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Despierto. Observo mi habitación a oscuras y ahí me quedo. Seguramente es la una de la mañana, o media noche, no sé, pero no quiero revisar el reloj. Anoche fue una larga jornada que, por alguna razón, no me afectó físicamente. Me siento como nuevo. Todo gracias a ese espejo, ese bendito espejo que me permite modificar esta realidad de la forma que sea. Es increíble cómo todo lo que hacemos no está predestinado, sino que nosotros lo decidimos, nosotros lo modificamos y cambiamos, nosotros lo hacemos real porque queremos. Antes yo no pensaba así, pensaba tan pesimistamente que hubiera sido lo mejor para mí el morir, pero ahora me burlo de la muerte, ya preveo e incluso he cambiado ciertos eventos históricos que tal vez no debieron ser cambiados. Por ejemplo, por mis viajes, ya no hay una religión estable. Fíjense que Jesús era humano como nosotros, y después de una plática, luego de que me le apareciera en forma de rama chamuscada, platicamos; así es, platicamos, gracioso fue que él pensó que yo era Dios, y por un momento me lo creí. Le dije que su sacrificio era relativamente inútil, le dije que si lo hacía, solamente perpetuaría la quemazón y crucifixión eterna de los hombres del futuro. Le dije que se imaginara una gran institución de orden mundial con un solo objetivo: el del empobrecimiento de los demás. La idea pareció no gustarle. Me dijo que ya era imposible que lo salvara, y algo me dijo de una enfermedad que Judas Iscariote tendría (fíjense que, con todo y todo, sí tenía un talento muy especial ese Chuchito), una especie de virus que lo haría amar a todo lo que quería, y que él tendría que enfermarse de eso para acabar, a través de su sacrificio, con esa plaga, que luego atestaría la humanidad. Le dije que de Judas yo me encargaba. No quise modificar tanto, así que “se ahorcó”; en realidad, yo lo hice. Y cuando él estaba frente a Pilatos, dije a Pilatos que se lavara las manos, sí, que dejara que la gente decidiera, ese montón de estúpidos en masa que se contagian la imbecilidad entre ellos. Creo que la enfermedad que debió haber evitado Jesusito era esa, la de la imbecilidad humana, y sólo lo lograría sin su sacrificio. Cuando la gente estuvo a punto de mandarlo a la muerte, él levitó en el aire y la gente, asustada, se arrodilló como lo haría el perro ante el mexicano que levanta una piedra invisible para controlarlo o asustarlo. Luego de esto, Jesús y Magdalena tuvieron hijitos e hijitas, y este hecho se quedó para la ignominia de la historia escrita por el hombre, porque un verdadero talento sobrenatural solamente puede ser ignorado si se muestra como tal para mostrar su falsedad, y a pesar de que una ingente cantidad de personas vieron este hecho histórico, nadie quiso creerlo, porque era demasiado fácil y demasiado obvio que el hijo de Dios no muriera como cualquier otro. La historia se transformó y se llenó de muchos hombres valerosos e inteligentes, si bien, no evité las guerras mundiales, la guerra fría, el racismo y otras pestes; al menos esa inexistente institución acrecentó la creencia de todos, a tal nivel que nunca ha habido un concepto como el de “ateo” y, por consiguiente, tampoco el de “creyente”; todos somos, solamente eso, nos consideramos hermanos de verdad, todos creemos en el otro, y a pesar de haber diferencias, ninguno tenemos la suficiente mierda en la cabeza como para decir que las creencias de otro son malas, incoherentes o mentira sólo porque no son las propias. Eso es amor, ¿o no?

Después de horas ahí acostado cual costal inerte, el sol empieza a salir, y las responsabilidades hay que cumplir. Entonces, mi madre entra acelerada a mi habitación a romper con paz y tranquilidad, y eso me sobresalta, pero por alguna razón siento una erección al verla. No sé qué tan bien esté, con eso de que ya no creemos, tampoco tenemos una idealidad sobre lo que es bueno y malo. Somos. Las construcciones sociales que antes nos tenían bien amarrados ahora no son y somos libres de verdad. Alarmada me dice que mi amiga, mi mejor amiga, está en el hospital; y me cae de golpe la noticia: abortó durante la noche, como un pedo aguantado por días, salió el niño deshecho; nadie nunca había visto nada como esto, fue como si alguien lo hubiese roto cual papel dentro del vientre de ella y su cuerpo lo expulsara. Salimos al hospital enseguida, y yo aviso que llegaré tarde, por lo que se tienen que hacer bolas con sus sustituciones. A veces es bueno ser empleado y no jefe. Con un poco de palidez, ella maneja mientras yo escucho música y hasta canto. De alguna forma lo sabía, sí me sorprendí, pero al menos la ayudé. Me dijo mi madre que ella quería hablar conmigo, no sé la razón, ni la quiero saber, pero allá vamos, pobre diabla.

Llegamos al hospital y yo finjo seriedad. Toda la familia ha llegado. Yo abrazo a su madre lamentándome. Ella me dice que desde que despertó ha estado preguntando por mí, por alguna razón que ignora, así que me dirijo a su habitación. Al entrar, el olor a alcohol y limpieza mezclada con esa hacinación de enfermedades y demás enfermedades me marea, pero ella no; llena de tubos y pálida como las sábanas que la cubren; nunca voltea a verme, ni menos aún mueve los ojos, los tiene clavados en el techo como si quisiera encontrar ahí el consuelo que ni Dios le dará. Me siento calmado mientras cualquiera estaría incómodo. Me quedo en silencio y escucho la respiración pausada de ella, casi puedo escuchar las lágrimas correr por sus mejillas produciendo un sonido de lija sobre madera. Me dice que soñó conmigo esa misma noche del suceso, o sea, apenas hace unas horas. Me es extraño, según yo ya había pasado más tiempo; pero a lo mejor fue todo lo que hice en nuestro pasado. A lo mejor fui dos veces al espejo y ya no lo recuerdo. Da igual, me sigue maravillando cada vez más ese antilugar. Le digo que no sé de lo que habla. Me dice que en un sueño yo le quité al niño porque no sabría ella cuidarlo, que no tenía la capacidad; y a pesar de que ella me suplicó no hacerlo, yo no le hice caso y lo hice, porque en el fondo yo la amaba y que no podía soportar verla feliz con alguien más, porque mi amor iba más allá de las frases estúpidas, porque si ella era feliz y yo no, no era amor, porque la única forma de ser felices era ser uno mismo, ambos, y si eso no pasaba, nadie lo sería. ¿Por qué uno solamente sería feliz? Le digo que no comprendo, pero sí tengo un leve temblor en las piernas, un leve desfallecimiento y aceleramiento del corazón. Me pregunta si era verdad, yo le pregunto qué, que si la amo, que si la amaba, y yo le digo que no sé de qué habla, porque ella sí me amó, dice, y que por eso andaba con otra persona, para darme celos y que yo luchara por ella. Pues qué pendeja. Yo, luchar por alguien, yo que era el ser inferior por excelencia, yo que nunca hice nada más que encerrarme en mi habitación y masturbarme pensando en ella y escribiendo novelas imbéciles para sacarla de mi cabeza. Le dije que sí, alguna vez lo hice, sí, pero que ya no, que ya tenía otro amor, amores; mentira, obviamente, pero ella no sabe, para ella, la verdad es lo que sea que yo le diga. Me pregunta que por qué no luché por ella y le digo que yo no sé luchar, que no soy un caballero andante, que no soy un maldito príncipe azul, no soy un maldito luchador, su pinche esclavo. Le digo que vivimos en una época de igualdad, que así como yo pude haber hecho un movimiento, ella igual; y ella lo hizo, según esto, pues andaba con alguien más. La volteo a ver y acerco mi rostro al de ella, huele a sal, a tristeza y pobre diabla; le digo que sí, la amé, pero que ahora tengo a otra, y le digo que si tuviera otro hijo, igual se lo quitaría, porque ya no me importa lo que ella sufra, ya no me importa lo que sienta. Salgo de ahí, su corazón se empezaba a acelerar, a tener un problema cardiaco, así que mejor me voy, que sufra y supere lo que tenga que superar.

Llego a mi trabajo, llegué un poco tarde, pero podré cubrir las cuatro horas restantes de mi turno; y así me dispongo, con esta nueva energía renovada y redoblada de no tener que preocuparme por nada más que de gozar la buena vida. A lo mejor en eso consiste la perfección: en vivir lo que no vivimos, sea bueno o malo; cuando lo experimentamos, no es otra cosa que la cosa misma: es. Sin juicios de valor. Entonces, empiezan a llegar mis alumnos al salón, por lo que guardo el celular, y uno de ellos se me acerca, mi favorito en realidad. Me dice que mi amiga de trabajo, con la que mejor me llevo, les preguntó que cómo se podía desactivar el chat en redes sociales, que porque el maestro de inglés la acosa. En ese momento me sentí helado, helado, un témpano de hielo andante, y un creciente coraje en mi hígado que bien se pudo haber vuelto cirrosis conceptual. Le pregunto que si está diciendo la verdad, y me lo jura y perjura; y me doy cuenta que es verdad cuando otros alumnos, con su risita quisquillosa llena de dientes extrañamente carcomidos, cosa que no había visto antes; me preguntan que si es cierto que yo la acoso, que si me gusta, que por qué la molesto y no la dejo en paz. Desvío el tema de conversación a lo que tenemos que revisar para la clase para así yo no caer en el mismo error, pero aún así me pregunto, ¿qué es lo que le pasa a esa mujer? No he hecho nada malo para molestarla, ni le hablo tanto; bueno, a veces que estoy ebrio, pero no le hago preguntas incómodas ni mucho menos. Creo que fue porque le comenté del embarazo de mi mejor amiga y que eso me tenía molesto. Maldita sea. Una por embarazarse y la otra por loca. Pero esto no se quedará así: en este momento tomo la decisión de ya no hablarle.

Voy manejando a mi casa, pongo metal a todo volumen pues me molesta esa actitud de mi compañera de trabajo. Ni que qué fuéramos, solamente somos amigos, ella me dice de sus novios, yo de mis problemas; no tenía razón para hacer eso, esa traición, esa maldita actitud de perra malparida. Yo qué soy sino su amigo, no soy nada más, y ella lo sabe, ella lo sabe. O lo sabía, al menos. Lo que no me explico es por qué hizo eso. Yo la quería, la respetaba y sus pláticas, a pesar de que menospreciaba mi poco conocimiento literario; me eran constructivas, recreativas y hasta excitantes intelectualmente hablando. Yo solamente la llegué a regar un par de veces que le dije cosas en un alto estado de ebriedad, pero es todo; nunca la ofendí, nunca le mostré que me gustara… que sí, la verdad, pero eso era en el pasado, antes de saber que tenía novio. No había razón para ello, no había razón para que lo hiciera, no había… no me explico, ¿por qué alguien se metería con otra persona solamente para hacerla sentir mal? Yo nunca lo haría, yo nunca lo hubiese hecho. Yo la quería mucho, era mi amiga, contaba mucho con ella, la quería mucho, ¿qué le pasa?

Es demasiado coraje en mi ser, y solamente hay una forma de liberarlo: una mujer. Así que paso a través del espejo sin siquiera ver a mi madre, un momento frío y clima soleado. Bueno, ahora hay nubecillas, algunas perdidas por ahí, pero en general, el clima es fenomenal. No necesito salir, no, porque ahí, en mi habitación llena de juguetes, está ella, muy familiar, casi podría jurar que así como entro en ella, salí de ella.