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Como científico, sé que los términos rebuscados son generalmente difíciles de captar, así que les explicaré los resultados de mis investigaciones con palabras amables. Pasé un buen rato entre “hombres” o “seres humanos” como ellos se denominan, en un planeta diminuto en una galaxia igual de diminuta. Me disfracé como uno de ellos en diferentes estadios de sus vidas para poder obtener una total comprensión de por qué hacen lo que hacen. En este lugar, una civilización muy joven lleva a cabo sus acciones que van desde la destrucción de su medio ambiente hasta intentos de gobiernos, fallidos en su mayoría. Y una de las figuras más entrañables fue la de los maestros, que es de lo que hablaré más detenidamente.

Los maestros son personas que tienen como objetivo enseñar, transmitir los conocimientos que los pequeños párvulos usarán o necesitarán a lo largo de sus vidas. Clasifican los saberes en materias como español, lengua extranjera, historia, geografía, etc. Esto con la finalidad de que el maestro se especialice en un tipo de conocimiento, al menos eso al nivel “secundaria”. Mi suposición es que en “primaria” tienen a los seres más brillantes de su civilización, pues esos docentes enseñan todas las materias.

Sin embargo, estas figuras sociales generan sentimientos desde los más puros como admiración, respeto y hasta amor y amistad entrañables; hasta los más grotescos como coraje, tristeza, enojo, desesperación, incluso odio. ¿Por qué? Aquí trataré de dar una respuesta satisfactoria a los sinodales.

Creo, en primera instancia, que los demás actores sociales de estas civilizaciones, olvidan que los maestros son de su misma especie. Son seres humanos como todos los demás, y como tal, también tienen sentimientos. Creen que por ser docentes y estar frente a grupos están exentos de sentir, y a pesar de que ellos, los que enseñan, controlan sus emociones, éstas pueden llegar a sobrepasarlos. Continuamente son bombardeados, que es una expresión que usan cuando muchas preguntas hacen en un corto periodo de tiempo, sobre si tienen grupos o alumnos favoritos. Ellos, por responsabilidad y ética profesional, contestan que no; pero como todo ser humano, tienen más afinidad con unas u otras personas. Es lo más normal, incluso entre los de nuestra especie tan distinta a estos humanos. Algunos prefieren dar clases a jóvenes y otros a adultos, y es esa afinidad lo que incluso puede definirlos como buenos o malos maestros. Al parecer el resto de la sociedad olvida de repente que el hecho de tener preferencias no lo vuelven ni malo ni bueno ni quiere decir que no sienta cariño hacia el resto de su alumnado.

Estos personajes pueden llegar a fungir como segundos padres. Los alumnos que se ven sometidos a sus lecciones también tienen un trasfondo, uno que define sus acciones, y eso los puede llevar a sincerarse con estos docentes. Sin embargo, no todos son expertos en situaciones de complejos mentales, una ciencia que ellos denominan “psicología”. Y que si bien, tratan de llevar a cabo sus acciones docentes de la mejor manera, también pueden llegar a verse sobrepasados. También sienten y como resultado de esto, incluso modifican o incluso rompen las reglas para poder ayudar a sus estudiantes. ¿Está bien o mal? Justo como ellos dicen: depende del caso. Los alumnos, ninguno puede ser tratado por igual, y ellos logran hacerlo, a pesar de tener tantos aprendices al mismo tiempo.

Una cuestión que genera un estrés impresionante en estos individuos es la que sigue: son pagados para dar clases, pues es una profesión, y en algunos lugares es muy respetada, mientras que en otros no. Me parece, cayendo en subjetividades, que debería ser tan importante como los doctores, que son los que curan enfermedades, o la abogacía, que es la que se encarga de hacer cumplir las normas básicas de comportamiento y de castigar el rompimiento de estas leyes. Como dicen en algunos puntos del globo terráqueo: son mal pagados, les dan miserias para a cantidad de responsabilidad y carga laboral que tienen. Hablan mucho de motivación, y el dinero, un papel con estampado especial que usan en el intercambio de productos, bienes y servicios; funcionaría como buen impulsor emocional, pero, en lugar de ello, hacen “recortes” y se ven muy limitados en sus operaciones comerciales.

Además, tienen que cumplir con un programa, que es un conjunto de conocimientos mínimos requeridos para considerar al alumno listo y así promoverlo al siguiente nivel de aprendizaje. Son exigidos en su mejoramiento profesional: cursos, maestrías, posgrados que, generalmente, pagan ellos mismos en lugar de su institución que se supone los habría de respaldar. Tienen que estar actualizados y su trabajo no acaba en su jornada laboral, que son las horas mínimas que tienen que cubrir: llevan trabajo a casa, horas extras que no son retribuidas monetariamente. Todo esto junto con que tienen que ser creativos, llamar la atención del alumnado, demostrar y volver el conocimiento algo significativo para sus aprendices, pero todo con base en su programa. No tienen la oportunidad, en su mayoría, de llevar a cabo labores o, como denominan, proyectos que realmente incluyan varias materias pues se ven sumamente limitados de tiempo. Algunos podrían hacer cosas asombrosas, pero se ven limitados en todo sentido, incluso las instalaciones materiales de sus áreas de trabajo pueden llegar a resultar hasta contradictorias en su labor docente. No es que no quieran llevar a cabo interesantísimos proyectos, no es que no tengan la disposición de experimentar y desarrollar actividades asombrosas, es que, como dicen, están atados de manos.

Estos docentes son seres humanos con aspiraciones, sueños y miedos como cualquier otro ser de ahí, de este planeta Tierra; pero parecen proyectar, de alguna forma, una especie de infamia generalizada. “Si eres maestro es porque fracasaste en tu profesión”, dicen por ahí, lo cual me parece totalmente contradictorio: ¿no habrían de ser los más exitosos en sus respectivas áreas de conocimiento los que deban transmitirlo habiéndose capacitado correctamente para hacerlo?

En conclusión, creo que estos seres en especial se merecen más de lo que obtienen, y no sólo materialmente, sino en todo sentido: moral, ético, social. Creo que el éxito de las sociedades que se desarrollan en este planeta en específico depende de ello, de darles libertades y correctos impulsos y apremiarlos correctamente, comprender que como todo ser humano se equivocan y que sienten, sienten tanto como los demás, que se entristecen, que lloran, que ríen, que se estresan, que siempre que hay un fallo el que peor se siente es el docente. Creo que, ya habiendo rendido los resultados esperados para mi investigación, tramitaré mi visado permanente para vivir en este planeta en específico. Ahí el reto, el verdadero reto es para los maestros, y a pesar de que se las ven muy difíciles, yo quiero ayudares, porque es una de las profesiones más complejas, pero más gratificantes. Ahora yo también quiero ser maestro. Yo ya soy de otra galaxia, de todos modos, y ahí, al parecer, los maestros son seres de otro planeta.