Eduardo_Galeano_(2858983926)Una mención especial debe tener el escritor uruguayo, Eduardo Galeano, muy a pesar de la crítica hecha hacia él (como, por ejemplo, que no investigaba a profundidad sobre lo que escribía); sin embargo, es un hecho que él podía expresar casi a la perfección la indignidad de la sangre latina. Casi, porque como dijo Svetlana Alexiévich: por más perfecta que sea la literatura, jamás podrá igualar en sentimiento a la vida real. Empero de todo esto: comencé a leer un libro de él y pensé que había perdido mi sensibilidad porque, cuando leí hace años por primera vez a Galeano; prácticamente creé un odio tácito a todo esto de la “mafia del poder”… pero no. No es así.

Y es que, hay que aceptarlo: los tiempos cambian, y cambian para mejor. No se puede decir que un movimiento trajo cosas buenas cuando las consecuencias son las porquerías que hoy en día tenemos, y para prueba, un botón: “Mira, de la revolución nació el PRI y eso nos tiene bien jodidos” o “Juárez sólo era un aferrado a la silla presidencial” y venga a nosotros su reino con “Porfirio Díaz era a toda madre”. Sí, todos tenemos opiniones distintas, y qué poca madre la de aquél que no concuerde con nosotros. El primer paso para declarar que algo es válido o no es conociendo todas las características de lo mismo desde una perspectiva holística; es decir: desde un punto de vista que considere los factores económico-social-cultural-históricos de hoy en día, no del pasado, porque el pasado ya se murió. Pero bueno, aceptémoslo: Benito Juárez era un enano, prieto y necio en un país de puro caucásico hermoso y abierto de mente.

Leí alguna vez en una de esas notas poco informadas de análisis vagos que la generación Z se caracteriza por el pesimismo, y me parece ofensivo. Como milenial, me parece una falta de respeto que me quiten lo que más me identifica: depresión, un porvenir oscuro y orillado a la crisis y, sobre todo: la hueva. Desde la generación Baby Boomer no hay verdaderos trabajadores. Qué poca madre las de las generaciones actuales que no trabajan tanto como las anteriores, porque aparte los jóvenes de hoy en día están llevando el país a la ruina. No es que vengan arrastrando todo, es que no saben hacer otra cosa más que arrastrarse. Es mejor tener trabajo a no tenerlo, la jubilación no importa porque podemos ahorrar; pero todo esto sucede porque somos unos flojos que no luchamos por lo que queremos, obviamente.

El pobre es pobre porque quiere, la clase media es clase media porque puede, los ricos son las verdaderas víctimas: habríamos de imaginarnos la presión de tener en nuestras manos el porvenir de las naciones. Es más que justo que los gobiernos promuevan políticas públicas en pro de las necesidades de las grandes corporaciones; a fin de cuentas, son las empresas las que nos dan dinero. Deberíamos agradecerles. Y qué poca madre mentarle la madre al presidente y a los gobernantes que siempre se juegan la vida, porque los odiamos sin razón alguna, porque si sabemos lo que está mal y no lo cambiamos es porque no tenemos el suficiente conocimiento para hacerlo. Deberíamos ser más autocríticos, darles las gracias y pagarles hasta más, porque su deber es hacia la nación. Nuestra salvaguarda depende de ellos, los que sí saben.

Ya que entramos a temas económicos desde una perspectiva soberanamente ignorante, debemos enfocarnos a la promoción de las ciencias y las vocaciones que sí generan un influjo de dinero, que a fin de cuentas, a todos nos encanta bailar y ladrar por una monedita. Qué estúpido no saberlo: el dinero es proporcional a lo que trabajas, y si no tienes, es porque no haces lo que debes para obtenerlo. Qué poca madre esta gente que solamente se dedica a estas “humanidades” como si las necesitáramos. La ciudad crece acorde a la necesidad, no hay por qué planearla porque solita piensa; y las enfermedades mentales no son más que juegos y chillidos de puerco en matadero de unos debiluchos que no saben lo que quieren de su vida; y el colmo son las artes, que no hacen nada más que distraernos de un tiempo que bien sería productivo.

Esta situación es como cuando manejamos: nosotros somos unos expertos al volante y los demás unos idiotas. Todos los demás siempre están mal porque no hacen lo que creemos correcto, lo que hacemos nosotros. Así, pues, si este güey cree que la pizza va con cátsup, quiere solamente decir que es un perfecto imbécil con nula educación básica de las artes culinarias. Peor cuando el guajolote no tiene lo que el pambazo y la torta no es pastel sino una especie de sándwich. Pero qué poca madre de la gente que no acepta razones: amigo que escribes, debes hacer lo que yo te digo para escribir bien, incluso si mis conocimientos respecto al arte literario son poco más que nulos, porque a fin de cuentas estás atentando contra mi opinión al no hacer lo que yo. Yo siempre estoy bien, y tú no. Apréndetelo de memoria.

Y no olvidemos a las minorías, sobre todo porque las mujeres, siendo más que los hombres, siguen siendo minoría. Y es que la equidad y la igualdad no están actualizadas. Imaginemos a un niño hablando del trabajo profesional de un contador, o a un veterinario curando a un robot. Hoy en día solamente puede opinar aquel que tiene conocimiento sobre un tema, y el conocimiento no se adquiere leyendo ni investigando: sino siendo. Pero qué poca madre esos hombres que se creen feministas cuando no tienen útero. ¡Pero qué demonios! Ya sólo faltarían personas frente a grupos tratando de enseñar a niños pensando que lo hacen por su bien, cuando el único bien que puede obtener un alumno es el de la protección de sus padres, que siempre están bien, el maestro jamás. Es igual de indignante que un pobre se queje de que el rico tiene demasiado, porque ese pobre no sabe lo que es tener, entonces no sabe el peso, la carga emocional y física de poseer. Mejor que se ponga a vender chicles en el semáforo.

Pero no hay por qué enajenarse: somos más los que sí tenemos madre y que sabemos lo que está bien para todos, porque si está bien para nosotros, por obvia obligación así debe ser para los demás. La pluralidad sólo trae trabajos y dificultades vanas porque, si somos sociedad, ¿por qué considerar hasta la más mínima diferencia cuando todos podemos ser uniformes e igualitos como soldaditos de plomo? Quien crea en la individualidad, y su consecuente pluralidad, de opinión, que se vaya a vivir a una isla en soledad. Es más, deberíamos tener suficientes islas para todos, para que todos vivamos en soledad. Qué poca madre pensar que en la actualidad de la era de la información, comunicación, ecología, urbanismo, defensa de los derechos, educación universal, trabajo universal; qué poca madre pensar que, aún con todo esto, estamos solos.