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Resulta ser que todas nuestras acciones están guiadas de alguna forma por nuestro inconsciente. Este no es un aliado cuando de sentirnos mejor se trata y hasta es el culpable de que hagamos cosas que nos guíen a hacernos sentir mal. Nos sentimos mal porque nosotros mismos lo provocamos aunque no nos demos cuenta de esto. Esto quiere decir que no hay acciones en sí que hagamos que sean simples casualidades de vida. Obviamente con esto que digo me refiero a las cosas que uno mismo hace, pero incluso nos rodeamos de gente que nos provocará ciertas situaciones, dolores o felicidades; caso típico de una persona que busca hombres que la maltraten o mujeres que lo abandonen. Si alguien nos hace algo, es porque nosotros nos predisponemos a lo mismo, y porque “sabíamos” de antemano que sucedería dicha cosa, algo así. Y esto no lo supe porque lo hubiese leído, me lo dijo mi psicóloga.

Esta situación en primera instancia se puede concebir como debilidad o una enfermedad: a mí me sigue dando pena decir que voy a terapia, y el hecho que lo escriba justo ahora no me es sencillo, muy al contrario. La cosa aquí es que cuando uno no sabe sobre lo que sucede a la demás gente, se le facilita mucho criticar. El hecho de aceptar que uno va a que lo ayuden, se ve con prejuicio. Sinceramente creo que no es así, pues cuando uno acepta que necesita ayuda y la busca, es un paso de valentía que no muchos pueden siquiera pensar. Incluso si no tenemos un problema en sí, necesitamos aceptar que no somos dioses para aguarlo todo y que tenemos momentos de debilidad. La psicología no nos ayuda a leer la mente ni a prever el futuro actuar de alguien: nos permite abrir una puerta que teníamos cerrada, ya sea por miedo o por desconocimiento, puede ser que ni siquiera viéramos la puerta; sin embargo, el meollo del asunto, nuestros problemas, la razón de los mismos, están ahí.

Es un acto reflexivo de uno mismo hacia el entorno y del entorno hacia uno mismo. No es fácil, y quien crea que solamente alguien con debilidad buscaría este tipo de ayuda por su propia cuenta o voluntariamente, cae en un error muy absurdo. No es darse topes contra la pared, sino sobrepasar la pared que evita que avancemos. A fin de cuentas, aunque sea difícil, tiene que ser hecho para que no nos siga afectando negativamente una u otra situación. Es darse cuenta que el enemigo no está fuera, sino que está dentro. Son voces en nuestras cabezas, cientos de miles, y de repente una toma fuerza, luego otra, luego otra. La terapia nos ayuda a comprender, escuchar y canalizar nuestras energías para la contención de esas voces, o en el caso que sea conveniente, para retomarlas y volverlas más fuertes.

Podríamos pensar que las cosas no pueden escalar y volverse tan grandes al final del día, pero estas voces, sin hablar de esquizofrenia ni cuestiones por el estilo, se empoderan. La escalada no la vemos, pero cuando comenzamos a dañar a quienes nos rodean, es cuando la situación comienza a ponerse peliaguda. Podemos esperar a explotar y hacer una verdadera barbarie, pero creo que cuando nos damos cuenta que erramos y que hay cierto patrón, podemos enfocarnos en “Sí, necesito ayuda”. No está mal necesitar ayuda. Mal está que uno se desquite con sus seres más queridos porque de alguna u otra forma debemos sacar lo que nos daña y nos hace mal en nuestro interior. Ese fue mi punto de partida para buscar terapia: dañar a mi mejor amigo solamente porque quería sacar aquello reprimido.

Uno descubre que cuando de relaciones sociales se trata, hacemos muchas cosas sin creer saber el porqué, sin una verdadera motivación aparente. Pero siempre la hay, la explicación está ahí, la situación no es irreconocible: es lógica. Podría sonar repetitivo, pero es bien cierto que nuestra niñez modela nuestra vida en casi su totalidad, y uno no sabe la razón para que nos pasen “tantas cosas malas”, pero viene de nuestros traumas de las edades tempranas. Cuando uno por fin se da cuenta de esto, finalmente puede atender el error y solucionarlo. Es como cuando alguien habla sin saber: dicen cosas y cosas sobre un tema del que ignoran sintiéndose los grandes conocedores cuando en realidad parecen perros ladrando; así es con nosotros mismos: no podemos mejorar y avanzar si no nos conocemos primero. Ese es un paso difícil, es doloroso, y pesa, pero si no se hace la escalada irá en aumento y no se detendrá.

Mi situación personal me llevó al extremo de no poder gozar ni siquiera de mis tiempos con mis seres queridos, porque al parecer no soy capaz de aceptar que algo bueno me pase y es cuando la incomodidad viene. Buscaba estar en situaciones en las que no tuviera el control ni mucho menos un bienestar ni estabilidad. Me llegué a desquitar con las personas que me respetaban y me veían con cierto aire de respeto. En especial tenía una cierta aflicción a mi mejor amigo porque yo dejaba que el prejuicio de la gente permeara lo que soy, con quien estoy, y lo que hago. Resulta ser que no es tanto que yo crea que ser escritor es una pérdida de tiempo, ni que tengo problemas mentales por no salir tanto, tampoco que mis amistades me van a abandonar; sino más bien yo he interiorizado eso por señas que me han venido del exterior, y eso no significa que sean ciertas. O sea: no puedo creer que me digan que me quieren y que me ven como alguien de admiración y respeto y que mis amistades más importantes se guían en eso, pero puedo creer con suma facilidad cuando me hacen burla del acto de escribir, del acto docente, o cualquier comentario negativo a mis actitudes y acciones que me definen como persona.

Esta parte de los sentimientos y las emociones, no es algo que podamos controlar al cien por ciento, pero podemos encaminar y manejar nuestras emociones sin que nos ganen y nos dobleguen enseguida. Debemos ser cuidadosos en cuanto a las señas y comentarios que vienen del exterior, debemos dejar ir los comentarios que tienen una finalidad absurda o dañina hacia nosotros, y debemos creernos lo que nuestros más allegados creen sobre nosotros y nos dicen que somos. No es por ignorar el problema, es para entender que la felicidad radica no en qué tanto uno se adapte al estereotipo de normalidad, sino que entre más te diferencies, más alegre va a ser tu situación, tanto personalmente como para las personas que te rodean. No está mal que no tengas novia o novio, no está mal que tu mejor amigo tenga 11 años menos que tú porque la edad, en estos casos, es un número solamente, y tampoco está mal que seas sensible, que todo te pese mucho más porque eres de corazón más abierto y amable hacia todo, no está mal que tengas que arreglártelas de formas insospechadas para ayudar a quienes te rodean ni está mal estar siempre disponible para tus más queridos. Todos deberíamos ir a terapia porque así todos podríamos ser más amables y comprender el abanico de posibilidades que es la vida. Cuando uno comprende esto, ya solamente queda ver arder el mundo un poquito, y cada vez que venga un comentario prejuicioso contra tu persona, tú puedes confirmarlo, sólo para ver qué cara pone la gente.