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En mi casa tenemos un perrito, un schnauzer que se llama Perry como el ornitorrinco. Yo lo saco a pasear todos los días luego de mis deberes del trabajo y de ir al gimnasio. Lo saco yo, a pesar de que no me gusta, porque el perro necesita salir. Hoy lo fui a pasear con mi sudadera rosa. Esa me gusta mucho, tiene un bordado de Mickey Mouse. La compré porque mi mejor amigo tenía una sudadera rosa, y quería pertenecer al grupo de él. A su vez, yo le compré en su cumpleaños a mi otro mejor amigo una sudadera casi igual para que los tres estuviéramos del mismo color. Tiene un trasfondo sentimental esa prenda. Iba caminando con mi perro. Una vez, recuerdo, estaba levantando los desechos de Perry y un sujeto desde un auto blanco me gritó “¡Guácala!”. Se me hizo curioso porque ¿quién en su sano juicio iría en su carro por las calles viendo gente paseando a sus perros buscando el momento específico de que se agachen a recoger los desechos para gritar eso? Da igual. Hoy iba con mi perro, mis audífonos, de noche, sólo alumbrado por los faros de los autos que pasaban y la luz pública. De un auto del que no divisé ni qué tipo ni qué placas ni nada, alguien me gritó “¡Puto!”. Supongo que por mi sudadera. Seguí caminando, pensé “Bueno, equis, ya pasó”. No pasaron cinco minutos para que pasara el mismo auto. Alcancé a divisar a más de dos personas en el mismo y me gritaron “Otra vez: ¡Puto!”.

Me dio miedo. Un chingo de miedo.

Este no iba a ser el tema del artículo quincenal de este blog, sin embargo me pareció pertinente tratar el tema a pesar de que el otro, el que tenía en mente, me es una intensa pasión que nunca abandonaré.

Me puse a pensar en una cosa: Mon Laferte hizo una protesta en los Grammy Latinos. En su cuerpo escribió un mensaje “En Chile torturan, violan y matan” y así lo mostró con los pechos desnudos. ¿Por qué limitar el lenguaje? Pechos no: tetas. Su acción fue de protesta, una protesta encarnizada, una en donde nadie lo esperaba. También llevaba el pañuelo verde al cuello como muestra de apoyo al aborto. El mensaje no era su cuerpo, sin embargo lo utilizó porque ¿qué habría sucedido si solamente hubiera dicho unas palabras cuando recibió su Grammy por Mejor Álbum de Música Alternativa? Exacto: nada. Si solamente hubiera hablado, nada habría pasado, tanto como se ocultan las noticias en Latinoamérica que está viviendo su etapa más turbulenta en lustros. Ella hizo eso y se ganó la aprobación de algunos, mientras que otros la tacharon de “Lo que hace una por vender música”. Entonces la forma de protesta de la cantante está mal por pintar su cuerpo, pero cuando fue la marcha feminista en México se enojaron, seguramente los mismos desagradables energúmenos, porque pintaron muros y el Ángel de la Independencia.

O sea: pintan muros, mal; pintan su cuerpo, mal.

¿Saben qué? Son unos completos imbéciles.

A mí me gustaría saber qué mujer no ha sufrido una vejación a lo largo de su vida, una verbal al menos. No ignoremos el hecho: comparando varias fuentes de información, al día, en México mueren de 7 a 9 mujeres. Al día. A estas mujeres no les dijeron algo en la calle, no les chiflaron, no se les quedaron viendo. Las mataron por el hecho de ser mujeres. Ahora, regresando al punto, ¿quién no ha sufrido un ataque a su persona? En mi caso personal he vivido en experiencia propia lo que es el acoso sexual en el trabajo.

Cuando uno es atacado, de la forma que sea, entra en shock, no puede pensar. La emoción se acumula en el cuerpo, el nervio frena tu razonamiento lógico. Si eres afortunado, puedes irte. De 7 a 9 mujeres al día, en México, no tienen la fortuna de vivir para contarlo.

¿Cuál es la forma de protestar, hijos de toda su puta madre? ¿Cuándo vamos a dejar de ignorar el hecho de que estamos peor que en país en guerra? Se me disculpará el lenguaje vulgar, pero esto del activismo de redes me parece un serio problema de imbecilidad. Es decir, yo no salgo a las calles, pero no por eso denigro la lucha que los demás hacen. Tengo un empleo y en eso me excuso, mi cobardía dice “es que si voy, pierdo la chamba y luego cómo pago el carro”. Claro que sí, excusas de un millennial con empleo infravalorado al igual que su idea de sí mismo como persona. Pero eso no quiere decir que me voy a burlar de las personas que salen a la calle porque están hasta la madre. Sería un error ese, el mío, de criticar sin saber el contexto de las personas que deciden salir a gritar. Sería una verdadera ignominia la mía esa de censurar algo que no tengo ni idea de lo que es. No hemos vivido en carne propia lo que está generando los movimientos sociales, es eso, o el hecho de que estamos demasiado a gusto en nuestra mediocre existencia. Sí, estoy en ese punto, pero nunca, y lo reafirmo: nunca cometeré la estupidez de censurar a quien sí lucha porque, de entrada, ya tiene más huevos que yo.

No puedo hacer más que plasmar las letras, que en sí pueden ser igual de contraculturales que las acciones, el arte, la música, un cuerpo pintado, una pared rayada, un cristal roto, una botella de vidrio en el aire, un canto, el himno nacional. Sí, no hago más que plasmar letras. Pero aguas: no me burlo, porque al menos hoy ya sentí en carne propia que te digan algo en la calle. Me dijeron puto. No me molesta la ofensa, no me molesta que presupongan mis preferencias sexuales que nada tienen que ver con lo que una persona es; me aterra que yo salí con vida, me aterra que alguien más, en la misma situación, no pudo plasmarlo por escrito.

En México decimos que se trata de “tener madre”. Tener madre es difícil de explicar. Podría decir que es “tener vergüenza” al mismo tiempo que “tener empatía” y, asimismo, “respetar”. En eso consiste, más o menos, tener madre. Tengan madre, por favor, tengan madre pues no hemos vivido lo peor, no nos ha tocado el infierno de la duda (una vez no podíamos establecer contacto con mi amado hermano, y todos en mi casa estábamos confundidos y aterrados. Por suerte, nada pasó. Está bien). No hemos dudado, no hemos estado en la incertidumbre, en el deseo y la esperanza de encontrar a alguien con vida. Hemos sido afortunados pues solamente nos han gritado en la calle, que nos agarren la pierna o el cinturón solamente, jugueteos enfermizos, psicóticos.

Somos afortunados de tener a alguien más luchando e invitándonos a la lucha.

No sean pendejos afortunados de poder criticar a alguien en redes sociales, cobardes de mierda, solamente porque hace algo que no está en la misma línea de comportamiento hipócrita que el tuyo.

Somos afortunados de que vivimos para contarlo.