La traducción literal de la imagen sería: “Mantén al planeta limpio, no es Urano”. El chiste viene que, en inglés, “Uranus” suena como “Your anus”, que significa “tu ano” o “tu culo”. La segunda palabra, obviamente, generaría más impacto.

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Doy clases a niños de secundaria. Ya es una queja común escucharlos decir “¿Para qué estudiamos si de todos modos nos vamos a morir cuando acabemos?”. Andarían saliendo de la universidad en diez años, que es nuestra fecha límite. Podríamos suponer que esto es una queja sin sentido de unos niños que no tienen mucho por decir. Si alguien piensa así, hágame el favor de agendar cita conmigo para que le dé un buen golpe en el hocico. También tenemos a aquellos que dicen que el que nosotros tratemos de reducir nuestro consumo de equis o ye, para así reducir la basura; no sirve de nada porque las grandes compañías causan por eso del 70% por ciento de la contaminación global. Así que de todos modos nos vamos a morir. Sin embargo, esa perspectiva yo la veo como si nosotros fuéramos alfeñiques de 60 kilos y que un mastodonte de unos 120 llegara a golpearnos, entonces nosotros en lugar de poner los brazos para protegernos el rostro, dijéramos “Pues de todos modos me va a partir mi madre, ya ni modo”. Por instinto natural, nadie dejaría que le golpeen el hocico así, ya que de esas hablábamos.

No soy experto en cuestiones de economía, pero solamente sé lo siguiente: la oferta y la demanda se supone que van de la mano. Entonces, a más demanda, más oferta. Eso en términos para gente de poco entendimiento para mí. Pero también es cierto que la oferta es mucho mayor a la demanda que en realidad existe. Entonces las grandes corporaciones lanzan y lanzan producto que no necesitamos en realidad, y nosotros tenemos una gran variedad y posibilidad de elección. Sin embargo, con todo y mi corto entendimiento, esas grandes empresas siguen y siguen dando una sobreoferta. En teoría, al ofrecer más de lo que venden, deberían entrar a un sistema de pérdidas. Pero no. Por alguna razón, no lo hacen, y si alguno de ustedes sabe más que yo en estas cuestiones, les pediría de todo corazón que me explicaran porque yo no entiendo. Me hace pensar esta cuestión que, a pesar de la oferta excesiva, sí hay un consumismo algo carente de sentido. O sea que si los productores ven que la gente compra recipientes de unicel y de plástico, supongo que seguirían estos productos en oferta. Creo, no estoy seguro.

Y a todo esto, que si Jesús hubiera hecho la última cena con productos de unicel, todavía tendríamos esas reliquias. ¿Se imaginan? “Aquí tenemos el vaso en el que Jesús invitó a la banda de su sangre, y que cada discípulo mordió nomás para dejar un cachito de historia ahí.”

Yo uso carro todos los días. Apenas hace un poco ofrecí a un amigo a que nos fuéramos juntos para comenzar nuestra operación “Vamos a Salvar al Planeta”, así que ya dimos una fracción de segundo más de vida a la Tierra. Y, bueno, yo uso carro con el pretexto de que cargo libros para llevarlos a mi casa y calificar. Ahora, usar carro compartido no es tan malo, hasta compartes tiempo con alguien que te cae bien, que quieres. No entremos a cuestiones de manejar pedos, hablemos de cuestiones de usar el automóvil cuando es necesario. Yo voy al gimnasio, y veo gente que va en carro al gimnasio, hace media hora de cardio viendo el celular, y luego se van, a la misma velocidad en la que caminaron, pero en su auto, a casa. Que se vayan caminando, pues, hasta les sirve de calentamiento o enfriamiento.

Ahora, está la cuestión de que es sólo un vaso. Gracias a mi hermano, yo cambié ese hábito. A donde quiera que voy, ahora, llevo mi vaso, mi termo, mi recipiente, mi lo que sea. Claro que hay productos como la cerveza que no puedo pedir en recipiente. Pero hay que ponernos a pensar sólo un poco: si todos pedimos nada más un plato de unicel a la semana, si en las tiendas a cada persona les dan un vaso de unicel para no tener que lavar; qué bueno, estamos ahorrando agua que va a acabar contaminada con el vaso y el plato que desechamos. Parece una cuestión de extremos, claro que sí, porque qué daño le voy a hacer yo a un lugar tan titánico como este. Bueno, desde la revolución industrial hasta la fecha, ya nos lo acabamos, a nuestro hogar. Y eso que el efecto individual no afecta “casi nada” a nuestro bello planeta. O sea que en menos de 300 años ya nos, perdón por la expresión, chingamos al planeta. No estoy satanizando la tecnología, es justa y necesaria para nuestro vivir, pero hay formas, hay modos, hay límites.

Podemos saciar el morbo de forma visual, vamos a Youtube y vamos a ver gustosamente animales ahogándose con bolsas de plástico, pájaros alimentando a sus pajaritos con plástico, ballenas con redes en el estómago, la carne de los peces que comemos ya está mezclada con partículas de plástico. Plástico, plástico, plástico. Aún no se pueden estudiar los efectos de esta carne contaminada en el hombre, pero creo que no puede ser nada bueno. Creo que por alguna razón la cadena alimenticia es de cierta manera, y estos elementos externos no pueden significar otra cosa que no sean malas noticias. No se trata de dejar de comer carne, no; se trata de reducir. No hay que ser extremistas, hay que ser reduccionistas, seguir disfrutando, sí, con medida. Es todo lo que se debe hacer.

Ahora, también tenemos a estos graciositos, los ya mencionados que dicen que si las grandes empresas (que funcionan en cuestiones de oferta y demanda, la demanda de todos nosotros) no cambian, pues nosotros tampoco. Uy, uy, uy. Pero qué tal de los que dicen que nos hace falta una guerra para reducir la sobrepoblación y así reducir nuestro consumo de productos nocivos. Es que ellos no saben que son justamente los que se morirían en la guerra, porque si no, ni como opción la pensarían. O que nos hace falta una purga, como la película. Sí hace falta una purga, pero de mentecatos que piensan así. Lipovetsky ya lo señaló: el nuevo capitalismo te hace sentir mal por lo que sucede alrededor, entonces nosotros tenemos la culpa de todo y las corporaciones no. Estos sujetos saben que las corporaciones también tienen la culpa, pero sus dos propuestas son: acabarnos entre unos a los otros, o seguir igual; ¿y cuándo afectan a las empresas que tanto les impiden actuar? Ahí me lo comentan, por favor, que soy ignorante respecto al tema.

Si nos ponemos a pensar, es un cambio de hábito mínimo con dimensiones mucho más grandes que las que aparentan. La oferta y la demanda sí pueden ser modificada, tomaría tiempo, obvio es, estas cosas nunca han sido de la noche a la mañana; pero la cosa es no volvernos negativos. Y se los dice un pesimista, imagínense cómo estamos. Si creen que no se puede cambiar nada, más valdría que se suiciden, así reducirían su huella ecológica y en realidad generarían un cambio. Pero como dudo que lo vayan a hacer, pues hay que ponernos a chambear, ¿no? Es que se nos olvida que si nos vamos a morir por las consecuencias climáticas del planeta más bello de todos (porque, en realidad, es el único en el que podemos vivir), no va a ser de golpe. No vamos a morirnos de repente. Va a ser un proceso de años y años de sufrimiento, limitaciones y dolor. Ahorita no nos duele cambiar, de verdad que no. Mañana querremos cambiar y no nos será posible. No esperemos a mañana, hagámoslo ahora.