mil carasHay algo bueno al tomar una mala decisión: que de esta aprendes. Sin embargo, hay de malas decisiones a malas decisiones. Yo últimamente he estado muy asustado, pues las cosas se están empezando a salir de control, ya no es como antes, como les había dicho, que era casi lo que quisiera solamente por quererlo. O sea, es una posición muy comodina, pero a fin de cuentas es todo lo que nosotros queremos poseer, porque es lo que mejor nos sale: ser unos mediocres. Si todo fuera como queremos, entonces, como ya dije, no nos esforzaríamos. Iba en camino a la fiesta con mi novia, bueno, casualmente ya estábamos ahí, cuando la gente bailaba y un muy bien ambiente se armaba. Yo estaba con mis amigos y con ella, y llegó y compañera de trabajo; bueno, vi a su ego. Por un momento pensé que eso se volvería un caos, porque ninguna de ellas sabía de la existencia de la otra, pero por alguna razón, mi compañera de trabajo no fue conmigo, bueno, al menos su ego no me vio, ni pareció verme, estaba ella con otra persona.

Buena o mala suerte, a veces hasta olvido mejorar mi mundo, pero ya me sale naturalito, casi inconscientemente. En fin, en la fiesta estábamos, y déjenme decirles que esto de los egos (¿cómo se llamaría? No sé. ¿Egología? ¿Sería yo un licenciado en reconocimiento de egos? No suena muy loco, hay cada cosa hoy en día…) es una verdadera joya en las fiestas. Generalmente, lo que he visto, es que cuando un ego toma fuerza y es satisfecho, toma el lugar de su humano y se vuelven uno. Se ve una extraña mezcla de dos criaturas, una deforme y una humana. Generalmente toman formas totalmente distintas, juntos. Un ejemplo: un tímido cuyo ego es un pájaro sin alas, juntos, cuando el tímido satisface sus necesidades de hentai, se vuelven un ser elefantiástico. Imagínense qué es la trompa. Cuando una gran política cuyo ego es una ratita aplastada, con toda y su superioridad, cuando es sometida, se vuelven un hombre elefante sodomizado. Sí, las cosas se vuelven totalmente aleatorias, casi como si estas transformaciones se volvieran eso por causa de un escritor que trata de tener ideas al momento, así, lo primerito que se le ocurre es lo que pone; pero eso es ridículo, tal escritor estaría más empobrecido mentalmente que su madre cuando lo estaba concibiendo. Cegada por el amor, transformada en una bestia estúpida y deforme. Les acabo de inventar una nueva forma de mentar madres, y como soy un Dios generoso, no como ese en el que ustedes creen que gusta de ponerles de pruebas para verlos a ustedes mientras se masturba. Séneca fue el primer optimista, sí, era rico. Así cualquiera puede ser optimista. No hay filósofo pobre que se respete, solamente cuando son reconocidos y millonarios es cuando son tomados en cuenta. O pedófilos, como los griegos. Como sea. Les decía esto porque, en una fiesta, uno se encuentra con cada cosa. Con. Cada. Cosa. El sociólogo busca pobreza, el empresario dinero, el comunicólogo masas dúctiles; yo busco esto. Es una fusión. Casi un baile. Una danza. Arte. Imagínense ustedes a un sádico que gusta que lo maltraten. Sí, se llama sadomasoquista, ya sé; pero, ¿por qué no, masosádico? ¿Por qué el poder antes del sumiso? ¿Por qué el que se deja es menos, cuando, sin el que es menos, el que es más se reduce a nada? Quedan en el mismo nivel. Como sea. Aquí, la mezcolanza es digna de circo, de feria, de cirferia, o fercirco. Póngale usted el nombre. Ahí está el hombre-mujer-cosa-quimera. Quimera es esa extraña mezcla, pero aquí, quimera queda corta. Corto. Hay contradicciones como perro-gato, gato-rata, rata-elefante, ser-no-ser. En otras palabras: lo que para el sociólogo es el paraíso (una tierra perdida de Dios: pobre, miserable, sin ganas de ser), para mí es la fiesta. Hay tanta cosa maravillosa ahí que no te quedas con más ganas de ver películas. Por eso no soy un fan de las películas. A veces hasta le pierdo el gusto a los libros. Claro que, últimamente, les he ganado el gusto, pero sólo últimamente. Como sea, aquí todo es interesante de ver, cómo los egos se compaginan con sus humanos, cómo éstos se dejan seducir y controlar, conquistar, mejor dicho: conquistar por sus pasiones. A mí me parece excelente, interesante y maravilloso, más que nada como escritor. O sea, ¿de dónde sacar mejor información y material para escribir que de lo que te rodea? Claro, yo nunca he salido de mi pueblo, como dicen; pero tengo una imaginación más extensa que el universo; así que si me das un poco de material, y mi imaginación universal; te voy a sacar al infinito y más allá. Y eso queda corto.

Y todo era una maravilla, todo era algo genial buena onda, coto, buen pedo, chidongongo, machín. Hasta que lo vi, y eso es lo que me sacó de mi buen sueño. Horripilante, trepidante, incongruente pesadilla. Todo era alegría y cosa buena, todo era una buena novela del universo conspirando a mi favor porque el universo era mío, hasta que vi que era “huniverso”, así, mal escrito. Hundiverso. Es una cosa totalmente distinta entre decir la mezcla del humano con su ego, y el ego mismo. El ego es hombre, y el hombre ego. Genérico no, sino como raza. No metamos tontos juegos de palabras de activos y pasivos. Aquí uno es uno, y ya. Nadie es más, nadie es menos. Eso pensaba.

Estaba caminando por la fiesta, viendo los egos, viendo la fiesta, esa orgía de entes y seres invisibles, esa bacanal de lo que fuera; incluso sin serlo. Es cuando lo vi. Ese acto que era imposible. El mundo del ego, para mí, era inseparable del real, físico. Hasta este momento. Nunca me ha afectado el alcohol, qué sí había tomado mucho, pero esto me hubiera quitado hasta la resaca del día siguiente: ahí están, un ser normal, y un ego. Pastiche, lo que es pastiche, es esto. Un joven, de unos veintitantos, de buen ver, con el ego de Gaby; sí, así es, se está besando con un anciano de la quinta edad, que nació antes de la edad de piedra y hay tantas arrugas como años en la tierra. Y del mismo sexo. Pero sexo sexagenario. Un chavito y un anciano. Eso no fue lo que más me impresionó. Yo no les he dicho legendarios lectores; porque, bueno, yo sé que ustedes son lectores, porque cualquiera que vive la vida es un lector, bueno, al menos el que vive la vida ajena; yo no paso de los treinta, pero este joven que con el anciano anda, no pasa de sus veinte, y el anciano está más cerca de su tumba que nada. Y ese joven, que es lo que más me incomoda, se parece mucho a mí. Sí, a mí. Puta madre. No sé si ustedes se den cuenta de eso, pero cuando vemos algo malo, eso malo se parece mucho a nosotros, es más, nos proyectamos tanto que somos esa misma persona; nos sentimos culpables, porque hemos hecho eso que esa persona hizo, y por eso nos identificamos. Pero qué asco, yo nunca estaría con un anciano; mucho menos con un ego. Pero ellos se besan con tanta pasión que yo no lo puedo creer, hasta amor verdadero parece. Y, de alguna forma, me siento identificado con ese muchacho, que ha de ser dos o tres años menor; porque mi novia no era mi novia hasta que lo quise, hasta que yo no lo hice socialmente aceptable.

No me siento bien aquí. Ese joven deja de besarse con su novio y me voltea a ver, y ahí, en ese momento siento un mundo en el estómago. No soporto que ese joven me observe, me siento terriblemente mal. Es como si me reflejara con eso que he perdido.

Digo a mi novia que tenemos que largarnos, no hay opción, no hay de otra, no hay posibilidad. Llegamos a la casa y una furia ciega me sorprende, así que lo hago mío, mi novia no es ella hoy, es un él, hecho, derecho, y jovial. Me sorprende ver que esa puerta trasera que estoy abriendo deliciosamente es el joven de la fiesta. Y no recuerdo haber tenido tan buen sexo en mucho tiempo. Tan tierno, tan delgado, tan limpio. Sí, nada mejor puedo pedir.