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El detective salió de la casa, no porque no pudiera desnudarse al igual que todos los demás presentes, pues no hay algo más natural ni mejor para la salud que desmitificar y mostrar el cuerpo tal y como es, pero simplemente no le pareció lo correcto. Respecto a la terrible confesión del secretario de seguridad, y por el bien de todos, habríamos de remontarnos a un leve análisis de lo que ha venido aconteciendo y así poder dar claridad suficiente a lo que hemos venido viendo. Leyendo, mejor dicho, para más practicidad en la técnica. Ahora es la situación del pudor la que nos mantiene a raya, y para quien no comprenda esa expresión, podemos añadir otra: nos tiene en jaque. El pudor nació desde un punto de vista mitológico, y no con la concepción freudiana de que es una exteriorización de los impulsos primitivos; sino en la de una explicación de la realidad. Lo real a través de lo inexplicable. Nos enfocaremos en las limitaciones del narrador, en la historia que ha leído alguna vez pero que no conoce a fondo, sin embargo, puede servir de alegoría al de cualquier seguidor espiritual de estas religiones abstractas que rigen la vida de cualquiera que quiera complementar su vida científica. En el paraíso vivían los dos originales en un ambiente de inocencia forzada, cuando la tentación vino en forma animal. ¿Qué animal? ¿Habrá sido la serpiente por tener una alusión fálica? No fue un hipopótamo, porque no hubiera servido para lo que estamos narrando en estas líneas, por suerte. Entonces, fue una serpiente. Ahora, veamos la perspectiva: es que, si era una alusión fálica, el problema no fue de ella, sino de él, al tener un miembro que la mujer, por su naturaleza, no tiene. Eso sin tomar en cuenta que ella fue creada de otra alusión fálica, la costilla; pero eso sería reducir a lo mínimo la expresión que se buscaba, que era la de la creación. Entonces, ya que en estas andamos, y buscando enriquecer el debate que se está promoviendo por el momento: ella, al tomar y comer de la manzana, luego al incitar a Adán; ella nos otorgó la conciencia de lo bueno y lo malo. Con-ciencia. Al parecer, viéndolo de esta manera, lo malo era la conciencia de la diferenciación bueno-malo, y lo malo vendría siendo la conciencia de decidir, así podemos deducir que Dios también creo lo malo, y no sólo eso: sino que nos lo dio como elección. Esto quiere decir, tratando de seguir una lógica básica, que con el “mal”, el creador nos dio la posibilidad de crear, porque al momento de darnos cuenta del creador, creadores nos vimos, porque no podemos reconocer algo que no podemos ser, pues estaría fuera de nuestra comprensión y, por lo tanto, de nuestra posibilidad de ser. De vivir, pues, para simplificarlo. Ahora, si vemos las cosas desde otro punto de vista, la evolución demandó al hombre, como raza, a protegerse de las inclemencias del clima, y ahí está la razón de vestir. Hay que mencionar que cuando los dos originales comieron del fruto prohibido, se dieron cuenta de su desnudez, y es cuando se cubrieron con plantas y fueron expulsados del paraíso a tener que trabajar hasta morir. O sea: tuvieron que salir de su estado de infancia para volverse adultos. Dios les había dado la pena de su desnudez, y eso quiere decir, que les dio pena Dios. ¿Por qué Dios daría una razón para avergonzarse de sí mismo? Pero bueno, la finalidad de esto no es tratar de convencer sobre la existencia ni de la inexistencia de la figura divina, pues confirmarla o negarla está totalmente fuera de la comprensión humana, pues afirmando o denegando estaríamos demostrando la peor forma de ignominia posible; a fin de cuentas, viéndolo de esta manera, a Dios, confirmamos las dos teorías. Al hacer de Dios el creador del mal, lo volveríamos todopoderoso y al mismo tiempo cruel. Aquí lo que buscamos es dar una razón al pudor, pues es inherente en el actuar de la sociedad de la que nos ocupamos en el actual y verídico testimonio. Así que, gracias a la desaparición del pudor, no hubo pena y pronto una cantidad considerable de lugares públicos se volvieron nudistas o ambivalentes, o sea, que no era importante la forma en la que uno decidiera estar ahí, si desnudo o no, sino estar ahí y respetar al que se tenía al lado, por más sudoroso o desagradable que se viera o fuera. Esta nueva forma de ver la vida guio, por decir de una manera, a una totalmente nueva forma de comprensión en lo que al cuerpo humano se refiere pues dejó de ser tabú, al menos en apariencia. Sin embargo, habríamos de notar, que a pesar de que el desnudo ya no era razón de pena ni vergüenza, no por eso se dejaba de lado lo que el desnudo mismo podría provocar. Es obvio que en los tiempos del medioevo, había familias pobres con siete u ocho hijos en la misma habitación que la de los padres, y cuando estos tenían relaciones sexuales, los hijos no veían el acto como un pudoroso movimiento que debe ser realizado en privado, sino que era la señal de que un nuevo hermano o hermana bien podría estar en camino. Eso no regresó, el hecho de ver el acto sexual como algo reproductivo. Entonces, ver como algo normal, al menos en esta sociedad, al desnudo, no es sinónimo de control, y ahí la lujuria también tomó una fuerza tal, que de en ese momento en unos años, habría un aumento exponencial de jóvenes activos y poco perezosos, lo cual significaría problemas para un trabajador gobierno. Ahora, la desnudez no fue castigada, pero sí lo fueron los comportamientos sexuales inadecuados, pues aún habían reglas morales a las cuales habría uno de estar sujeto. Sin embargo, y el detective lo sabía, este pequeño análisis de la falta de pudor en la sociedad quedaría incompleto en caso de no tomar en cuenta las siguientes situaciones morales que a continuación podemos dilucidar: hubo dos situaciones, primero: una pregunta sobre cómo el detective había conocido a su mujer muerta, y segundo: la forma de expresarse del secretario de seguridad, con todo y palabras obscenas o altisonantes. Entonces, también podemos comprender que el pudor no está relacionado solamente a cómo desvestimos, sino a cómo llevamos a cabo nuestras relaciones sociales. Las emociones a flor de piel, aunadas a esta insistente necesidad de no estar desocupado o desocupada, conllevó a una facilidad irreconciliable de generar problemas como el del maestro al que le contestaban inadecuadamente sobre la deficiencia en su clase y en su forma de ser porque era enano y feo, los papás del alumno que gritaban a la psicóloga que cómo se le ocurría a ella venir a decirles cómo educar a sus hijos si ella no los tenía porque seguramente era homosexual o alguna peor aberración, la psicóloga peleando y mentándole la madre al otro conductor e informándole como iba a morir la madre de éste, el conductor diciendo sin pelos en la lengua al policía que tomara su dinero y lo dejara pasar, el policía arguyendo Sí, era triste, pero qué se podía hacer en contra de una violada muerta porque quien la mandaba a estar desnuda para provocar al malhechor que también iba desnudo seguramente.

–Esa es una ley a contra natura y, por ende, una verdadera tontería. Una obligación de por vida y sin sentido –dijo el adulto joven para luego beber de su café. Fueron él y el detective a un café a tener una relajada conversación, a platicar, y el detective aceptó la invitación porque cualquier cosa era mejor que estar en su mente hundiéndose en pesimistas pensamientos sin sentido y especulaciones ridículas sobre la vida. Esto, obvio, un par de días después del incidente de la comida.

–Tengo entendido, y corrígeme si me equivoco, que solamente reinstauraron la ley original de vestir en vía pública.

–¡Exactamente de eso estoy hablando! No sé por qué ahora me doy cuenta, pero tener algo extra sobre el cuerpo es bastante incómodo y creo que al natural es mejor.

–Pero vestir era a lo que todos estábamos acostumbrados –dijo el detective.

–Pero estos tiempos que vivimos son diferentes a lo que era antes, y requerimos reglas nuevas, no podemos estancarnos en aras del progreso.

–Creo que te sientes atacado al momento en que sientes, también, que coartan tu libertad. Dime que no es cierto.

–Eso es cierto, pero ¿qué acaso tú no sientes igual?

–Para ser sincero, no tengo el más mínimo interés en estar como llegué al mundo todo el tiempo. Ha de ser mi educación y que no soy tan joven como tú para adoptar medidas tan radicales. Prefiero la paz y un buen abrigo, mi buen.

–¡Vaya! Eres la primera persona que me lo dice, lo cual es un poco extraño.

–Lo extraño radica en la diferencia, pero no por eso significa que sea peor ni mejor, solamente es –dijo al adulto joven–. Creo que hay más contras que pros en esto de estar de nudistas todo el tiempo, has visto las noticias, este punto no me lo puedes negar.

El adulto joven asintió con un movimiento de la cabeza y bebió de su café al mismo tiempo que el detective encendía un cigarro.

–Ese es un vicio que quita la vida, señor detective.

Ahora era el detective quien sonreía.

–Así como hacer corajes sobre decisiones que están fuera de nuestro alcance. Además, lo que no mata no es vida, vivimos para morir, nada más.

–Siempre tienes algo que decir, ¿verdad? Hasta pareciera que lo sabes todo.

–Simplemente trato de tener una perspectiva sobre las cosas.

–¿Qué perspectiva es la que tú profesas sobre la situación actual, que bien sabes, parece estarse yendo al abismo?

–Desde que yo era niño los sabios y adultos se quejaban de que la sociedad y el mundo se estaban yendo al abismo y, de hecho, se pensaba que era mi generación la que llevaría al mundo a su fin; ¡y mira! Seguimos aquí, empeorando la situación. Fíjate qué es lo que pasa hoy en día: hay masivas manifestaciones nudistas que son criminalizadas por el discurso hegemónico, o bueno, para ponerlo más fácil: por el poder, aunque tú sabes bien de lo que estoy hablando. Se enojan de que no los dejan lucir sus esculturales cuerpos, sí, de escultura podrida. Sin embargo, no fue hace muchos meses que era lo mismo con la pereza, y de esta se han olvidado, y no porque no exista ya, sino porque ya no hablan de ella. Así como hoy se exige al gobierno poder estar desnudos, antes se hacía por poder trabajar. Hasta pareciera esta una cuestión de modas, más que de la búsqueda del bienestar social.

–Bueno, es que también en estas cuestiones también influencian los medios de comunicación pues solamente mencionan marchas para tildarlas de criminales, pero no ven el trasfondo de la situación –dijo el adulto joven.

–Y es esa la cuestión, mi buen. Estamos todos viendo una superficie, pero seguimos sin interesarnos en el fondo. ¿Por qué? No tengo idea, pero hay algo más, definitivamente.

–No me dirás que hay una conjura del poder para mantenernos ocupados en trivialidades mientras que los que mandan se regocijan en sus planes de ocio y mandan mensajes subliminales para embobarnos.

Y obvio, habríamos de remarcar en esta conversación, que los mensajes subliminales no existen: para que la comunicación sea efectiva, ambas partes deben saber de lo que se está hablando, pues si no, no hay intercambio de ideas, y no hay retroalimentación. Un ejemplo simple para aclararnos esta situación es la de, imaginemos, que una película de niños tiene escrita en el cielo estrellado caricaturesco la palabra “sexo”, y automáticamente pensamos que es un mensaje subliminal para que los niños se vuelvan precoces. Sería, sí, pero preguntémosle al niño o niña, y no sabrán de eso, hasta que uno les diga. O sea, no había mensaje subliminal, porque éste era incomprensible para la mente infantil.

–No digo que sea así –dijo el detective–, pero no es tan difícil, en realidad, hacerte creer que tienes una necesidad. Ve tú, por ejemplo, los celulares, para cualquiera de estos tendrás una fila lista para irlo a comprar, y así sentirse completos y satisfechos. Atacan tus libertades y aparte acabas defendiéndolos. No necesitas un gran trabajo de comunicación, solamente rumores.

–Tienes razón –concedió el adulto joven–, pero en este caso, ¿cuál sería el problema a solucionar si nuestro problema no es que creemos que es?

–No creo que haya alguien lo suficientemente perspicaz para obligarnos a cambiar nuestras necesidades reales tan repentinamente, algo tendría que ver, supongo, con toda esta faramalla de los abstractos.

–¿Lo que comentábamos en la reunión?

–Así es.

–¿Crees que sea cierto?

–Bueno, solamente habría de pensar las cosas superficialmente: de repente la pereza desapareció, así como el pudor… ¿no es, en este caso, posible tomar en cuenta la existencia material de los abstractos?

–Si fuéramos personajes de novela, así lo sería –dijo el adulto joven en tono de reflexión.

¿Y estamos totalmente seguros de que no lo somos? Se preguntó el detective, pero no lo dijo, tal vez porque no quiso, o porque no quería ya que, a su parecer, no venía a colación; pero ya veremos después su opinión, porque como seres ausentes pero presentes, podremos usar estas tácticas narrativas y, tal vez, si el atrevimiento no es grosero, disfrazarnos para hablar con el detective directamente. Como sea, a continuación, el adulto joven pidió permiso pues su celular sonaba y debía contestar, pues era su novia; fueron respuestas cortas y obvias; pero al colgar, una extraña expresión trémula tenía él en la cara, parecía estar temblando pero no era un misterio que era feliz, pues había una especie de sonrisa casi victoriosa iluminada en su rostro. Esa que nos ilumina sin que haya necesidad de verdadera luz en la habitación.

–Mi novia está embarazada.

Le pareció extraño, pero el detective se vio obligado a sonreír, no dijo nada, solamente forzó su rostro a emitir una cariñosa sonrisa y apresuraron ambos sus cuerpos para ir a casa. De hecho, este cambio de actividad precipitada fue ampliamente agradecida por el detective, pues no sintió una gran felicidad en realidad, porque él a su hijo había perdido, y la empatía en esta ocasión no salió galante. Durante el camino, hay que decir, el adulto joven no dejó de parlotear sobre la emoción que sentía, que si bien, no pensó que fuera momento, era algo que, de alguna u otra forma, toda la vida había esperado y deseado, y por fin se volvía realidad: habría de consolidar una familia con su novia, y tener a un pequeño en sus manos para amarlo por toda la vida. Ya sea de quien muera antes o después, porque la vida no quiere decir toda la eternidad, solamente el tiempo de respirar y sentir de la persona que ama. O de la que es amada.

El adulto joven no tenía más que hacer que ir a festejar, y como era una cuestión de familia, el detective sabía que no había lugar para él en esta situación, por lo que se despidió cálidamente y ocultó ese dolor que subía por su estómago casi como un vomitivo letal. Además, la nueva familia tendría mucho por planificar, más cambios de vida por hacer, y prepararse para las nuevas emociones y sensaciones de las que sería presa la ya madre. Y veamos bien aquí que cuando se emociones y sensaciones hablamos, somos presas de ellas, como si nos atacaran y no nos dejaran de otra, porque por más que nuestro carácter sea templado y no nos dejemos llevar por la bilis, siempre estarán estas totalmente fuera de nuestro control. Entonces se despidió y decidió ir a encerrarse en su casa para hundirse en alguno de sus libros, cuando una vocecilla, que parecía chiste, lo llamó:

–¡Espera! ¡Disculpa!

Dio el detective la media vuelta y vio acercarse, a medio trote, al pequeño niño de secundaria, que se veía menor para la edad que decían tener, si es que alguna vez la mencionaron. Ahora, cualquiera pensaría que esto es una falta de respeto, el hecho de que un menor hable de tú a un mayor, sólo revelaría una deficiencia en la educación del pequeño; sin embargo, para el detective, esto era muestra de que la ternura de quien se acerca a él radica en tratar como iguales a todos los que lo rodean sin importarle quién sea la persona en cuestión, porque para este niño, todos son seres humanos respetables y hasta divertidos. Y bien nos podemos permitir decir, a raíz de esto, que por ahí dicen que si los gobiernos fueran regidos por mujeres, solamente habría países peleados que no se hablarían entre sí, y no habría guerras; pero si fueran regidos por niños, solamente jugaríamos a las traes y guerras con pistolas de agua para luego, enternecidos, abrazarnos y seguir siendo amigos.

–¿Qué pasó? –preguntó al niño, y es que no le hablaba a un chamaco desde hacía mucho tiempo, así que le habló como le hablaría a un adulto.

–¿Sabes si –dijo el nombre del adulto joven– va a salir a jugar?

–No creo que lo haga, pequeño.

–¿Por qué?

–Acaba de recibir una excelente noticia y lo querrá celebrar con su novia, a solas.

–¿Y qué noticia recibió?

–Tendrá un hijo, o una hija; su novia está embarazada.

–¡Órale, qué padre! ¿Entonces tendré un hermanito?

–Eso parece.

–¡Qué genial!

–Bueno, chaparro, nos vemos luego –dijo para abrir la puerta de su casa y no permitirle al niño decir nada más, pues él sintió una terrible emoción en su garganta anudarse para cortarle la respiración, pues esa emoción y felicidad y casi gratitud en la voz del niño era una embelesada sintonía que él conocía a la perfección, pero que había perdido, como ya sabemos, hace tantos ayeres que ya no recordaba el rostro ni de su niño ni de su mujer. Sus ganas de leer se fueron por la borda, así que mejor encendió la televisión. Decidió que vería una película que tuviera una trama apenas entretejida, actuaciones ridículas y poco creíbles, así como los clichés dignos de una adolescente en sus días; porque eso es lo que necesitamos a veces: algo bobo para descansar el cerebro. Entonces, los colores de la bandera nacional aparecieron, y en primer plano, de pie, y con un traje excelentemente bien arreglado, el presidente hizo aparición, y comenzó a dar un mensaje a la nación, con frases bien definidas y ademanes estudiados, así como una expresión seria pero, dentro de lo que cabe, tranquilizadora, así como una seguridad digna de un mandatario que tiene un equipo de trabajo que sabe lo que debe de hacer.

–Señores representantes de los medios de comunicación, respetables soberanos de esta gran nación; hoy vengo con un mensaje relacionado a los acontecimientos que han venido dándose en nuestro histórico e independiente país, una problemática que parece ir en aumento, y de la cual, en primera instancia, pareciera no tener una explicación lógica, cosa que se da, también, como resultado de una especulación y desinformación general.

El detective pensó que algunos de los ademanes resultan forzados, sin embargo, la toma y las banderas atrás, lo hacían lucir como un héroe. Hubo un cambio de toma, se acercaron a su rostro.

–En los últimos días, nuestra población, y la del mundo, ha sufrido un cambio en sus hábitos y costumbres, que han tenido consecuencias inusitadas y radicales en el haber cotidiano de los habitantes y ciudadanos. Quiero, sin embargo, comunicar que las autoridades pertinentes están trabajando exhaustivamente para dar con quien pudiera ser el responsable de estos hechos, y es que, en efecto, esta problemática se lleva a cabo por lo que creemos que es una banda de criminales que actúan en conjunto y laboran bajo el mando de un cabecilla único, esto todo fuera del marco de lo legal y que, cuando sean descubiertos, nosotros no dudaremos en que los culpables serán sujetos a todo el peso de la ley por su baja acción de alterar el orden público de nuestros respetables y honorables ciudadanos.

>>Por esto mismo, yo quiero hacer un llamado a la unidad que desde tiempos inmemoriales e históricos, distinguen a nuestra nación y ciudadanía, así como enfatizar en su energía y calidad humana que siempre nos ha distinguido para salir adelante en la adversidad.

>>Los trabajadores y servidores públicos, entre los cuales yo honorablemente me incluyo; estamos laborando incansablemente y dentro del marco de la ley para lograr resolver y retornar a estar en un ambiente de paz y tranquilidad que es lo que todos deseamos. Asimismo, informo que aquellos que se atrevan a infortunar, paralizar, impedir u obstaculizar la loable labor del gobierno que busca el bienestar general; serán juzgados como ayudantes de esta banda criminal que afecta directamente la vida de aquellos que día a día trabajan para poder asegurar a las generaciones futuras, y a sí mismos, la bienaventuranza que, como seres humanos, tanto merecemos y buscamos alcanzar.

Hubo otro cambio de plano: se enfocaron al rostro casi altivo del presidente, quien tenía una mueca dura y casi agresiva.

–No habrá consideración ante aquellos que busquen, en aras de la ineptitud, arremeter contra lo que hemos luchado por años, y eso es el bien social y personal.

El plano se alejó y lo volvió a proyectar de cuerpo medio, de la cintura para arriba, mientras que el presidente adoptó un gesto más relajado.

–Yo, como presidente, me veo en la responsabilidad de tomar las decisiones pertinentes en pro del bien común y de la paz y tranquilidad de nuestra encomiable nación, así es que, lo confirmo y les repito: todo esto es por el bien de nuestro país, porque también esto es lo que nuestra sociedad propositiva, afortunadamente, demanda, y así será. Muchas gracias, y buenas noches.