Rebelar no es lo mismo que revelar, y a pesar de su diferencia, ambos pueden ser la metáfora, el lenguaje retórico el uno del otro que podría tener hasta cierta poesía en su uso, un juego, como quien dice, buena onda. Rebelar significa sublevarse ante el tirano, ante aquel que, con su normatividad impuesta, ataca simbólicamente pero, sobre todo, físicamente. Al menos eso en América latina. Revelar, en cambio, aplica cuando queremos mostrar lo que estaba escondido, aquello que no se veía, y ahora se muestra. Lo digo porque yo, al escribir mis novelas, suelo tener problemas al diferenciarlos al momento de estar en sumergido en mi propia ficción. Claro es que al momento escribo como sea, ya luego que leo me enfoco y cambio las palabras para su uso correcto. Ahora, ¿cuál sería la relación entre ambos? Que el rebelde, revela una nueva realidad o paradigma con su actitud.

De que el rebelde debe mostrar una inteligencia un poco más trabajada que el que no lo es, es natural. Ahora, no confundamos a un rebelde con un seguidor. El seguidor puede secundar al rebelde, el rebelde quiéralo o no tiene aptitudes de líder. El seguidor puede tener la misma finalidad que el rebelde pero eso no lo vuelve uno. ¿Qué tiene el rebelde que no tiene el seguidor? Un criterio ampliado, un equilibrio entre lo que pareciera estar bien y lo que pareciera estar mal. El rebelde sopesa ambas situaciones para conformarse un criterio, el seguidor opta por tratar de alcanzar una finalidad (dirigida o no por un rebelde) porque eso va conforme a sus intereses o preferencias.

Ahora, un mamador es una persona que dice hacer algo o presume que así lo hace pero, en realidad, solamente quiere aparentar. El mamador gusta de hablar para que la gente se dé cuenta de eso, de lo que lo vuele alguien remarcable, pero en realidad no tiene una base sólida de creencias, actitudes, aptitudes y, la gran mayoría de veces, no cuenta con un criterio respecto a las situaciones con las que se topa.

Hemos conocido, todos, al menos a un rebelde mamador, o al menos a uno en potencia. Claro ejemplo es el estudiante rebelde mamador. Cuando estamos en la escuela y la figura de autoridad es el maestro, y tenemos al alumno que se le pone, como quien dice, “al tú por tú” pero con la clara finalidad de molestar. Un rebelde no tiene la finalidad de molestar solamente, sin embargo, sus actos sí conllevan el malestar de un sector social. Yo recuerdo que cuando era estudiante, sí llegué a tener confrontaciones con profesores; en especial con el que fuera mi coordinador de la carrera. Hubo una situación compleja que se originó en bullying (sí, bullying universitario) y como él y yo teníamos perspectivas diferentes, pero ambos con una base sólida por defender; pues lo más lógico era la confrontación. Tanto él como yo nos sentimos incómodos, sin embargo, tuvimos la suficiente madurez para tratar el tema (que sí creció bastante) y al final acabamos reconciliándonos y respetándonos mutuamente, y mucho. Admiro mucho al ya doctor. La cosa aquí es: sí, ponte al tú por tú, pero con una base sólida, no solamente porque quieres que te vean.

Hoy en día es muy común ver que las instrucciones que se originan en instituciones de gobierno sean desobedecidas porque, eso cree nuestro rebelde mamador, eso le da un estatus “intelectual” que no tendría si no desobedeciera. Entonces, tachar que todo lo que hace o dicen las estructuras gubernamentales como mentira o como falsas, cree que le da superioridad sobre los que no lo creen así, aunque eso conlleve una consecuencia negativa tanto a él como a los demás. Solamente por desobedecer, el mamador cree que muestra una inteligencia superior a la promedio. Habríamos de decirle “perro que ladra, no muerde”. Así que, pues, si pensamos que por no hacer caso a las normas planteadas por una razón específica, nos vuelve rebeldes, en lugar nos hace mamadores, pero de eso no nos damos cuenta porque es un golpe para nuestro ego.

Un ejemplo práctico podemos ver aquí, y ni siquiera es necesario irnos muy lejos. ¿Por qué considerar a Pancho Villa un héroe de la Revolución Mexicana cuando mató y tuvo tantos hijos a lo largo del territorio? Bueno, este rebelde ayudó a liberar una nación. Bajo su momento histórico, él logró lo que él consideraba correcto, tanto para él como para su gente. Un tanto igual, sin el mitote del “macho”, podemos decir de Emiliano Zapata. Sin embargo, no consideraríamos héroe a un ser como Antonio López de Santa Anna, que en su gran necesidad de demostrar su gran valía y su enorme potencial, le hizo honores fúnebres a pedazos desprendidos de su cuerpo. ¿Qué necesidad tenía de que todos nos arrodillarnos ante su pierna? Exacto: el ego mamador.

Y esto es más que visible en historias de ficción. Véase Joffrey Baratheon de Canción de Hielo y Fuego que a todos gritaba con sus actos de barbarie que él era el rey. ¿Como para qué? Exacto, el mamador grita, aulla; pero no ayuda.

Hoy en día, los mamadores creen que son rebeldes por muchas cosas: por salir de vacaciones, ir con la tía, la mamá, la abuela, al cumpleaños; decirle a los maestros que son (somos) una sarta de huevones por no trabajar bien en clases presenciales; que los maestros solamente dejan tareas y eso no es dar clase; que se exagera por un bicho que se muere solamente con agua y jabón; que el pobre lo es porque quiere; que son importantes para los demás y por eso son en centro de atención… bueno, usted podrá poner muchas cosas más, porque conoce a muchos rebeldes mamadores, seguramente, porque ellos no solamente dicen cosas para ser vistos, sino que llevan acciones contrarias a una norma establecida para ser admirados.

Sí es cierto que por el gobierno que tenemos, es normal desconfiar, y a veces hasta lo correcto; y también está bien sentirnos orgullosos de nosotros mismos porque es cuestión de autoestima, sin embargo, el rebelde no quiere ese reconocimiento inmediato, es más, pareciera que su naturaleza es la de no querer dicho reconocimiento. ¿Qué tan vacíos debemos estar para que lo externo supla lo que nosotros mismos, hacia nuestro interior, no podemos proveernos? Hay que saber elegir las peleas, hay que ver los dos lados de la moneda, hay que confrontarnos con aquello con lo que no estamos de acuerdo para, ahora sí, levantar tantito la voz. Pero poquito, no vaya a ser que se le reconozca de más por estar de mamador, y peor: que con su rebeldía, a todos nos lleve a, no a un cambio a mejor, sino al carajo.