Hades_Animated

Digamos que tienes una gran historia: sociedades estructuradas, culturas, eventos que cambian radicalmente lo que pensabas que sucedería y ahora te enfrentas a la deliciosa incertidumbre del qué pasará y, obvio es, protagonistas que cumplen su papel. Necesitamos, obvio, personajes, y simplificando mucho, tenemos dos tipos: los buenos y los malos. ¿Cuál es el fundamental para el desarrollo de una historia? La pregunta me parece reduccionista, pues ambos son necesarios. Un buen enemigo tiene la misma gran importancia que un personaje bondadoso. De hecho, creo yo, hoy en día las narraciones carecen de eso: un buen enemigo. Ya todos quieren ser buenos y así, nadie lo es.

Estaba viendo la otra vez esa película con Angelina Jolie, la de Maléfica, donde explican el trasfondo de ella, la “mala de la historia” en la que resulta ella no ser tan mala, sino incomprendida. Ahora tenemos claro el porqué de su actuar, y nos sentimos identificados. Estaba leyendo también un libro, no recuerdo el título y me gana la pereza de investigarlo, el chiste es que es una mezcla de todas las historias de cuentos de hadas existentes; es de uno de los actores de esa serie Glee. Era, la primera parte al menos, una especie de pastiche para crear otra historia con estos dos niños que se hunden en el libro y viven las más emocionantes experiencias de sus vidas; y una vez más: los malos tienen un trasfondo amoroso-desconocido y entendemos la razón de su actuar pero al final, al mero final, los malos no lo eran tanto y pues eran buenos pero incomprendidos.

No sostengo que esta búsqueda de nuevas historias en los personajes (malos o buenos) que creíamos conocer sea demeritoria; al contrario: creo que es una forma de ser original, creativo. Lo que sí me parece desdeñable es que todos sean bondadosos pero incomprendidos. Está bien que tengan un pasado doloroso, pero lo ideal sería que sostuvieran sus acciones vengativas a lo largo de la narración sin buscar una especie de redención a través de la historia. Incluso si no se vuelven buenos a lo largo de la narrativa literalmente, la forma de plantear su dolor me parece, en lugar de vengativa, lastimera. Está bien que hayan sido buenos y que por algo se vuelvan malos, pero que se mantengan en su maldad, que sean la antítesis del protagonista bondadoso, no un personaje bondadoso más en la historia.

Esto me vino a la mente porque estaba viendo la película de Hércules, la de Disney de hace algunos ayeres. Una película que me gusta mucho en lo personal, a parte de mi predilección por películas infantiles: porque Hades, el villano de esta película, se mantiene en su perspectiva de malo, no cambia de parecer ni siquiera cuando sus planes se ven arruinados. Otro ejemplo que me viene a la mente, el Coronel Hans Landa, de la película Bastardos sin Gloria. Personaje sin motivación alguna aparente más que la de cumplir su deber de partido (o de su bando de la guerra) y ésto lo digo pues al final bien podría pasarse al lado de los aliados. Se me dirá, pues, entonces te estás contradiciendo, pues él se quería volver bueno al final. Obviamente no. Se habría pasado del lado de los aliados sólo cuando habían matado a Hitler, en la película, y eso sólo reafirma su maldad desde un punto de vista maquiavélico (del Maquiavelo de Joly, recordemos que Nicolás nunca dijo eso en su libro del príncipe [para más información, léase Diálogos en el Infierno de Maurice Joly]). Estos dos, por el momento, en un pensamiento muy superficial, enemigos por excelencia. Verdaderos hijos de perra que hasta da gusto ver.

Cuando yo escribo también doy un trasfondo sentimiental-ético-político, o lo que sea necesario, para mis personajes enemigos (para los malos, pues), pero siempre trato que se mantengan en su línea. Me da mucha flojera cuando un malo cambia a ser bueno por la razón que sea, a menos que haya otro personaje que pueda suplirlo, o incluso ser peor que ese pobre desdichado incomprendido. O sea, a mi parecer es fundamental que haya un enemigo que se mantenga en su papel de antítesis de la virtud. Habremos de verlo desde la perspectiva de que si no hay blanco, no hay negro; si no hay arriba, no hay abajo; si no hay dios, no hay diablo; así pues, si queremos realzar al protagonista y mostrarlo como el verdadero héroe fuente de virtudes y todo lo bueno, un malo capaz de hacer todo lo contrario es más que necesario: es fundamental para el éxito del otro.

Así que mejor dejemos de lado estos moralismos, moralismos cancerígenos tanto para la sociedad como para la narrativa. Hay que darnos cuenta de que los malos también nos dan de qué hablar; de hecho, sin ellos, no tendríamos de nada de qué hablar.