Me da muchísimo gusto y es un gran honor para mí presentar el ganador de un concurso de cuentos de terror que se llevó a cabo en la escuela donde trabajo: Carlo Emiliano Briseño fue mi alumno y me permitió publicar su cuento que, sobre todo, te hará sudar frío. Apoyemos a los jóvenes artistas, porque talento sí hay. Muchas felicidades, Carlo. Me enorgulleces. 20191207_193246_0000

El pájaro negro, terror en los cielos

La carretera que transitaban tenía muchos baches, lo cual hacía que el auto se moviera bruscamente en muchos tramos del camino; asimismo, la neblina densa que estaba presente hacía que fuera imposible poder esquivarlos. Él estaba frustrado y ella de mal humor, le había repetido muchas veces que viajar de noche era mala idea, que no era seguro, a lo que él siempre respondía con lo mismo:

–Qué, ¿acaso le tienes miedo al “Pájaro Negro”? Eso es solo un mito.

Ella se resignaba siempre ya que si lo piensas detenidamente: la idea de una criatura mitad pájaro-mitad humanoide, del doble de grande de un ser humano promedio que acecha por las noches a sus víctimas y las asesina para luego comérselas; es absurda, pero no deja de ser terrorífico. Encendió la radio y puso las noticias, no aguantaba el silencio y menos en una noche de aspecto lúgubre como esa. El locutor con su voz grave hablaba sobre distintos avistamientos de este “Pájaro Negro” que tanta fama se había hecho en tan poco tiempo en la pequeña ciudad. A él le molestaba mucho que los medios de información le dieran importancia a algo que, él presumía, no existía. Repentinamente sintió cómo chocó con algo, el auto se detuvo en seco y se sacudió violentamente, haciendo que sus lentes se cayeran. Los busco desesperadamente y al encontrarlos, revisó que su pareja estuviera bien. Al comprobar que no le había pasado nada, salió del auto y cerró la puerta detrás de él, caminó hacia adelante y se detuvo a la mitad de la carretera al ver un charco de sangre. Al principio pensó que se trataba de un venado que habían arrollado y dejado en medio del camino, pero al asomarse sobre el cofre del auto lo que vieron sus ojos lo dejó paralizado y asqueado: se trataba del cadáver de un oso que estaba destrozado con indicios de que había peleado con algo, algo grande, extremadamente fuerte y completamente salvaje. Pasó saliva y sintió una presión en el pecho, un sentimiento de mareo que atribuyó a la horrible escena que estaba frente a él. Estaba listo para voltear y volver a su auto, pero antes de terminar de girar su cuerpo para dirigirse a éste, escuchó un ruido proveniente detrás suyo, un golpe en el auto. Pensó que era su pareja que se había bajado del auto y que había cerrado la puerta, lo cual el pensaba pudo haber causado ese ruido, pero al voltear su cabeza un poco para ver sobre su hombro vio que ella seguía dentro del auto, al igual que notó que ella estaba temblando, su expresión lo decía todo, estaba aterrorizada. Apenas y dio un paso hacia el auto y ella le hizo señas erráticamente advirtiendo que no se acercara y que no hablara, que no hiciera ruido ni movimiento alguno. No sabía a que se debía su comportamiento hasta que ella apuntó con su dedo hacia arriba y movió los labios como si hablara, emulando decir:

“Está sobre el auto…”

Sintió cómo su boca se secó, cómo le daba picazón en todo el cuerpo, apretó sus dedos del pie contra la suela de sus zapatos lo más fuerte que pudo y sintió como un sudor frío empezó a manifestarse en su nariz. Subió la mirada lentamente hasta que sintió un mareo de nuevo, esta vez más fuerte, al igual que un dolor de cabeza que hizo que se llevara la mano a la frente y que cerrara los ojos por un momento. Cuando los abrió examinó con su mirada la parte del techo del auto, extrañándose al ver que ahí no había nada. Hizo una mueca de confusión, pero a la vez alivio y bajó la mirada para ver a su pareja, pero sintió como su corazón se aceleró al ver que ella ya no estaba en su asiento y que la puerta del auto había sido arrancada del mismo. Le vino todo de golpe de nuevo: la boca seca, la picazón, los nervios y esa presión en el pecho que te dificulta respirar, que te advierte a gritos que algo anda mal, que corras lo más rápido que puedas y que no mires atrás. Pero sus pies se quedaron plantados justo ahí donde estaban cuando escuchó un sonido que asemejaba a algo viscoso y un gruñido que hizo que se sintiera enfermo. Sintió que debajo de sus zapatos había empezado a correr algo líquido y al bajar la vista al suelo vio que estaba parado sobre un charco de sangre. Vio como las gotas de sangre caían desde arriba y chocaban con el charco, así que subió la mirada y en la copa de un árbol observó algo que hizo que se le cortara la respiración: Una sombra enorme e imponente lo veía desde la altura. No contaba con cabeza, pero tenía dos grandes ojos rojos en su pecho los cuales emitían un pequeño destello que era hipnotizante mientras que, en una de sus manos, las cuales contaban con sólo dos dedos con terminación afilada, tenía un trozo de la playera que su pareja traía puesta, la cual ahora estaba completamente manchada del rojo de la sangre. Después de un momento la criatura se envolvió en sus alas como si de una capa se tratara y soltó un grito desgarrador el cual hizo que él volviera en sí y sin pensarlo dos veces, empezó a correr en dirección contraria de donde esa criatura se encontraba. Corría lo más rápido que podía mientras lloraba y sollozaba de miedo, sentía que en cualquier momento esa cosa lo alcanzaría y que sería el fin. Su vista estaba borrosa a causa de las lágrimas y en un tramo de la carretera donde había un bache se tropezó y cayó de frente al suelo, rompiendo sus lentes y golpeándose en la cabeza.

Con gran dificultad se levantó del suelo y tambaleándose dio sólo algunos pasos cuando tropezó y se salió de la carretera; comenzó a rodar colina abajo hacia el bosque. Su cuerpo fue frenado de la caída por ramas y árboles y sintió como algo filoso se clavó en su muslo derecho. Tocó su pierna y la sintió caliente y húmeda; era su sangre que brotaba de la herida causada por una gran rama. Al tratar de levantarse le fue muy difícil dar un paso por lo que empezó a arrastrarse entre los árboles, tratando de alcanzar una luz muy lejana. Tan sólo había avanzado unos cuantos metros cuando escuchó un aleteo ruidoso y extraño que de súbito se detuvo, tomó aire y siguió avanzando, pero un poco mas adelante su mano derecha sintió algo completamente extraño, no podía imaginar de qué se trataba ya que era áspero y escamoso. Trató de aclarar su vista parpadeando varias veces y con un ligero reflejo rojo se dio cuenta que se trataba de algo que parecía ser la pata de un ave. Aturdido como las veces anteriores, poco levantó la vista hasta que vio ese destello rojo proveniente de los sanguinarios ojos de la criatura.

Con su respiración entrecortada por el gran pánico que sentía, lo último que escuchó fue un gran grito y el crujir de sus propios huesos.

Pero ¿quién lo pudiera creer? Es sólo un mito… ¿verdad?