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Tengo, queridos lectófilos, la propuesta última y definitiva para este loable problema al que nos enfrentamos como sociedad, este dilema de ser incluyentes con aquellos que no se sienten identificados con nuestras marginales normas del idioma español. Algunos me tacharán de infame pero los derechos humanos, que es lo que defiendo, son todo menos eso; así que mi labor, automáticamente, queda descartada ante semejante clasificación reprobatoria. Así, pues, mis retractores quedarán reducidos a la infamia por estar en contra de mi encomiable objetivo pues no buscan más que la insensata separación del hombre por el hombre.

Al haber dos sexos en la sociedad, propongo lo que sigue:

  • Dado que el falo es, obviamente, lo más distintivo del hombre, establezco con toda autoridad que la letra “i” sea distintiva para nosotros. Así debe ser por regla de la naturaleza biológica y por nuestra mentalidad erecta; por lo que nosotros no seremos nosotros, sino nosotris, seremis lis impulsoris de esta nueva forma de usar el lenguaje para podernis sentir bien y para poder satisfacer nuestras necesidades como sexi y géneri.
  • Para el sexo femenino, y su género, aún me encuentro en la contienda de, por la forma de la parte pudenda femenina; establecer ya sea la letra “u” o la letra “o” como definitivo para establecer su correcta identificación. Todo esto ha sido pensado cautelosamente y de forma lúcida, así que ellus (ellos) ahora se definirún (definirón) como mujerus (mujeros) pues así lo exige su santu (santo) poder entre sus piernus (piernos).
  • Mientras tanto, para todos aquellos que no estén incluidos en estas dos válidas y correctísimas clasificaciones; se quedarán con el lenguaje tal y como está, para así ser que el masculino genérico aplique para todos los demás tipos de identificación, ya sea que no se sientan ni hombre o mujer, que se sientan niño o viejo, que se sientan animal, cosa o lo que gusten. Así ellos no tendrán por qué preocuparse de modificar nada, más que nosotrus (nosotros) y nosotris.
  • Y si no le gusta, ponga todas las vocales, paraeiou evitaeiour problemaeious.

Ahora sí, después de este pequeño lapso de daño cerebral, quiero pedir una atenta disculpa a los que se toman las cosas un poco más en serio de lo que yo lo hago; en especial por eso del título, y si bien al buen lectófilo bien le daría cáncer en los ojos por eso, a mí me dio en los dedos por escribir así. Y es que, últimamente, he visto una gran cantidad de personas, principalmente en redes sociales (véase Twitter), atacando a la RAE por su labor de recopilación de usos de la lengua. Se le ataca como si ellos definieran cómo vamos a decir: si perros, perras o perres. Y me agarro de este último ejemplo para desarrollar mi superficial, por decir así, opinión a este respecto.

El problema radica en que hay una minoría que no quiere acatar ciertos usos establecidos y los quieren modificar de un día para otro pues no se sienten identificados ni incluidos en cómo son tratados, ya sea por medio escrito o hablado, a ellos. O sea que llegamos a un reduccionismo radical de decir que niños es sólo para los impúberes del género masculino, mas no para aquellos que puedan sentirse niñas, o que no se sientan niña ni niño sino tractor. Entonces, en sus juegos, habríamos de preguntarles “Oye, niño, ¿qué te sientes hoy?” y si dice que es un samurái intergaláctico asexuado con orientaciones pansexuales, pues bueno, deberemos inventar ya sea una nueva regla, letra o lo que sea para cada ocasión. Porque, bueno, se me dirá que esto es un pésimo ejemplo, una burla; pero pregúntele al niño que se cree vaquero si es un simple juego, si no es tan real como aquellos que se sienten excluidos porque no se usa una u otra letra. De hecho, creo más real el sentimiento del niño jugando al de estas personas “excluidas”.

Aquí el problema también radica en que, según, pongamos de ejemplo la letra “e”, se considera neutral. Entonces, no diremos día del niño, sino día del niñe (¿de la niñe?) para así decir que es de ambos géneros. Por desgracia, nuestro vaquerito o nuestro samurái intergaláctico asexuado con orientaciones pansexuales no están incluidos, y eso sí me parece ofensivo y exclusivo. Así que no somos ciudadanos, somos ciudadanes, y no es tampoco la labor de los maestros, sino la de los maestres; o de plano olvidar maestro y maestra y mejor decir docente. Pero, si este es el caso, entonces lo más incluyente y neutral, es presidente, no presidenta; pero, ¡ah!, dígasele presidenta a la presidenta, si no, uno es un machista. Y siguiendo la perspectiva mal planteada de género, machista es femenino, debería ser machisti o machisto o machistaeiou.

Los perros no tienen nuestra noción racional y como tal no pueden pedir que se les llame de cierta forma, de todos modos, pongamos de ejemplo perrito: ¿perrito será para cachorro o para un perro de raza chica o para uno que, sin importar su tamaño o edad, nos cause ternura? Esto lo único que genera es un problema de intercambio de ideas, y no hay lengua que no esté hecha para propiciar la comunicación efectiva, una rápida, clara y precisa. Esta situación mal planteada de problemas de género solamente provocan aletargo y el análisis de cuestiones meramente ridículas e innecesarias.

El feminismo, a fin de cuentas, es la igualdad y equidad de los hombres y mujeres, siempre y cuando esté enfocado a las cosas que valen la pena, cosas que afectan nuestra convivencia, nuestra sociedad y nuestro entorno: nuestra calidad de vida. Yo estoy de acuerdo en ese punto: todos debemos ser feministas, pero no debemos desviar ésta lucha iniciada por las mujeres a un ridículo insensato de que si no me siento identificado con una letra voy a armar un ridículo pancho (berrinche, aquí en México). No seamos como aquella valerosa luchadora de los derechos de las mujeres que me dijo “Pero tú no puedes hablar de feminismo, yo sí, porque tengo clítoris, y tú no”. Bueno, pues, clases de anatomía básica: ahora sé que hay mujeres que tienen las neuronas en el clítoris mientras yo… bueno, las seguiré buscando.