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Imagínate la siguiente escena: estás en You tube viendo videos de conspiraciones illuminatis-reptilianas-masónicas cuando, de repente, un click te lleva a un video de algunas de tus películas favoritas. El título canta algo como “Mensajes subliminales en las películas de Disney”, y te das cuenta que toda tu infancia fue un engaño. Casual: en el cielo de una escena particular de “El rey León” está la palabra “sex” formada por las estrellas, o ves a Goofy bajo el agua en la película de “La Sirenita”, o el mismo diseño del logo “Disney” tiene el tan tenebroso número de la bestia: el 666 (que, en realidad, no es el número de la bestia, pero bueno). Entonces, te das cuenta que vivimos engañados, controlados, amaestrados como animales… o tal vez no.

Un mensaje subliminal, como su nombre nos lo indica, es aquel que pasa por debajo de los límites. En teoría, consiste en orientar el comportamiento de una persona a través de mensajes que son captados por el subconsciente, y así lograr que alguien haga lo que queremos, obvio es, sin que esta persona se dé cuenta. Por ejemplo, si pones especial atención, puedes leer “Coca-cola” en el anillo único que Frodo tiene que destruir justo cuando Gandalf le da el mismo al hobbit. Los Lectófilos, mexicanos en especial, con primaveras ya acumuladas, recordarán esa serie RBD; pues la canción, al revés, decía algo como “el malo me lleva”; una canción de Enrique Iglesias (un deleznable reggaetón) dice “oro contra Jesús”; o la canción de los Supercampeones que dice “amo a Hittler”. Esto sólo si pones las canciones al revés, aunque claro, cualquier canción al revés suena satánica e incomprensible. A según, estos mensajes subliminales nos debían llevar a ser adoradores del diablo u obesos empedernidos bebedores de Coca-cola. Pero no lo somos. No al extremo, quiero creer. Esto nos lleva a la pregunta: ¿El mensaje subliminal, como tal, funciona?

Al comunicarnos, necesitamos conocer lo que se transmite. Empezando por lo planteado por Saussure: un significante (o sea, un concepto, una palabra) y un significado (lo que se entiende al decir la palabra o concepto); Pierce luego agregaría al referente (o sea, el objeto “real” en el que te basas para dicha palabra); y luego, en su estudio de todo lo que puede ser usado para mentir, Eco también condicionaría el proceso de comprensión a través de contextos culturales transmisibles o no transmisibles. Obvio, este planteamiento de la cuestión es en extremo superficial. Y, obvio es, necesitamos a alguien que mande un mensaje, y otro que lo reciba. Si uno falta, el emisor o el receptor, el proceso comunicativo no se lleva a cabo; además, necesitan un código similar comprensible entre ambos, o sea que si un alemán viene y te dice “Woher kommen Sie?” lo más seguro es que tú te indignes y le digas “¡La tuya!”. Importante es, pues, que ambos, receptor y emisor, comprendan el código, si no, la comunicación no se lleva a cabo y, en consecuencia, el condicionamiento por medio de un mensaje lanzado al subconsciente, no surte efecto.

Los mensajes subliminales no existen en el sentido en que no son subliminales hasta que alguien te dice que lo son. Si no te dicen, querido lectófilo, que hay algo oculto, no te das cuenta de eso: no sabías que decía “sex” (bueno, que a esa edad, no sabemos ni nos interesa lo que es el sexo), ni sabías de Goofy, ni los mensajes satánicos de las canciones; no sabías hasta que alguien te dijo que ahí estaban. ¿Por qué, entonces, tú te verías condicionado en tu actuar por algo de lo que no te habías percatado? Al igual que si un alemán viene y te pregunta de dónde vienes, y no le entiendes; el mensaje subliminal no surte efecto al no estar claro en tu cabecita. El proceso comunicativo no se lleva a cabo eficientemente.P

Diferente es, y que se me malinterprete, a la publicidad. Esta te envía mensajes con la finalidad de hacerte “sentir” algo, para que tú, en consecuencia, actúes de cierta u otra manera. Esos no son mensajes subliminales: esta gente conoce a la perfección lo que quieres o no, y te “condiciona”, mandando mensajes que tú comprendes conscientemente para que compres un producto o adquieras un comportamiento.

Pero ese es otro tema. En realidad, nadie puede meterse mágicamente en nuestra mente para obligarnos a hacer algo sin que nos demos cuenta. La comunicación es un proceso mucho más complejo que eso. Y no, no hay nada subliminal en este escrito, solamente algo literal: los mensajes subliminales no existen..