El artículo a continuación es de índole meramente de opinión personal, no es una guía ni un manual para la detección de la depresión, ni es un artículo de ayuda para la misma. Al final se deja un enlace de la OMS para conocer la enfermedad de una fuente confiable.

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Una de las cuantas maravillas que nos trae el internet (obviando la de toda la información sobre cualquier tema al alcance de nuestras manos), la del ocio es una de las mejores en mi opinión. Y es que, luego de un día de trabajo pesado, estresante y fatigoso; un poco de desconectar el cerebro y consumir productos basura siempre es bienvenido. Hay que medirlo y limitarlo obviamente: no hay que abusar de los productos que el internet con tantas bendiciones nos brinda. Uno que es más que popular es el de los memes, estas imágenes que, dadas en un contexto redefinido, resultan hasta hilarantes para quien conoce el trasfondo y su reinterpretación absurda. Una subcategoría, por llamarla así, está la de los memes depresivos. La frase del inicio hace alusión al suicidio, y resulta ser que es el mejor motivo para no terminar con la vida de uno mismo: mi mamá estaría triste. Lo puse en inglés por motivos meramente personales: originalmente lo vi así, así me acostumbré, y la traducción literal al español no me parece tan atractiva por alguna razón.

Pero aquí entramos a la cuestión, y usando la frase “entre broma y broma la verdad se asoma”; ¿cuándo deja de ser un chiste y cuándo es un aviso de alarma?

En alguna de esas páginas “especializadas” (pongo comillas porque no investigué la seriedad de la misma por mera pereza) en psicología, encontré la que, a mi gusto, es la mejor definición de depresión: depresión es cuando tu mente quiere morir pero tu cuerpo no. La depresión resulta en una lucha interna, es una enfermedad que desgasta tanto como el ejercicio físico, pues conlleva la pelea por dejar de lado esta sensación de desasosiego al mismo tiempo que se trata de encajar en lo que la sociedad requiere de algún individuo. Por más únicos y por más que tengamos una personalidad definida, siempre tenemos la lucha social: el estereotipo está tan dentro de nosotros que no nos damos cuenta del daño que nos causa. Hay que cumplir con ciertas normas para poder convivir en sociedad. Una de las principales es: siempre muestra emociones positivas, nunca negativas, y es por eso que cuando nos preguntan “¿Cómo estás?” La respuesta, incluso a sabiendas que es mentira, debe ser “Bien, gracias”.

Entonces, la depresión es un asesino silencioso: se oculta, puede transfigurarse, puede volverse tan sutil que no parece siquiera un verdadero problema. Es decir, el depresivo puede mostrarse como la persona más feliz del mundo, la más exitosa y aun así estarse muriendo por dentro. Aquí entramos a la cuestión: ¿qué tiene un depresivo y por qué es así? Mi respuesta sería un exceso de emociones. Todos, y eso no se puede dejar de lado tampoco, todos tenemos problemas, todos tenemos altibajos, y todos tenemos que afrontar momentos de dolor y otros de gozo. Sin el gozo no conocemos el dolor, y viceversa. La cuestión aquí es que la depresión magnifica esas emociones negativas a tal nivel que las otras no tienen lugar ya para expresarse; y no es que el depresivo así lo decida: inconscientemente se siente como se siente. Su mente, por alguna razón, transforma todas las aparentes bondades que la vida tiene, en un motivo de dolor y sufrimiento.

El ser humano es un ser empático también, por naturaleza, lo cual quiere decir que cuando un congénere se nota de alguna u otra emoción; uno mismo también suele sentirla en mayor o menor grado. Esto causa, entonces, una repulsión a las malas emociones, porque sabemos que nos vamos a sentir mal, y es mejor alejarnos de la fuente que las causa. No somos capaces de ayudar fielmente a alguien en una mala racha porque ese malestar se nos ha de comunicar, y lo vamos a sentir. Pareciera ser que hoy en día es mil veces mejor ser consciente de que alguien sufre pero sin verlo, sin saberlo, porque eso nos causaría problemas a nosotros mismos. Entonces, si viene alguien con un problema de depresión, conlleva el rechazo: “Que se ocupe y se olvide de las preocupaciones”, “Que mejor se ponga a trabajar en lugar de estar lloriqueando”, “Llorar nunca ha servido de nada, mejor que haga algo productivo”, “Es una decisión sentirse de una forma u otra, es cuestión de ganas”.

No, no es cuestión de voluntad: la depresión sobrepasa toda barrera. Es un maremoto, y nada puede detener su fuerza destructiva.

El punto es, entonces, que la depresión causa el aislamiento de quienes la padecen, causa una constante degradación de sus energías y voluntades. La vida pierde sus colores; no es que no los pueda ver: el depresivo ve incluso con más claridad y viveza esos bellos colores, y por eso mismo le son inalcanzables.

Claro es que depende del tipo, del grado y de la causa para un correcto tratamiento. Sí es cierto que nacemos solos y morimos solos pero el transcurso de la vida es en sociedad, no estamos en soledad eterna. Al depresivo hay que hablarle, porque él no lo va a hacer por su cuenta. Se le tiene que orientar respecto a qué medidas tomar para poder tratar su trastorno, se le debe ayudar a encontrar el camino; porque por sí mismo no lo va a buscar. Aquí hay que ser uno muy, muy perceptivo: ¿cuándo un chiste de suicidio es meramente un comentario jocoso y cuándo es un grito de auxilio consciente o inconsciente? No creo que haya método para saberlo plenamente más que hablando y orientando. El extremo llega cuando el depresivo contradice a la propia naturaleza: si uno trata de arrancarse la lengua con los dientes, o un dedo; por supervivencia y conservación, no lo hace. No le resulta posible. Habría uno de imaginarse el nivel de desesperación para que un depresivo siquiera piense en el suicidio, para que ideé un plan de quitarse la vida. ¿Qué tan enfermo uno debe de estar para llegar al extremo de intentarlo?

Creo yo que una de las formas en las que se puede empezar a atacar este problema es con el concepto freudiano de la sublimación: transformar los impulsos destructivos (sexuales) en productivos social e individualmente hablando (artes, ciencias). O sea, la sublimación funcionaría así (es un ejemplo meramente imaginario): una mujer tiene una atracción placentera a la sangre, la mujer, si no se detecta su problema a tiempo, primero matará animales, y luego, si la oportunidad se le da, gente. Pero si a la mujer se le orienta a ser cirujana, tendrá contacto con la sangre que tanto placer le causa, pero salvará vidas. Es burdo el ejemplo, pero aclara la cuestión. El arte, como dije antes, vuelve lo monstruoso en belleza, tiene esa capacidad de transformar el dolor en algo admirable. Podría ser un primer paso, pero lo principal es no dejar al depresivo pensar que está solo. Para el arte se necesita soledad, sí, pero si no se orienta de la forma correcta, no sirve de nada: el depresivo necesita estar acompañado en su soledad.

Habríamos de preguntarle a alguno: ¿es el suicidio una decisión meramente personal o no lo harías porque lastimarías a alguien? Incluso la teoría de Durkheim quedaría un poco falta de bases: el depresivo sabe del dolor, lo conoce porque lo vive día a día, y muy bien sabe que podría causar ese dolor a alguien más. ¿Será un motivo de no volver realidad sus deseos suicidas el hecho de tener a una madre, a un padre, un hermano, una hermana, un amigo, o una amiga que se sentiría triste en caso de irse? Podría uno decir que sí. Pero el simple hecho de tener el deseo de morir quita ya toda impresión o presión social, a final de cuentas, muerto uno no sabe lo que causa o no. Ahí radica el peligro de la depresión, que no solamente afecta a quien la padece, sino al círculo social que sí está, que sí existe, pero que el depresivo no puede valorar o no sabe que tiene.

Si usted conoce a alguien que tenga alguno de los síntomas de la depresión, ayúdele, no se burle. Si no sabe cuáles son, podría ser que incluso usted la sufra sin que lo sepa. La depresión es peligrosa y monstruosa, lo último que deberíamos hacer es minimizarla como si de verdad pudiéramos decidir qué sentir o qué no sentir. Si así fuera, creo firmemente que todos seríamos felices todo el tiempo.

https://www.who.int/topics/depression/es/