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Es evidente que todos necesitamos algo por lo que luchar, que nos haga vivir o que nos motive siquiera a levantarnos. Todo lo regimos, hacia nosotros mismos, a través de la dualidad universal: bien y mal. Entonces, nos sentimos bien o mal, activos o pasivos, atraídos o rechazados. Sin embargo, y desde mi muy particular punto de vista, hay un nuevo estadio que no había experimentado, que ni siquiera pensaba que existía: el absurdo.

Cuando leí sobre el existencialismo e incluso el pesimismo, me di cuenta que tienen una cierta búsqueda de una finalidad que raya en lo más mínimo en lo bueno o bondadoso; ambos buscan, aunque sea inconscientemente, una especie de redención. El existencialista tiene ese algo innato que lo motiva a ser, es esa subjetividad que predomina sobre lo objetivo; y el pesimista se imagina el peor de los escenarios posibles siempre comparando con la mejor de las posibilidades.

Yo pensaba, por esto mismo, que toda acción del hombre se regía por esta dualidad: bueno y malo. Sin embargo, algo me sucedió que acabo de encontrar genuinamente el absurdo de Camus. Yo lo había leído, sin embargo, lo consideré inexistente justamente porque estaba apegado a esta dualidad yo también, sobre todo por mi tendencia a la depresión: todo me era malo. Entonces llegó el desencadenante, que por ser bastante personal no voy a revelar aquí, sin embargo, ese mismo acontecimiento anteriormente me había hecho sentir mal, muy mal. Esta vez desperté y… nada, el absurdo había llegado a mi vida.

Sucedió de un momento a otro, fue demasiado repentino aunque me he enterado de que en sí no es raro ni malo. En navidad tendemos a deprimirnos demasiado o a mostrarnos muy eufóricos, en mi caso es la depresión. Ahorita me incomoda por ser una sensación nueva, pero al mismo tiempo resulta sumamente tranquilizante: no hay nada.

Un compañero de trabajo me preguntó ¿Qué es peor en un alumno: negatividad o apatía? Justamente por esto de los eventos navideños, pues están los que los odian, están los que los aman, pero también están los que no les interesan. Incluso considerando solamente apatía u odio, ambos son muy diferentes. Ahora que por fin estoy experimentando una indiferencia generalizada a prácticamente todos los puntos de mi vida, no lo creo tan malo, y muy al contrario: es relajante.

La situación es la que sigue: no es un sentimiento de malestar ni de bienestar, es algo en medio, simplemente no te mueven las cosas. Yo sigo trabajando, sigo llevando a cabo mis responsabilidades de la mejor forma que puedo, pero no hay un incentivo que sepa me va a convenir en el futuro. Las bromas, al menos por el momento, no me ofenden (y eso que a la gente le gusta bromearme). La situación que desencadenó esto fue un problema causado por mí y no siento esa necesidad de resolverlo, exactamente la misma que antes no me dejaba ni dormir. Incluso una personita me dijo “Checo, hay que escribir una novela en conjunto” y esto me habría parecido maravilloso antes. Ahora si hacemos una novela o no, me parece… indiferente.

He de aceptar que estos meses no me han sido fáciles, ha sido un año especialmente duro, con todo y todo que hay gente con muchos más problemas que los míos. Mi psicóloga dice que es una forma de mi cuerpo de pedir descanso. Mi mejor amiga dice que es una forma de duelo. Sea lo que sea, no hay algo que me apasione ya… bueno, sí hay una sola cosa que sí llama mi atención por completo: las mariposas. Según mi psicóloga, éstas metaforizan la transmutación, transformación: metamorfosis. Al parecer algo está cambiando en mí. Ojalá tenga razón, y si no, también da igual.

Creo que lo complejo de este asunto no radica tanto en que sea cierto o no, ni siquiera si es pasajero, cosa por la que después me preocuparé. Lo raro es que es una nueva experiencia para mí, me parece una verdadera novedad que no me importe si alguien se queda o se va de mi vida cuando yo trataba de mantener a mis “amigos” tan cerca a mí porque creía necesitarlos; obviamente me he desapegado a mi empleo y mis labores, pero porque me quitaron la docencia porque yo así lo permití, y no hay una verdadera identificación a nada ya tampoco en la parte profesional. Lo único que mantiene mis pies sobre la tierra es mi familia. No tengo un interés ya en conseguir pareja, en tener más amigos, en mascotas, ni siquiera en escribir o leer. En esta última parte de escribir y leer, sí lo hago, mucho menos, y es por hacerlo, por no dejarlo de lado, no porque sienta la emoción, la necesidad, la inclinación de antes.

Ahora, esto podrá verse como una especie de justificación (al menos de mis más cercanos) o como una llamada de atención, pero ¿para qué mantendría este blog aún con vida? Solamente porque ya lo inicié y ya pagué por el mismo. La utilidad está ahí, una muy superficial, pero existe; pero el sueño, el deseo, ese cosquilleo en el estómago se ha ido. Si fuera para llamar la atención, considero que hay formas más efectivas para llevarlo a cabo, para hacerlo. Seamos sinceros: ¿cuánta gente en realidad está leyendo esto justo ahora?

Cosas muy raras me han pasado, pues no sé qué proyecto (según Gina, buena vibra, pero no lo creo, no porque ella mienta, sino porque no lo siento así) pero eso ha hecho que de alguna forma la gente que no conozco se acerque más, tanto como para ayudar como para platicar. Se me hace raro, eso no pasaba antes, pero no es como que me maraville: la gente es rara, nadie se acerca de la nada a hablar con un desconocido.

Cuando el pesar se va, no se vuelve uno más inteligente, no es que ya una iluminación me haya llegado. El pesar existe en todos lados: en la presión de hacer amigos, de conocer más gente, de satisfacer las expectativas propias y ajenas, la de demostrar lo que uno vale; pero todo eso es vacuo, es un sinsentido impresionante porque no importa lo que hagamos, al final todo va a seguir siendo igual.

Esto es una especie de resignación general, pero no duele, solamente te permite no sentir.

Creo que, a pesar de todo, no es tan malo; muy al contrario, resulta un descanso, un break de todo lo que me agobiaba. Ya no existe tal. Ya no hay tal. Si tú tienes esas inclinaciones a la depresión como yo solía tenerlas, ojalá encuentres el absurdo, es relajante. No deseo ni bien ni mal, de todos modos, nada en realidad importa porque todo va a seguir igual.