Por Puchunga

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Tengo 27 años, soy una profesional, mantengo un trabajo estable y honesto…Pero mi sueldo no me alcanza.

A finales del 2018 inicié mi búsqueda para encontrar la casa que se convertiría en mi hogar, ya saben, la idea de esta búsqueda se encuentra llena de mil y una expectativas que hoy resultan inalcanzables. Encontrar casa resulta igual de difícil que encontrar pareja o decidir sobre la carrera que estudiarás, o incluso encontrar alimentos que sean orgánicos y 100% saludables para el cuerpo. Y no importa que tengas un grado universitario y/o te encuentres laborando de manera “estable”: la posibilidad de remontar económicamente y gozar de ciertos lujos que el sistema nos muestra como deseables, hoy, para una joven mexicana promedio, parece inaccesible.

Y tú, ¿ya compraste tu casa?

En los últimos años el aumento poblacional en la zona metropolitana de Querétaro se ha develado abiertamente, y nos ha llenado de frutos exquisitos y otros un poco más amargos. Tal afluencia poblacional a permitido que grandes e importantes constructoras, y otras no tanto, comiencen a proponer nuevos estilos de vida en casa-habitación que son dignas de las mieles del capitolio, pero otras nos han permitido ver lo miserable que puede ser la vida de una familia, pareja o persona en un conjunto condominal que ofrece casas de 43m2 en un régimen de muro compartido y paredes de vil concreto que tendrán como característica principal ser muy frías en tiempo de frío y muy calientes en tiempo de calor, que además se encuentran fuera de la zona “centro” de la ciudad cerca de parques industriales y con rutas de transporte limitadas.

Habiéndoles contextualizado un poco acerca de la realidad social que hay dentro de uno de los miles de profesionistas que habitamos en la ciudad de Querétaro, me atrevo a compartirles la historia de este sueño falaz de buscar la casa de mis sueños.

Mi salario neto es de $10,500. Tengo una licenciatura en el ramo de las humanidades, mantengo un empleo estable al que le he dado 3 años de mi vida en donde me contratan con una temporalidad de 6 meses y vuelven a hacer la recontratación por otros 6 meses hasta que cumplamos 5 años; la promesa de la empresa es darnos contrato indefinido con un aumento del 5% al salario. Ustedes pensarán: si el panorama es tan desolador, ¿por qué mierda no buscas otro espacio? Resulta que, la gran afluencia poblacional en la ciudad ha provocado una gran competencia en los puestos laborales y más en las ciencias sociales, además de que es un lugar en donde me siento contenta haciendo lo que hago y medianamente es un espacio en donde el clima laboral y la relación patrón-empleado no refiere al cacicazgo; entonces, al tener un salario promedio y un ambiente grato para desempeñarme, puedo decir que me agrada mi trabajo. No lo cambiaría a menos que encontrara algo que me ofreciera más dinero y garantizara que mi estadía en el día a día de mis labores será igual de grato que donde me encuentro.

Lo cual, en estos momentos, no se ha presentado.

Sin embargo, tengo un extra económico: mi compañero de vida tiene un ingreso mensual neto de $8,543. Es importante señalar que ambos contamos con las prestaciones de ley, lo cual es valioso en la actualidad. Es decir mi familia tiene un ingreso mensual de $19,043.00 pesos mexicanos libres de impuestos, lo cual es bastante aceptable en estos tiempos viniendo de dos profesionales que llevan laborando poco más de 4 años. La necesidad e ilusión de tener una casa propia nos ha llevado a inmiscuirnos en los tendenciosos y burocráticos trámites del INFONAVIT (una institución crediticia que permite a las personas que laboran y tienen la prestación de atención médica del IMSS, coticen un monto de crédito que se emplea en la compra de una vivienda con ciertas características/condicionantes que ellos señalan). Tal vez, queridos amigos; ustedes, al igual que yo, pensarán: “son buenos ingresos, seguro podrán acceder a una casa de gama media en donde medianamente exista un espacio para la convivencia familiar, un espacio que se designe al estudio/oficina, un patio que supere las dimensiones 1 mt x .50 mts, que tenga las condiciones estructurales para estar resguardos del frío en tiempo de invierno y calor en las temporadas cálidas, que cuente con los servicios y espacios adecuados para desarrollarte de manera aceptable”… Sin embargo la sorpresa fue escalofriante.

De acuerdo con la precalificacóon de Infonavit, mi cónyuge y yo contamos con un crédito de $837,420 pesos para poder comprar una casa. En otros lugares de la república esta será una cantidad que quizá permita acceder a una vivienda de tipo residencial, en el caso de Querétaro la realidad no es así. Resulta ser que el mercado de bienes raíces presenta una inflación tal, de tal modo que el costo de las casas promedio de gama media residencial se encuentran valuadas arriba del millón 250 mil pesos mexicanos, por lo que esta búsqueda de la tan soñada vivienda se ha vuelto un martirio. Hemos encontrado casas a terceros que se encuentran dentro de nuestro presupuesto pero no se ajusta al cheklist de las cosas/detalles que la vivienda debería de tener para ser la elegida. Buscamos otras opciones para elevar un poco más el capital para la compra y nos hemos topado con diversas situaciones aun más escalofriantes: en algunos bancos, para comprar una vivienda de un valor de 900 mil pesos, nos piden un ingreso mayor a 20 mil mensuales, y la mensualidad la manejan de 8 mil pesos más intereses o alguna variación.

Yo no sé ustedes, pero tal parece que las condiciones económicas que hoy tenemos aquellos que nos encontramos entre los 24 y 35 años son más austeras que en décadas anteriores.

“El consumismo promete algo que no pueden cumplir: La felicidad universal. Y pretende resolver el problema de la libertad reduciéndolo a la libertad del consumidor.” 

Sociólogo Zygmunt Bauman