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Pensemos en una situación que nos haga sentir incómodos o enojados. Ahora pensemos en una acción hecha por nosotros que haga sentir incómodo a alguien o que lo haga enojar. Estoy totalmente seguro de que le fue mil veces más fácil pensar en una multiplicidad de ejemplos para la primera solicitud que para la segunda. O, al menos, su cerebro pudo procesar inconscientemente ejemplos mucho más rápido para algo que es molesto que viene del exterior que algo que sepamos o creamos que es molesto que viene de nosotros. Eso es porque somos unos mamones, todos.

Sin embargo, entre mamones, hay algunos que gozan de eso que en México solemos llamar tener madre. Y la mayoría de nosotros no tenemos ni lo más mínimo de madre.

Comenzando con la situación del respeto ajeno. No respetamos, y es justo eso lo que nos lleva a pensar que todos son unos desgraciados y nosotros mismos la víctima de esta situación tan compleja cuando en realidad lo que bien podría ser lo opuesto. Un ejemplo basta: la puntualidad. ¿Qué tan difícil es, especialmente para el mexicano, llegar a la hora indicada a un evento cualquiera? Pues bueno, primero se caerían el cielo y la tierra en un apocalipsis digno de película gringa antes de que lleguemos temprano. Pero eso no se compara ni en lo más mínimo con el respeto a los compromisos con la gente. Una muestra simple y básica de si una persona gusta de estar contigo o no es si te da tu tiempo debido. Cuando alguien no te da ese tiempo, no te quiere cerca, es obvio, y es justo a quien nos aferramos más. De esto deducimos que no nos tenemos respeto ni a nosotros mismos.

¿Y qué tal los meritócratas? Esta plaga (que sí es plaga, con todo y lo que la palabra significa) de los whitexicans: niñitos en una posición privilegiada que creen y sostienen a capa y espada que el pobre lo es porque quiere. Por eso insisto tanto a mis alumnos que estudien: por alguna razón ellos (los whitexicans) pueden tener acceso a todos los medios posibles de educación, oportunidades de viajar en la vida, de conocer maravillosos lugares de todo el mundo. A fin de cuentas, el que tiene esos lujos, es porque está en una situación privilegiada en contra de sesenta, setenta o más millones de mexicanos pobres. Y veinte de esos, en pobreza extrema. Pero, a huevo, quiero morirme de hambre, simón, es cuestión de gustos.

Sin embargo, son solamente el ejemplos introductorios. Lo que sí es algo digno de los mamones más desmesurados es el acto de caer en la crítica destructiva ajena solamente porque así lo queremos. Caemos en la injusticia. ¿Sabía usted que a las hembristas femimbéciles les molesta el término feminazi porque es una burla al genocidio perpetuado por el nacionalsocialismo? Es que el término está mal, y es una burla a no solamente una corriente (feminismo), sino a todo un suceso histórico (la matanza perpetuada a judíos y grupos minoritarios). Pero es que está mal ofender con la terminología absurda de las redes sociales pero la malinterpretación del mismo movimiento está bien siempre y cuando sea llevado acabo por mujeres.

Así que el feminismo hoy en día es: que sufran los hombres porque ya fueron abusivos por mucho tiempo. Es hora de que sufran las consecuencias de sus actos de la misma forma que ellos por años y años llevaron a cabo en contra del sexo femenino que es superior por naturaleza porque no piensan con la cabeza entre las piernas, porque no tienen, y los hombres sí, entonces la inteligencia está afectada por la baja gravedad y no les permite usar neuronas porque no están éstas en esa zona erógena del cuerpo.

Podría bien esto ser interpretado como una exageración, pero no lo es, porque la lucha por la igualdad y la equidad de género (que son ambos preceptos necesarios para una verdadera lucha que trate de resolver el problema de forma holística) quedan reducidos a lo que ya se planteó: ser víctima pero victimario cuando más convenga.

No nos damos cuenta de que el sexismo no solamente afecta a las mujeres: su lucha es mucho más evidente porque han hecho más ruido al respecto, porque han tratado de alcanzar los medios para promover, no su superioridad (o al menos eso en el ideal de los casos), sino su trato digno como seres humanos. Seres humanos. El hombre también es un ser humano. Sin embargo, ¿será que el hombre no sufre de las consecuencias que el sexismo causa?, ¿será que el hombre no sufre injusticias solamente por ser hombre?, ¿el hombre siempre es victimario y la mujer víctima?

No sea mamón, no sea mamona, y conteste eso honestamente.

Así como la mujer, el hombre puede ser víctima, y así como el hombre, la mujer puede ser victimaria. Solamente es cosa de ver la perspectiva de la situación, comprender que una problemática social afecta no a un sector, sino a todos de alguna u otra forma (aunque, bueno, eso depende de la medida gubernamental de ataque a minorías con la finalidad de señalar a un enemigo en común para polarizar a la sociedad).

Supongamos que un hombre o un grupo de individuos masculinos quisieran exponer las injusticias relacionadas con las mujeres que usan su papel de mujer para causar un daño. Si un hombre acusa a una mujer de un presunto acoso, se considerará débil. Si una mujer acusa a un hombre de acoso, se le considerará víctima. ¿Vio la diferencia en el planteamiento de las situaciones? ¡Exacto! Cuando una mujer expone un caso de violencia de género por parte del hombre, es algo tomado casi instintivamente como cierto; mientras que si un hombre expone un caso de violencia de género por parte de una mujer, es un caso de la vida y ni modo, ¡compórtese dignamente que parece niñito cagón!

¿Qué tiene la mujer que todo lo que diga en contra de un hombre puede tener una consecuencia injusta y negativa en contra del varón de quien dijo algo? Pues solamente que tiene vagina. O sea que tener vagina es sinónimo de credibilidad en contra de tener pene, que es sinónimo de ser abusivo, estúpido y enfermo. ¿Que no es así? ¿Qué en realidad confrontamos una sociedad cada vez más consciente? ¡Pero si en su mayoría la gente no se da cuenta que están abusando de ellos! Llegan estos líderes carismáticos (y no me refiero a políticos por fuerza, puede ser un amigo, un maestro…) y todos creen que por decir palabras bonitas a un sector específico ya es un apoyo de feminismo. Así como se habla de micromachismos, bien podríamos hablar de suprasexismos (un acto disfrazado de un discurso en apariencia de justicia, igualdad o equidad social pero que va encaminado a perpetuar los actos de misoginia o misandria) o de, obvio, antifeminismo (no es lo contrario al feminismo, sino la teoría feminista malinterpretada, digo, es una propuesta, por si le molesta hembrismo o femimbecilidad).

El problema es que como soy hombre pues todo lo que digo está automáticamente mal y es incorrecto, es estúpido, y es faloheteropatriarcacentrista. Sólo por ser hombre soy fálico, y todo me es fálico y creo que el mejor gobierno es del falo. No tengo un criterio porque sólo hay falo en mi horizonte cultural. Las mujeres no. Son libres, son inteligentes y, sobre todo, son víctimas.

¿Verdad que ese último párrafo estuvo muy mamón? Se me dirá: Vaya, ¡qué mamerto!, pero qué mamón, qué-mamón, mamerto, mamoncísimo, mamucho, quema-mucho… pero el sol, no yo.