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El gusto se rompe en géneros, y eso que ni qué. Este juicio se aplica para todo lo que esté relacionado a la contemplación artística: géneros literarios, técnicas de pintura, gastronomía, incluso en cuestiones técnicas como el trabajo al que decidimos dedicarnos. La opinión personal es la que define nuestras preferencias. Sin embargo, enfocándonos en la música, hay un género que es incomprendido y satanizado: el metal.

Una advertencia me gustaría dar: este artículo es escrito por alguien que no es experto musical y que no posee estudios al respecto más que los pocos libros e información que ha leído e investigado. El señor Lectofilia, alias Sergio Alberto Cortés Ronquillo, no es experto musical. No es experto en nada, la verdad.

¿Qué tiene el género musical que en un inicio puede suscitar antipatía para un oído “fino” o poco experimentado en el mismo? Hagamos un experimento, y lo invito a hacerlo si es que goza de conexión a internet. Ponga el intro, hasta el primer coro al menos, de las siguientes canciones: Dreaming de SOAD, Links 1, 2, 3 de Rammstein, Awaking Centuries de Haggard, The Phantom of the Opera con Floor Jansen, Walk with me in Hell de Lamb of God, Interdimensional Summit de Dimmu Borgir y Raven’s Flight de Amon Amarth.

Tómese su tiempo…

¿Notó las diferencias entre cada uno de los grupos? ¿Qué diferencias notó? ¿Le parecieron todas las canciones algo que escucharía al acabar de despertar? ¿Qué emociones le provocaron las canciones? ¿Hasta qué punto gozó o sufrió las canciones? ¿Le gustaría explorar más del género?

¿Qué tiene el metal que no tienen otros géneros? En una primera instancia nos parecerán nada más que gritos y ruido sin sentido. Hay que prestar atención a su melodía. Las canciones tienen sus melodías bien definidas. Dependiendo del subgénero (que son docenas y docenas por no decir cientos) de los diferentes tipos del metal, serán los instrumentos o las voces usadas.

¿Qué nos genera animadversión al metal? Que está catalogado como el género del diablo, el género de Satán. Si el diablo fuera música, definitivamente sería metal. Claro que sí, estoy de acuerdo. Pero veamos quién era el diablo: uno de los ángeles más poderosos del señor dios, y era tan poderoso que tenemos una bifurcación de la interpretación de su situación: era tan cabrón el señor diablo que pudo haber desafiado a su patrón y por eso fue enviado abajo a hacer su propio infierno con juegos de azar y mujerzuelas, o era tan cabrón que el señor dios le dijo: Mira, compa, eres tan chingón que necesito a alguien abajo que me ayude, Pero, mi señor dios, yo quiero estar contigo, Pero necesito tu ayuda, Pero no quiero, Pero yo lo mando. El señor diablo es el primer incomprendido, el primer maltratado, el primer emprendedor, el primer dolido, el primer marginal; justo por eso es metal.

Ahora, presuponer que la música metal gira sólo en torno a temas de matar, asesinar, de alabar al diablo y demás prejuicios; es propio de ignorantes. No es cierto. Sí es cierto que hay música que trata esos temas, pero no podemos encasillar semejante género a eso nada más. Además la música que alaba a dios, caería en lo mismo: fundamentalismo sin sentido. Es reduccionismo. Asimismo, decir que sólo ignorantes escuchan este género que no tiene ritmo ni armonía, es estúpido. Michael Fassbender, Sir Christopher Lee (actorazo, maestrazo, chingonsonazo), el presidente de Indonesia; por ejemplo, escuchan metal. ¿Alguien se atrevería de tachar de ignorantes o bestiales a estas personalidades? Si es así, nos vemos a la salida y nos partimos las madres.

Debemos atrevernos a identificar la melodía de la música metal, tienen un ritmo, una armonía entre el ruido desproporcionado y las voces guturales. ¿Qué tiene el metal que es tan atractivo para los marginales? Entiéndase marginales aquí como aquellos que tienen una inteligencia superior a la promedio y no encajan en los parámetros de normalidad justamente por el análisis que hacen de la sociedad. El intelectual es más probable que escuche metal a otro género musical. Aquí el reguetón no entra porque esa chingadera no es música.

El metal es la música del tímido, del incomprendido, del marginado social que no encaja en la normatividad porque está por encima de esta. El metal es la música que empodera al subestimado, que da su lugar al que piensa diferente, que muestra la verdadera cara del genio: crítica fuerte, hacer lucir las fallas del sistema, estar en contra de la opresión. La música metal es el grito de coraje, es el dolor que no llora, sino que exige justicia y una verdadera solución al problema.

Además, el metal no solamente es sinónimo de voces guturales e instrumentos distorsionados. Tenemos, por ejemplo a Floor Jansen que es una soprano con una habilidad impresionante para la ópera (chéquese su versión de O mio babbino caro en youtube) o la misma Tarja Turunen, ambas con versiones magistrales de The Phantom of the Opera. No solamente cantantes de ópera pueden incursar al género metálico: hay toques orquestales en la música, instrumentos clásicos y coros. Un buen ejemplo, Haggard, que cuentan historias ficticias a través de su música, o Sabaton con coros entremezclados.

Ahora que hablamos de Sabaton, esta banda sueca (las bandas del viejo continente, en especial de los países del este, y buenas representaciones del folk metal, una alegría metálica; son especialmente buenas) cantan de historia: la segunda guerra mundial, aviones, proyecciones de las consecuencias de las acciones de Hitler, guerreros en las trincheras. Amon Amarth, power metal, tiene una melodía que si se proyectara en música clásica, serían unas obras magistrales. Acá entre nos, se atrevieron en su último disco a mezclar elementos clásicos en su metal magnánimo, y les salió algo verdaderamente maravilloso. Ellos, Amon Amarth, cantan de mitología. Aprendes, cantas, gozas. Su nombre lo tomaron del élfico que creó Tolkien, significa “Monte del destino”, ahí donde los hobbits debían ir a destruir el anillo (no el diminutivo de ano, no sea puerca). Y una mención especial, grupo que acabo de descubrir y admiro muchísimo: Dimmu Borgir que logra llevar lo sinfónico a una brutalidad extrema con su death metal pero logran una mezcla excelsa entre la brutalidad y la armonía clásica. Una de las bandas más sobresalientes de la actualidad, una mezcla que me atrevo a decir divina.

Ahora, esta situación del ritmo es interesantísima. Los de Rammstein, que el lenguaje alemán tiene cierta influencia en el poder del género, hicieron una canción en su último disco: Puppe. Ellos jugaron con un elemento que solamente había escuchado en “Night King” el soundtrack chingonsísimo de la última temporada de Juego de Tronos (asquerosa última temporada, soundtrack genial) del maestro Ramin Djawadi. ¿Qué tienen en común el metal industrial del metal y lo considerado la nueva música clásica que es el soundtrack de las películas?  Estas dos tienen una situación arrítmica, un destiempo controlado, una aparente pérdida de compás pero siempre melódico. Joyitas.

El metal, y me atrevo a decir que en especial el death metal, es la “ritualización” del salvajismo, la canalización de las energías destructivas para evitar la violencia misma: impide que quien la escucha, un loco hijo de puta asesino, haga algo verdaderamente monstruoso O sea, veamos a los aztecas. El mexicano sacraliza las culturas prehispánicas, creemos que si no nos hubieran conquistado los españoles seríamos chingonsísimos; pero seamos realistas, éramos culeros (véase sacrificios humanos). Pero esto era un rito para evitar la violencia desenfrenada en la sociedad. Es una válvula de escape.

¿Por qué el metal es chingón? Por lo que ya dijimos. Y porque sí.