lento… Internet tiene todo tipo de formas de enseñarte) y el trabajo en equipo también requiere enseñar a tus pares. Nuestros hijos nacieron en un tiempo de oportunidades y de muchas dificultades laborales y es importante prepararlos para el duro camino que los espera.

    Yo creo que existen excelentes profesores y también los que están allí por haber fracasado en sus sueños; pero creo que un niño puede aprender con maestro, sin maestro y a pesar del maestro y también depende de nosotros como padres involucrarnos y conocer la forma en que nuestros hijos aprenden. El problema es, que la dinámica familiar a cambiado excesivamente y muchas veces, como padres, queremos llenar esos huecos de tiempo que no le damos a nuestros hijos, tratando de arreglarles problemas que ya no deberíamos (por ejemplo, el plagio y su esfuerzo escolar). Le doy el pésame en ese sentido, por que se ve que los cambios que vienen no son para mejorar. Sólo espero que siempre existan profesores pacientes, que soporten este tipo de valores familiares tan escasos y a pesar de ello, sigan teniendo amor a la enseñanza.

    Saludos y gracias por impulsar a mi hijo cada día.

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    1. En primer lugar, muchas gracias por interesarse en leer el artículo. Y como pequeño complemento; usted ha dicho algo muy cierto: ser, aunque sea un poco, autodidacta, es de las mejores armas que cualquiera puede tener. Tal vez ahí también radicarían otros problemas incluso nacionales, eso de que queremos que otro haga las cosas por nosotros, en la mayoría de sus casos.

      Y agradezco de antemano sus palabras, este tipo de reconocimientos son muy apreciados por nosotros los docentes. Y le aseguro que seguiré dando lo mejor como lo exige mi vocación, sobretodo por el bien de mis alumnos.

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  2. Sergio, este artículo es excelente. Me siento especialmente identificada por una charla “motivacional” que nos dio nuestro jefe el viernes. Básicamente expresó que los alumnos están pagando muchísimo dinero por una educación de calidad y que eso es justo lo que no están recibiendo. Para dejarnos más claro su punto, dijo que nos pusiéramos en los zapatos de un comensal que va a un lujoso restaurante y pide un exquisito platillo, pero a cambio recibe algo desabrido, seco y con pésima presentación. Más tarde comentó lo aburrido que sería comer lo mismo todos los días. Recalcó en más de una ocasión que si los alumnos no se sienten motivados es porque nosotros no estamos haciendo bien nuestro trabajo, que no estamos transmitiendo suficiente pasión y que no estamos haciendo suficiente por conservar nuestro empleo, que nuestro salario debería de incentivarnos a esmerarnos más.

    Lo que nuestro coordinador no mencionó fue que al menos a un 95% de los estudiantes de la institución, NO LES INTERESA RECIBIR NINGÚN TIPO DE CONOCIMIENTOS, ellos mismos han externado que ellos van a socializar y que todas las materias, ahora incluso la de Química, son asignaturas de relleno.

    Este tema tiene muchísima tela que cortar y podría seguir citando ejemplos al respecto, pero qué puedo decir que los demás docentes no hayan vivido ya.

    Concuerdo contigo, esta reforma educativa nos ha dejado completamente deformados como profesores, efectivamente, nuestra figura de autoridad, de motivadores, de apoyo, de guía, de mentor y como bien dices, la lista continúa, va en declive, y al menos a mi, ya se me terminó la creatividad para intentar encontrar una solución.

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  3. Muchas gracias por tomarte el tiempo, Ana. Ya sabes que respeto tu opinión, y siempre pensamos parecido en este tipo de temas. Y tienes razón tu también, en especial con esto de las pláticas motivacionales. Pareciera que ya las capacitaciones radican en eso: motivar. Y motivar a saber que el maestro es el único culpable, como si no tuviéramos que adaptarnos a un sistema en el que, de hacer lo contrario, nos desecha. Es la típica estrategia de enfocarse a un grupo minoritario para atacarlo e ignorar el problema de facto. La cuestión aquí es que no somos grupo minoritario, y se nos ataca como si las deficiencias surgieran todas de nosotros.
    Y sí, recuerdo también cuando tomé mi diplomado que la principal preocupación era esa, la de no volverse repetitivos, pero ante la insistencia del alumnado de no ser parte activa de la clase, la creatividad que podamos tener se ve ofuscada.
    Y como dices, los ejemplos son tantos que ya parecen letanías.

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