La libertad de expresión es algo de lo que todos podemos hacer gala sin ningún tipo de censura. Decir lo que nos gusta, lo que no, lo que nos parece correcto, lo que no, lo que debería ser, lo que no, informar, opinar, discernir, intercambiar, discutir; todo está permitido… pero como todo en la vida, tiene ciertas pautas que ayudan a que sea más eficiente este intercambio de ideas que se llevan a cabo en aras de la libertad de expresión. Como todo en nuestra sociedad, necesitamos reglas, pues sin las mismas, no existiría la libertad como tal. Recordemos que ser libres no es hacer lo que nos venga en gana, sino hacer voluntariamente aquello conveniente para uno mismo o para la sociedad sin afectar la libertad de terceros. Cuando se afecta la libertad de terceros, entramos en problemas. ¿Quién es experto en afectar la libertad de terceros, específicamente hablando de cuestiones de libertad de expresión? El intelectual mamador.

Ya habíamos visto que el rebelde mamador solamente hace cosas para llamar la atención, no porque tenga una ideología que lo haga entrar en acción; así, pues, el intelectual mamador disfraza su discurso absurdo de hecho sustancial e irrebatible pero sin que así lo sea. Cree que tener una opinión personal es igual a tener una razón justificada, y no contento con ello, lucha para que todos se enteren de lo que llega a proferir ya sea por medio de su boca hedionda o a través de sus dedos artríticos en medios de comunicación.

¿Cómo detectar a un intelectual mamador? Pues aquí una muy breve guía al respecto.

En primer lugar, cree que su opinión tiene el mismo peso que una ideología establecida, una investigación rigurosa o la experiencia que da la práctica y el tiempo. El intelectual mamador tiene un slogan, y es el de “no es necesario ser experto para…” y cualquier otra frase que resulte de esta ya mencionada o que quiera decir que sin importar el nulo conocimiento respecto a un tema, se puede decir lo que sea. Y no sólo eso, sino que por el hecho de dar a conocer su opinión, ya por eso tiene el mismo peso que lo tendría un experto en el tema, un estudiado, un letrado, un practicante. El intelectual mamador tiene, ipso facto, la misma autoridad en temas de medicina que un doctor, en temas de discursos que un letrado, en temas de construcción que un ingeniero, en temas de política que un humanista. No necesita estudiar ni informarse, porque su opinión es más que suficiente. No necesita comprobar nada, porque su opinión es razón, base y justificación. De hecho, un intelectual mamador no puede profundizar en su opinión porque no es necesario: todo lo que sostenga es una verdad absoluta que se sostiene por sí misma, por eso no hay necesidad de argumentar más profundamente.

En segundo lugar, un intelectual mamador toma las características que personalmente cree más convenientes de una ideología dada y eso es suficiente para tener la razón per se sin importar que caiga en malinterpretaciones. Pongamos un ejemplo para iluminar correctamente este punto. Supongamos que al intelectual mamador le parece injusta la contaminación del planeta, sabe que la producción de tintes para la industria textil son en extremo nocivos para la salud del medio ambiente; sin embargo, no le gusta el color verde, así que usa esa información para decir la siguiente norma: el color verde no es tan ecológico como parece porque los colorantes de ropa son muy dañinos para el medio ambiente, así que el verde no es el color de la naturaleza. ¿Dónde está la justificación de esta barbaridad? Pues no sabemos tampoco nosotros, pero sí sucede. Digamos que el intelectual mamador cree que el comunismo es malo, porque en su burbuja epistémica, siempre ha vivido en su muy menguada opulencia y no se ha permitido investigar en qué consisten las teorías económicas ni a sus representantes. Así, pues, tomando en cuenta que algunos países se han declarado comunistas en el pasado y que acabaron en dictaduras autoritarias, ellos sostendrán sin dudar un poco: el comunismo no es sostenible porque sólo acaba en autoritarismo, por eso no es un buen modelo económico, porque ni siquiera se puede llevar a cabo en nuestra sociedad, es imposible de aplicarse a la práctica; eso a diferencia del capitalismo, que sí es aplicable, si no, no sería la forma económica de los países hoy en día.

El intelectual mamador siempre tendrá la razón, y si usted no lo cree así, no importa, porque usted está mal y él no. Cualquier información válida que le pueda dar para refutarlo, en realidad no sirve porque no es lo que él piensa. Recordemos que el intelectual mamador es un genio en cualquier área del conocimiento humano en sí mismo, por lo que su opinión es irrefutable y norma a seguir por los demás.

Lo ideal al encontrarse ante un espécimen como el ya descrito es, al igual que con todos los tipos de mamadores, retirarse. El intelectual mamador, aparte de que le hará notar que no piensa igual que usted, tampoco va a dar lugar a un diálogo civilizado, le va a hacer notar que no está de acuerdo con usted y no lo va a tratar de convencer, solamente le va a decir que, en su opinión, usted está equivocado totalmente y no hay sentido en seguir en un posible intercambio de ideas. No se puede convencer a un intelectual mamador.

Si usted, en cambio, no desea caer en esta categoría, hay unos pasos simples, muy sencillos que puede seguir. No importa el orden en que los haga, solamente que los haga:

  • Antes de informar sobre su opinión, infórmese de todos los puntos de vista de una cuestión, sea la que sea esta; en especial, infórmese de los puntos de vista opuestos al suyo para poder generar un criterio general respecto a un tema. No vaya a decir algo que sea poco afortunado.
  • Debe saber que hay una marcada diferencia entre una opinión personal y un hecho objetivo (objetividad que se da de acuerdo a la perspectiva). El hecho de tener un punto de vista, no le quita la habilidad para admitir algo opuesto al mismo. Por ejemplo: si no le gusta el reguetón pues en su opinión es música negativa, puede admitir que es divertido bailarlo en fiestas cuando el alcohol ha afectado su sistema nervioso sin que por eso deje de parecerle nefasto y sin que tenga que dejar de divertirse. Una cosa no impide la otra.
  • Es completamente válido cambiar de opinión o de punto de vista con el tiempo. No se case con algo, déjese fluir, y si al fluir es necesario modificar una perspectiva que antes se tenía, ¡enhorabuena!, está usted aprendiendo.
  • No se enoje si alguien tiene una opinión diferente a la suya, este es el punto más difícil porque se dará cuenta que aquellos que critican no cumplen estos válidos y necesarios puntos. Mejor haga algo que le gusta y que lo distraiga de ese intelectual mamador.
  • Si hay alguien que busca un debate, acepte siempre y cuando haya cumplido con estos puntos. Si no le interesa debatir, está bien también.
  • No trate de convencer a nadie a menos que ese nadie tenga presteza a modificar su pensamiento pero, sobre todo: no impida que los demás gocen de lo que les gusta. Usted también tiene cosas que más lo entretienen, enfóquese en esas. No ande de mamador.

Ahora sí, está advertido de esta subdivisión de este tipo de individuos. Puede seguir viajando por la basta red de internet. Hasta la próxima.