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Esta bella frase que voy a enmarcar y poner en la cabecera de mi cama la dijo mi intelectual favorito, Umberto el-hombre-que-lo-sabe-todo Eco. Lo dijo en un contexto en el que el internet comenzaba a tomar fuerza, cuando Wikipedia era una página novedosa como enciclopedia fuente de conocimiento, y él, como maestro, supo interpretar y no sólo eso: incluso previó lo que, en su tiempo era una crítica, ahora es una realidad.

La situación es la que sigue: antes de una de las dichosas juntas de consejo técnico escolar, teníamos que preparar una presentación y decir las áreas de oportunidad de nuestra materia, y en específico, en la que me desarrollo: el inglés. Luego de comentarlo con mis compañeros, en especial con el maestro Buddy que es, a parte de compañero, mi buen amigo; llegamos a la conclusión de que uno de los principales problemas es la lectura y la parte de listening, la de escuchar. Y mi amigo maestro sostiene que es porque hoy en día vivimos en un mundo tan acelerado de cine en 4D, de música con lenguaje obsceno y de niños tan inquietos; que este tipo de habilidades que resultan contrarias a la normalidad de la juventud, obviamente resultan afectadas.

Y a mí me gustaría agregar un par de puntos al respecto, apoyando lo que el profesor Buddy dice, lo que mi ídolo Eco predijo, y lo que leí con Lipovestky cuyo artículo también subí hace poco y dejo el link al final de este artículo. Y de una vez lo dejo claro para que luego no se me trate de atacar con tan ridículos argumentos: lo que escribo, en este artículo, también lo hago por celos. A fin de cuentas da igual ser un idiota más entre legiones de tantos más como yo.

Estaba en un supermercado con mi madre comprando algunos elementos necesarios para preparar delicioso ponche y vi en uno de los escaparates, cuando estábamos formados para pagar, una de esas revistuchas para jóvenes donde la portada presumía a algunos youtubers famosos. Y esas palabras no deberían estar juntas a menos que el youtuber en cuestión se tratara de alguien como Javier Santaolalla, el físico que explica cuestiones de ciencia para gente idiota como yo que no nos entran esos conceptos ni a golpes. Yo le dije a mi madre: vivimos en la edad de la estupidez. En realidad le dije otra palabra, pero es de muy mal gusto para ponerla aquí.

La cuestión es: “Sergio, ¿qué se siente que publiquen chupaelperro y no lo que tú escribes?” Pues se siente como una patada en los testículos. Y puse ese nombre en minúsculas porque no se merece el honor de las mayúsculas. La cuestión es la que sigue: imaginemos que un joven poco ilustrado pero con nociones básicas de la literatura le rechacen hasta los libros que no recordaba que había mandado a dictamen editorial, imaginemos que su teoría por más pobre que sea, siga los lineamientos de una literatura sana, básica y bien estructurada. Así es: el joven se va a colgar con una corbata desde el balcón de su casa viendo un video de una vieja que tiene voz de pito descompuesto.

Creo que, de entre todas las cosas que se pueden encontrar en la red, la más útil es la de poder encontrar información oportuna sobre, prácticamente, cualquier cosa. Esta era debería ser la del autoestudio, la de los nuevos autodidactas que tienen al alcance de sus manos, literalmente, el conocimiento habido y por haber. Sin embargo, estamos más enfocados en ver imbéciles diciendo barbaridades que poca risa dan, siguiendo consejos desvirtuados y poco útiles para la vida real, leemos libros que ellos ni siquiera escribieron. Y no se me diga que Dumas padre era igual. No hay comparación entre el Conde de Montecristo y los consejos idiotas para conseguir a la chica de tus sueños, ni con mostrar el mismo sueño húmedo de una niñita poco popular que enamora al chico que siempre quiso.

Yo comprendo muy bien: como adultos vivimos tan acelerados, con jornadas de trabajo extenuantes mucho más largas de las ocho horas de ley, que cuando llegamos a casa queremos algo sencillo, que no requiera que pongamos de nuestra parte. Cuando llego de trabajar, de mi ejercicio y de pasear al perro y trato de leer, no puedo. No pongo la misma atención. Estoy fatigado mental y físicamente. Pero eso no es excusa para devanarnos los sesos con cosas tan banales todo el tiempo como los populares y virales entretenimientos que tanto inundan la red.

Llevo poco tiempo con el blog, y pago a Facebook para su difusión, y lo que más me aterra cuando tengo mis títulos sarcásticos es que se me diga de que voy a morir cuando en realidad defiendo a capa y espada la lectura y su consecuente pensamiento crítico. Dejemos de lado las frivolidades de escapar de la realidad: ¿qué es lo que nos pasa como para gritar a los cuatro vientos algo totalmente infundado? Ya no nos damos tiempo para armar nuestro argumento, cosa que las redes sociales por ser, primordialmente, un medio escrito, al menos en caso de mi blog; solamente berreamos sin parar.

Creo que tiene que ver con lo que Gilles Lipovetsky dijo: estamos solos. Las redes sociales, al menos su muy generalizado mal uso, existen para enfatizar esta falta de alguien que tanto necesitamos en nuestras vidas. Los humanos somos seres sociales, somos y necesitamos a alguien con quien intercambiar ideas. El internet da voz, pero no satisface lo que somos por naturaleza: contacto. Y esto nos orilla a gritar, a decir sin pensar, a llorar sin parar. La soledad es necesaria para el artista, para el escritor, sabemos cómo lidiar con ella y volverla arte; pero no todos nacimos para esto, no todos estamos capacitados para luchar con nuestros yoes internos. La red social deja salir a ese yo interno que no sabemos cómo manejar, y como está descontrolado, se revela de formas indeseables.

Vivimos en la era de la estupidez, sí, totalmente. Es una paradoja: vivimos en la era de la estupidez cuando tenemos todo lo necesario para contrarrestarla. El problema es que estamos tan agotados que ya no nos da tiempo de ser humanos, no podemos ser alguien: nos vemos cruelmente reducidos a ser animales de carga. Es un nuevo tipo de esclavitud, una disfrazada. Nuestro trabajo está mal pagado, nuestros sentimientos deben ser ocultados, nuestra felicidad se ve condicionada por lo que los demás creen que somos mas no por quién somos en realidad. Aquél que se muestra como es, es marginado automáticamente. Ya no hay lugar para la honestidad ni mucho menos para la autenticidad. Primero debemos ser alguien más, porque con nosotros mismos no es suficiente.