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A veces quedamos sorprendidos por nuestro actuar, pues bien sabemos que el elemento sorpresa es ese inesperado reencuentro, la extrañeza de un momento, lo que menos sospechábamos de nosotros mismos y lo que más nos fascina es que llegamos a actuar de la misma forma que habíamos perjurado nunca hacer. Pareciera que lo hacemos fruto de una sensación o emoción negativa, pues es ésta la que queremos eliminar, creemos que se irá solamente si hacemos algo distinto a lo que siempre hacemos, o sea, de esa forma que no queríamos. Justo al llegar a su casa, luego de hablar con aquella mujer de luto junto a las dos tumbas que no representaban más que una memoria, el detective lloró amargamente la pérdida de ese niño que si bien, no era el suyo, bien pudo haberse engañado más con él y pensar que era el repuesto. No le dolía la pérdida de un ser humano entrañable, sino el recuerdo que éste le traía. La vana ilusión que éste le proporcionaba. Al tranquilizarse, pero con los ojos aún enrojecidos, hizo la llamada. Al menos, al recordarlo, durante ese acto de llamar tenía la mente en blanco, quién sabe, tal vez tememos a aceptar que hacemos ciertas cosas conscientemente a pesar por haberlas negado en un inicio. Es mejor pensar que las hicimos en un lapso mental de inconsciencia a aceptar el verdadero peso de nuestro acto. La llamada fue concisa, solamente la información necesaria: ¿Quién es? ¿Por qué llamas? ¿Dónde nos vemos? ¿Cuándo? ¿A qué hora? ¿Irá alguien más? Nos vemos ahí. El secretario de seguridad también llevaría a alguien. Se verían en un lugar público para no levantar sospechas. El detective iría con el adulto joven pues, un poco de tiempo después del entierro, ambos estaban las noticias comentando no sin antes decir que el adulto joven había asistido al funeral de su madre. Resultó ser la muerte de la empatía en un aumento escalonado de asesinatos no premeditados, sino indiferentes. La gente dejaba morir a los demás, pues el sentimiento del deber, al que ahora el gobierno apelaba para contrarrestar el valemadrismo generalizado, no estaba siendo tan efectivo. Eran asesinatos grises, era el nuevo término, porque no eran culpables directos, sino circunstanciales: dejaban morir a la gente porque no la ayudaban en el momento de necesidad. Así pereció la madre del adulto joven: en la necesidad de alguien más. La noticia que más era de su interés y lo que en realidad los hizo reunirse fue que el papá del niño de secundaria fue al hospital donde estaba el maestro en estado crítico y lo mató, pues no había defendido a su hijo, no lo había ayudado, lo dejó perecer en la flor marchita de su edad. Dicen que metió un tubo con gasolina en la herida de bala y lo encendió en fuego, que no se fue del hospital, que ahí se quedó para verlo arder hasta que llegaron las autoridades pertinentes para llevárselo. Debemos justificarlo, pues cuando le quitan la vida a uno, lo que se hace en la realidad, poco es. De la mujer no había tenido noticia nadie, no había estado en su casa, incluso cuando el adulto joven insistía en contactarla. No estaba. Los rumores comenzaban a correr en la ciudad, en todas las de la nación, y es que decían cosas sobre la creación de centros de rehabilitación especializados. Resultó que algunas personas, a pesar de que a la mayoría regresaban los abstractos que habían sufrido atentados, ya no lo sentían de vuelta, había algunos que ya no sentían pereza, ni la más mínima; a otros el pudor les era cosa de niño; y a algunos más la empatía les era innecesaria, totalmente superflua y no era motivo de llevar a cabo su vida. A ellos los llevaban a estos centros de rehabilitación. Eran forzados a ir en su intento de regresar a la normalidad en la nación: no podía haber un recuerdo de lo que se había perdido momentáneamente. Además, estas personas diferentes causaban estragos al mostrar a la demás gente, a la gente normal, a pesar de que podían llevar a cabo perfectamente su vida siendo distintos. Esto no era positivo. Estos centros de rehabilitación recibieron el nombre de campos emocionales, y eran una concentración cada vez creciente de gente de toda edad y raza, donde, dependiendo de su necesidad, era su tratamiento. Algo muy caro, obviamente, pero en pro de las necesidades de la nación, ningún gasto es excesivo. Pensaron, entonces, que ella había ido a uno de estos centros y que estaba tratando de encontrar la normalidad de su vida sin un hijo ya.

El detective, sin embargo, se mostraba escéptico ante la existencia de estos campos emocionales, pues sonaba a cosa de película: la concentración de gente considerada apestada para que los demás no se contagiaran de algo que no podía ser transmitido. Lo más curioso: todos entraban pero nadie salía. Demasiada casualidad, demasiada ficción; una imaginación en exceso desarrollada para la creación de eventos y cosas que no eran más que fruto de una necesidad de mejora continua personal y real. Entonces, comenzaron a llegar a las casas panfletos de propaganda firmadas por la resistencia, un grupo de rebeldes que buscaban dar a conocer los abusos del poder. Claro que eso era considerado absurdo, más que nada porque el gobierno estaba trabajando incansablemente para solucionar el problema, y no únicamente eso, sino que según los medios oficiales de comunicación, tenía, el gobierno, los índices de aceptación más altos en muchos años. Estos rebeldes, sin embargo, habría de aceptárseles que no estaban con jueguitos y no se autodenominaron de forma irrisoria como generalmente tienden a hacerlo: estaban concentrados en un cambio que la anarquía les permitiría hasta cierto punto. No veamos, como la falta de juicio nos inclinaría a hacer, a la anarquía como un abrupto rompimiento de una norma; es, más bien, la creación de una norma conforme a las necesidades determinadas por las condiciones de un espacio y tiempo específicos. Todo con la finalidad de ofrecer un cambio positivo de bienestar que la regla anterior no podía proporcionar. Estos grupos rebeldes no adoptaron nombres como la Honorable Liga de la Justicia, los Justicieros, la Respetable Unión Pro Vida, Partido Contrario Universal, Movimiento Social que Ayuda, Movimiento por los Viejos Tiempos, Salvemos al Mundo, Emocionismo, Sentimentalismo, Movimiento de los No Indignados, Movimiento Pro Emociones, la Revolución de los Muertos. Los Apellidistas habrían de venir un poco después. No, se llamaban, simplemente, la resistencia, o los rebeldes. Tenían dos objetivos primordiales: uno era exigir la libertad de los presos emocionales o sentimentales, y el otro era demandar la acción del gobierno, una clara y eficiente, a la falta de emociones, pues éstas morían vertiginosamente y tardaban mucho en regresar. Era, para el sudor helado de los gobernantes, el primer movimiento en años que no tenía matices: todos los rebeldes, toda la resistencia concordaba en esos únicos puntos.

Ambos se dirigían al café.

Desde que la abstracto-fealdad le dijo de la ridiculez de su plan, él había decidido seguirla a pie de la letra, pues en la obviedad de un acto lo que menos habría eran sospechas de un acto contrario deliberado. Se salvaría: Dicen que estabas con personas en un café, charlaban sospechosamente, Solamente salí con amigos, El detective estaba ahí, y él no es tu amigo, Tal vez lo convenza de que nos ayude, Pero había desconocidos, nadie puede saber de la información que aquí tenemos, Primero recupero la amistad, luego me enfoco en el trabajo.

En el camino, el detective buscaba alguna estación de radio con música, pero predominaban las de noticias, o incluso los espacios vacíos, un zumbido desquiciante, pues esas estaciones ya eran inexistentes. Curioso que con ese zumbido confirmaban aún más su previa existencia: el hecho de que o estuvieran ahí, remarcaba que alguna vez estuvieron. Por alguna razón las quitaron.

–Pareciera que no quieres informarte de lo que sucede en nuestra realidad, mi buen detective.

–Como te había dicho, a donde vamos, tendremos información de primera mano, no las noticias, que bien sabes, dicen solamente lo que les conviene.

–¿Estás seguro de con quien vamos me aceptará en el equipo?

–Si me quiere trabajando con él, no tiene de otra. En realidad, quien debería preguntarse de verdad si quiere ser parte del equipo eres tú. Aún estás a tiempo de rechazar esto. No serán un montón de dimes y diretes, de chismes y juegos: nuestras vidas podrían estar en peligro. Puede que, justo ahora, lo estén.

–Sabes lo que dicen: es un sentimiento del deber. Es increíble como algo con lo que viviste toda la vida de repente desaparezca, pero al menos siento que no lo hago por puro coraje, de verdad siento que estoy centrado y es objetivo mi actuar.

Claro que hay que tomar en cuenta que el hombre casi nunca toma acción en su deber social hasta que se ve directamente afectado, por más que tratemos de justificar nuestra falta de acción, porque la felicidad radica en justificar fácilmente lo que sabemos que es malo y que está mal, pero tratar de cambiarlo es lo que nos causa dolor de cabeza.

–El amor produce guerras, el deber la muerte de uno solamente: la propia.

–Aun así, ya vengo contigo.

–Podría pedirte educadamente que salgas de mi auto.

El adulto joven lo vio y dijo concluyente y sonriendo:

–No, no lo harías. No hay problema, sin embargo, con que recuerde mi empatía, así como el pudor y la pereza, no tengo por qué preocuparme.

–¿Por qué dices eso?

–Pues por eso de los campos emocionales o sentimentales.

–¿Crees que son ciertos?

–En primera instancia, es solamente un excelente movimiento de ajedrez político.

–Explícame eso.

–En tiempos de crisis, la mejor forma de sacar adelante a una nación es por medio de la unidad nacional, o en segunda instancia, el nacionalismo, mi buen detective. Eso y las guerras, pero éstas se reducen más a reactivar la economía, y es otra onda. Son dos formas de lograr unidad, a mi parecer: la que se logra a través de la educación, que solamente se logra a través de los años y con una inversión de recursos muy alta; y la segunda forma de unidad, es la creación de un enemigo común, que es casi automática. El gobierno crea un enemigo común y la gente se une en su contra. Ejemplo los hay muchos, y hasta puestos en práctica con más y menos efectividad: contra homosexuales, creyentes religiosos, narcotraficantes, inmigrantes ilegales y más. Nuestro enemigo impuesto ahora son los no-emocionables o los no-sensibles. También los rebeldes, la llamada resistencia. Habríamos de ver qué tal le funciona esta táctica al gobierno.

Pensó el detective que, si con estas claras ideas el adulto joven sigue, entonces será un muy buen compañero de trabajo.

Llegaron al café acordado, y desde la entrada, el detective vio que no había cambiado en casi nada: seguía usando esos trajes poco prácticos que lo hacían sudar a montones, sus zapatos estaban tan limpios y boleados que parecían nuevos, tenía su corbata roja y una mirada penetrante. Luego de ambos pedir una bebida, fueron hacia la mesa donde él y la mujer estaban. Los viejos amigos se encontraron con la mirada, un silencio tiñó el día soleado en un bochorno, la incomodidad era una afrenta de días y tiempos pasados, un recuerdo incómodo del porvenir doloroso anticipado, una pena de parálisis mental, un nubarrón impráctico e incesante. El detective quedó de pie junto con el adulto joven, mientras que el secretario de seguridad veía a su antiguo amigo con un gesto parecido al de la piedad. La mujer salió al desquite y rompió el hijo que se había florecido de momento: carraspeó ruidosamente la garganta y así la tensión se vino abajo.

–Una disculpa –dijo el secretario de seguridad–, ella es…

–Ya nos hemos conocido, señor secretario de seguridad; o al menos, algo parecido –dijo la mujer.

El detective la vio: la que fue jefa del periódico ahora iba con el cabello rubio y ondulado hasta el cuello, con pantalón de mezclilla y una sencilla playera. Evidentemente no usaba sostén y sus apremios femeninos hacían notar que de usarlo, estos darían vida al sostén. Sus facciones, que denotaban un rostro que podríamos considerar bello y maduro, eran las que le daban una especie de dureza incomprensible. Un rostro elegante y adulto, pero con un indicio de lujuria. Y es que, debemos admitir aquellos que consideramos a la mujer la culpable de nuestros deseos: las hay las mujeres bellas que inspiran los versos más hermosos en los amaneceres soleados, los hay las que inspiran las pasiones que se arrastran desde los más recónditos abismos de las almas en pena, y las hay las que mezclan ambas veleidades. A éstas las podemos considerar las más poderosas. Son hermosas, sí, pero al mismo tiempo, intimidantes, pues sus ojos son como los de todas las mujeres: no sabemos lo que quieren decir.

Ahora podemos, por fin, anunciar lo que esperábamos conocer desde un inicio, incluso celebrar pues hasta ahora hemos sido testigos de innombrables acontecimientos propios de lo irreal, pero que nos han parecido más verosímiles que la vida misma. Bien podría ser por la falta de información acaecida por la ignorancia propia del redactor que decidió hacer parecer todo un secreto para ocultar su ignominia, o porque ya sabía lo que sucedería hasta el final de la historia pero decidió guardar el hecho clave hasta el momento oportuno. Pues bien, ahora sabremos la razón de lo que acontece en este verídico testimonio:

–Nos conocimos en el funeral de mi hija, que hicimos en conjunto con el del niño que desapareció.

–¿Era algo de ustedes? –preguntó el secretario de seguridad.

–Alguien muy querido –dijo el adulto joven con su temblorosa voz.

–¿Y él quién es? –luego preguntó al detective.

–Mi ayudante.

–Supongo que sabe en lo que se mete –dijo viendo al adulto joven como el maestro que advierte al alumno.

–Espero que ellos sepan con quién se meten –contestó jovial y casi quitado de la pena, cosa propia de los impulsivos jóvenes.

–Bueno, pues… adelante, siéntense.

Así lo hicieron los recién llegados.

–Lo que están a punto de saber –dijo el secretario de seguridad sin rodeos innecesarios– es información en extremo confidencial, de modo que si quieren conservar sus cabezas, será mejor que de aquí en adelante mantengan la boca cerrada.

Recordemos también que hay muchas formas de perder la cabeza, no es necesario morir para sufrir. Perder la cabeza por perder a nuestros seres amados es peor que perder la cabeza físicamente. Pero eso no lo dijo el secretario de seguridad, era un comentario fuera de lugar y bastante soez, pero el lector bien puede soportar las crudas verdades de la vida real.

–Curioso lugar el que han elegido, entonces, para revelar tan valiosa información gubernamental –dijo el detective.

–Al menos podré decir que salí con amigos, detective, hay formas de mentir, y supongo que ésta me da muchas facilidades para cubrirnos el cogote.

–¿Salir con amigos en medio de esta crisis? –dijo el detective casi burlón.

–Si supieran lo que hacen los políticos en las crisis… creo que es cuando más se enriquecen.

Verdad cruda que sí tenía lugar en la conversación.

–Okey, entonces comencemos. ¿Qué pasa en nuestra loable nación? –dijo el adulto joven casi ansioso.

–Ella les dirá. A veces a hasta siento que sabe más que el mismo gobierno. Al menos, sabe más de lo que yo sé.

–Tal vez les parezca que esto es digno de novela, pero les diré ahora que nuestra realidad supera la ficción. Y todas las demás.

–Pero la ficción mejora la realidad, por eso es el mejor acto rebelde –dijo el adulto joven.

–Dejaremos la teoría literaria para otra ocasión.

Su voz, vio el detective, era algo rasposa y grave, pero un complemento casi ideal y, bueno, no es que haya visto la voz en realidad, pero ver, en esta ocasión, tiene un significado más parecido al de entender, al de darse cuenta. Dejemos que ella continúe, y así la narrativa también.

–¿Ustedes alguna vez se han preguntado si las emociones y los sentimientos existen?

–Claro que existen –dijo el adulto joven sin pensar–, son parte inherente del ser humano.

–Yo me refería a si existen físicamente.

–Bueno, no, por eso son abstractos. Abstracciones.

–Oficialmente se les conoce como abstracciones. Son, o eran, seres humanos que de alguna u otra forma se han vuelto… algo más.

Todos guardaron silencio. Ella para dejarlos asimilar la información, ellos para invitarla a que siguiera.

–Se vuelven abstractos, es decir, su vida es una de las tantas emociones, sentimientos o conocimientos humanos. El abstracto-pereza, por ejemplo, es la pereza que sentimos; el abstracto-amor, es el amor que sentimos a los demás, y así con todos los demás.

–¿Todos los conceptos tienen un abstracto? –preguntó el detective.

–Así es.

–Pero todos los conceptos que conocemos son abstractos, no el significado, sino el significante, para dejarlo en lo más básico. No vayamos con trinomios, el binomio es más que suficiente. Lo que dices quiere decir que también hay un abstracto-perro, así como un abstracto-café, un abstracto-ciego, un abstracto-infierno… ¿cómo puede ser?

–Interesante teoría que debería ser debatida por los filósofos conocedores del tema, o al menos los que puedan imaginárselo. Negar o confirmar tu teoría me es imposible.

–Al menos, lo que nos preocupa por el momento, son los abstractos relacionados a la raza del hombre –dice el secretario de seguridad–, a fin de cuentas, son esos los que están bajo ataque.

–¿Por qué?

–Al momento de volverse abstractos, tienen el poder de cambiar en masa las emociones o sentimientos de la gente, incluso su conocimiento. Uno pensaría que los grandes movimientos y guerras de la historia fueron meramente circunstanciales, pero si lo hubiesen sido, tanto las guerras como los movimientos de paz hubieran sido igualmente determinantes, y no fueron movimientos de paz los que modificaron límites territoriales, poderíos internacionales y naciones preponderantes –continuó la mujer–. Así como en tiempos de guerra, es el odio el que impera; en tiempos de paz es que lo hace el amor. Pero el amor es peligroso, por eso el gobierno mete mano.

–¿Esto es una especie de conspiración mundial para mantenernos bajo control? –preguntó el adulto joven.

–Peor: para darse ellos mismos el control.

–No entiendo cómo ellos, con estos abstractos, pueden controlarnos –preguntó el adulto joven porque el lector no lo podría haber hecho.

–Algo que deben saber antes de explicarles esto, es que el mundo de los abstractos se guía por su opuesto, pues sin el contrario, no sería posible concebir. No hay blanco sin negro, no hay arriba sin abajo, no hay amor sin odio.

Preguntaríamos, entonces, ¿habría dios sin diablo?

–Entre más uno existe, el otro igualmente.

Pero será mejor que no interrumpamos a la mujer, no vaya a ser que perdamos el hilo de la conversación y nos quedemos con más preguntas que respuestas.

–Les pongo un ejemplo sencillo: el abstracto-pereza, al primero que mataron, era la persona más trabajadora de todas. El bebé que luego fue el mismo, dicen que nació prácticamente solo y que nunca dormía. El abstracto-pudor era el exhibicionista más empedernido de todos. El abstracto-empatía era la pura imagen de la indiferencia. Y entre más sean el opuesto en sus vidas, el ser humano siente más arraigado el sentimiento o la emoción en cuestión; entre más exhibicionista el pudor, más recatado el hombre. Entre más indiferente la empatía, más pensaría el hombre por sus parecidos.

–Comprendo –dijo el detective–, por medio de sus contrarios, confirman en el hombre lo que son.

–Así es –dijo la mujer–. Ahora, respecto a su pregunta: si a un abstracto se le obliga a hacer en algún nivel lo que son en el hombre, es el hombre quien lo deja de sentir, y si algún abstracto es obligado a hacer totalmente lo que son en el hombre, muere. En sí, no pueden morir por medios violentos, solamente haciéndolos actuar en su contraparte. Los abstractos que han muerto, ha sido porque les hicieron ser lo que son en el hombre. El abstracto-pereza, en las dos ocasiones, fue por hacerlo descansar sin necesidad alguna. El abstracto-pudor murió porque lo hicieron cubrirse. El abstracto-empatía murió porque lo hicieron sentir lo que otra persona sentía. Las guerras o movimientos sociales son porque a determinados abstractos los obligan a actuar de cierta manera para modificar lo que la gente siente en masa. Lo hacen generalmente los gobiernos por medio de tortura. Se les obliga a ser lo que son en el hombre, y así repercuten, así controlan.

–En este caso, el primordial sospechoso es el gobierno –dijo el adulto joven.

–El gobierno no tiene más razón de sospecha que ningún otro. De hecho, el gobierno los protege porque de ellos depende su poder –dijo el secretario de seguridad.

–Nadie es inocente en esta situación –dijo el detective.

–No, nadie lo es, pero cuando de poder se trata, ellos son los primeros en actuar defensivamente.

–Okey, entonces, ¿tenemos siquiera algún sospechoso? –preguntó el detective.

–Sí, tenemos dos: los abstractos y los no abstractos.

–O sea, todos.

–El problema es que yo no puedo investigar a los abstractos –dijo el secretario de seguridad.

–¿Por qué?

–Si te dijera te mentiría, porque no sé. Fueron órdenes directas del presidente de la nación.

–Yo sólo vi un comunicado donde amenazaba a todos –dijo el adulto joven.

–Y en el comunicado lo dijo implícitamente, imagínate cuáles fueron sus verdaderas palabras.

–Entonces no comprendo cuál es nuestro papel aquí –dijo el detective.

–Yo seguiré investigando a los que no son abstractos, mientras tú investigarás a los abstractos directamente.

–Eso suena a ilegal.

–Todo será por debajo del agua, sí, pues me tienen vigilado. No puedo moverme. Tengo las manos amarradas. Tú no, tú algo podrás hacer.

–Siento que estaré en continuo peligro.

–Yo ahuyentaré al peligro lejos de ti.

–No sé quiénes son los abstractos, no sé dónde viven, no sé por dónde empezar… supongo que todos están en el país.

–Sí, todos aquí están, por eso la traje a ella. Deberán estar en continua comunicación, ella te ayudará con cualquier información que necesites.

–¿Por qué todos los abstractos están aquí? ¿Por qué mantenerlos a todos aquí? ¿Por qué no llevarlos a otro lado para que estén seguros? –preguntó el adulto joven.

–En el momento en que salgan de aquí, morirán en la persona, e irán a parar en otra, dentro de aquí. Se conoce en gnosis, nuestro país, como el cuerno de la abundancia. La raza cósmica son ellos. No pueden salir. Aquí es donde decidieron estar, y lo que aquí nació, aquí se queda.

–Entonces –dijo el nombre de la mujer, el adulto joven–, la gente que se vuelve abstracto, en un inicio son seres humanos, quiero creer.

–Así es. Cualquiera está en posibilidad de volverse un abstracto.

El detective guardó silencio y luego dijo al secretario de seguridad:

–Y si llegamos a descubrirlo, ¿qué procede?

–Ella aún tiene contactos con medios de comunicación dispuestos a cooperar.

–¿Sin permiso de papá gobierno?

–Es el último con quien contamos.

–Esto suena a revolución.

–En realidad, es la gestación de una –dijo la mujer.

–Yo me pregunto una cosa –dijo el detective viéndola a los ojos–, conozco tu trabajo, te conozco un poco; sé de tus nexos y con quien te llevas, sé lo que sabes y lo que no. Me gustaría saber lo que sigue: ¿cómo es que descubrirás todo lo que yo necesite para poder entrar en acción? Viéndote a ti como la parte intelectual y yo la parte práctica.

Ella lo vio con una media sonrisa.

– Las mujeres tenemos nuestros medios para obtener lo que queremos, así como los hombres tienen los suyos; sin embargo, hay una diferencia: los medios de nosotras, las mueres, siempre funcionan, siempre logramos lo que queremos, siempre alcanzamos nuestro objetivo. ¿Por qué?, me preguntará. Bueno, pues, no funciona nuestro mundo conforme a cuántas cabezas tengamos, sino conforme a quién la usa mejor.