arcoiris

Así que estaba hablando con una amiga y me dijo que fuéramos a equis lugar un día entre semana. Yo no salgo entre semana. Saliendo de trabajar voy al gimnasio más que nada por cuestiones de autoestima y porque me sale muy caro y ya de perdida hay que sacarle jugo… y sobre todo porque no tengo talento deportivo alguno y el gimnasio es la mejor opción para los perdedores como yo. Le dije a mi amiga que no iría y ella se molestó. Cuando me dijo ella en otra ocasión que le gustaba tomar siestas por la tarde yo me sorprendí mucho: yo no puedo, cinco minutos por la tarde significan insomnio por la noche, así que no lo hago. Respeto mucho, por ejemplo, el estilo de las clases de algunos profesores de la escuela donde trabajo porque es totalmente distinto al mío y digo “Ojalá pudiera hacer esos proyectos”, pero eso no quiere decir que mis clases sean malas ni mucho menos.

La cuestión radica en las diferencias. Están las dos perspectivas: hay gente que cree que somos como imanes y que polos opuestos se atraen. ¿Quién no disfruta en tener una buena charla con alguien que piensa diferente a uno mismo? Es decir: cuando confrontamos las ideas propias con una persona que no piensa como nosotros, de una forma argumentada y motivada; el intelecto bien podría estar bailando muy dentro de nosotros. O sea que es necesario tener cierto grado de diferencia con alguien para poder sentir una atracción, no del tipo totalmente magnética, sino más bien de esas que te llevan a crecer por medio de repensar nuestras ideas que teníamos ya planteadas o establecidas.

La otra perspectiva es que necesitamos tener puntos de coincidencia con alguien para poder sentirnos atraídos hacia dicha persona. Si bien, la confrontación es una forma de evolución intelectual más veloz, el construir juntos un mismo punto también es una forma de hacer gozar al intelecto. Al construir en conjunto un mismo conocimiento porque se comparten ideales u opiniones, no es sinónimo de estancamiento ni mucho menos: solamente a través de conocer bien un tema uno puede llevarlo a un nivel mayor de profundidad, y si se hace en grupo, este punto de conocimiento fuerte al que se puede llegar es alcanzado en menor tiempo y con condiciones de sostenimiento más concisas.

Hay que alcanzar un equilibrio entre ambos puntos de vista: necesitamos las diferencias tanto como los puntos de coincidencia. ¿Cuál es el problema en opinión de este paupérrimo escritor? Que nos molestan las diferencias y nos encantan los estancamientos.

Una cosa es concordar con alguien sobre un punto de vista en específico y otra cosa estar de acuerdo y de ahí no salir. Incluso estando de acuerdo hay matices. Incluso cuando las opiniones son distintas, hay puntos de común acuerdo. El hecho de que una u otra perspectiva imperen no quiere decir que la otra quede fuera totalmente solamente porque sí. Necesitamos de todo en la villa del señor. No podemos casarnos solamente con una u otra idea porque así nos conviene o así nos parece lo más fácil, sencillo, mejor, etc. Así como una moneda tiene dos lados, nuestras relaciones interpersonales son siempre con variaciones de diferencias o coincidencias; e incluso, dependiendo del momento, puede haber una preponderancia en las diferencias y en las coincidencias.

Pero no todo queda aquí: la problemática se agudiza cuando nos cerramos en que lo que yo pienso está bien y lo demás no. Cerrarnos a nuestras ideas nunca es la mejor opción, y de hecho ese es el verdadero significado de estancamiento, no el encontrar a alguien que piensa igual que uno mismo y coincidir en varios puntos. Caso: estaba con mi mejor amigo, mi hermano del alma, y estábamos platicando, y le dije “Güey, es que piensa, qué chido ha de ser tener un amigo bisexual porque es como tener un amigo hombre con quien decir pendejadas y una amiga para llorar por amores fallidos y hablar sentimientos”. Obviamente, y antes de que se me ataque, sé muy bien que no es que los bisexuales sean hombres y mujeres al mismo tiempo; no, es solamente de ver la cuestión desde otra perspectiva, una distinta, una en la que se nos enfoquemos en las cualidades positivas en lugar de los prejuicios personales.

Lo único que nunca cambiará es el hecho de que siempre habrá alguien que haga cosas o piense de forma distinta o parecida a nosotros. Sobre todo en cuestión de gustos. Es una ridiculez agarrar un bando en contra de una minoría que lleva a cabo acciones distintas a las nuestras. Claro que hoy en día hay mucha más apertura a temas como preferencias sexuales, pero quien diga que la batalla está ganada y que ya esto es aceptado como normales, está cayendo en un terrible error. Aún hay mucho por recorrer, sin embargo, hay una luchita. Yo, si es que el tema se da con mis alumnos, siempre hago una especie de metaforización que bien o mal, he visto un cambio positivo en ese sentido. Cuando hay una mala broma o un comentario de odio hacia este sector de la población, lo primero que pregunto es por el tipo de música que le gusta a una u otra persona. Yo, y todos lo saben muy bien, tengo una fuerte preferencia por el género metal en todas sus formas pero escucho de todo. Lo único que no tolero y odio con toda mi alma es el reguetón y así será toda la vida. No es cuestión de prejuicio, es de sentido común. Como sea, regresando a la cuestión; cuando alguien me menciona un género que no es el de mi preferencia, hago un comentario jocoso al respecto denostando uno u otro género. Ya sea pop, banda, incluso mis amadas cumbias. Entonces les pregunto a mis alumnos qué opinaron de mi comentario y por qué. En seguida me contestan que es absurdo relacionar el intelecto, los valores, la forma de ser, o cualquier otra cosa con el gusto musical. Les parece tonto que diga que uno u otro género solamente quiere decir que a quien lo escucha le gusten una u otra cuestiones. Y ahí viene el madrazo: “Entonces, si algo como el gusto musical no define nuestra personalidad ni nada relacionado a nuestro intelecto; ¿por qué algo como la preferencia sexual habría de definir a una persona en su totalidad como bueno o malo, pervertido o sano?”

La respuesta es el silencio.

Que cambien su punto de vista o no, no lo sé, mi tirada no es esa, sino la de ampliar el panorama: las diferencias no son malas, los puntos de vista no definen a alguien como correcto o incorrecto y el hecho de tener coincidencias no quiere decir que alguien nos va a caer bien sólo porque sí. De lo que yo me he dado cuenta con mi flaquito es que no nos parecemos, tenemos muchas más divergencias que su opuesto, pero nuestra mutua apertura a escucharnos y ayudarnos a ver que no todo es como nos imaginábamos es justamente lo que nos ha vuelto tan unidos. Las diferencias también unen a la gente. Es básicamente lo que he dicho en el podcast y en artículos anteriores: hay que escuchar antes de ladrar. Además, es mejor mostrar apertura que ser una cerradura atascada, justo como dijo mi primo: “De todos modos: ser gay está okay”.arcoiris