El graciosito mamador

Entre las cosas que más disfrutamos hacer con nuestros allegados, una de ellas es la de poder decir un buen chiste. Seamos cuidadosos, sin embargo, pues las bromas, tanto como la cultura, resultan ser regionales, tan localizadas como las palabras que usamos incluso si es el mismo idioma el que hablamos. No es lo mismo una chaqueta en Europa que en México, no es lo mismo una concha en Argentina que aquí, en el mismo México, huerco, morro y niño son comunes en lugares diferentes. Así, pues, el humor no es universal, eso sería caer en un error tal y como dice Olallo Rubio con toda razón. Sin embargo, eso no tiene por qué demeritar una buena broma o un chiste local, algo que solamente comprendamos con nuestro mejor amigo (si es que tenemos uno). Por más políticamente incorrecto que sea, en el contexto adecuado, podemos llorar de risa por lo que sea y no está mal; sin embargo, hay que tener cuidado. No olvidemos el contexto, hacerlo sería caer en el terrible error del graciosito mamador.

En esta tercera entrega hacemos alusión a este común fenómeno que nació de la generación milenial y que las más actuales lo van puliendo más y más. El graciosito mamador es una persona que no sabe dónde ni cómo hacer reír a los demás sin dejar de causar incomodidad, no tiene la más mínima idea de que el humor es localizado y cree que lo que dice es lo más gracioso del mundo aunque sus receptores no sepan nada sobre lo que dice o hace. Este tipo de despreciables energúmenos son los que hacen spoiler sobre series o historias con la finalidad de hacerse notar porque en su casa no los pela ni el perro; claro que si alguien le hace spoiler sin haber sido esa su intención, obviamente no caería dicha persona en esta descripción. A continuación, un par de características del mismo para poder localizarlo y saber cómo tratarlo.

El graciosito mamador no tiene idea de lo que es la sátira (según la RAE [fuente de este y los conceptos que siguen], “Composición en verso o prosa cuyo objeto es censurar o ridiculizar a alguien o algo.”), el sarcasmo (“Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo.”, es un dicho indirecto con lo que se quiere dar a entender otra idea, también), la ironía (“Burla fina y disimulada.”), burla ( “Acción, ademán o palabras con que se procura poner en ridículo a alguien o algo.”), o ridículo (“Que por su rareza o extravagancia mueve o puede mover a risa.”). Esto quiere decir que el graciosito mamador no sabe lo que dice y no tiene interés en saber si lo que dice tiene un objetivo medianamente cómico. Esto no quiere decir que no es que cada cosa que diga no sea cómica, pero tampoco su contrario. La diferencia entre un cómico (fallido o exitoso) y un espécimen del tipo que tratamos en este texto, es que el mamador provoca incomodidad en lugar de risa.

El graciosito mamador generalmente usa la comedia como una forma de extrapolar o de desahogar penas que vienen de su inconsciente o de traumas de los que es medianamente conocedor. O sea que algo le duele, y para evitar el dolor, dice cosas o se burla de los que justamente adolecen de lo que él mismo sufre. Una persona que caiga en esta definición que se trata de explicar, casi siempre tiene como víctimas aquellos con los que siente una identificación, y generalmente se burla de cosas personales, no de lo que la otra persona sufra. Por ejemplo, si un individuo tiene inseguridades respecto a su físico, lo más probable es que se elija gente cuyo físico sea motivo de risa para él, pero no para todos. Agarrará cualquier característica de la víctima, sí, ya sea su estatura, peso, tono de piel y demás; pero lo que tendrá en la cabeza será esa característica particular personal. En muchas de las ocasiones, se burlan de esa característica personal en específico, así pues, si el graciosito mamador siente pena por su peso, se burlará de alguien cuyo peso sea, según él, motivo de vergüenza, tanto como el suyo propio.

En su generalidad, el graciosito mamador siempre tendrá un discurso pasivo-agresivo, esto quiere decir que su finalidad nunca será el de ofender, solamente el de echar un pequeño chascarrillo, el de pasar un buen rato. Sin embargo, no malinterpretemos a este mequetrefe: en realidad, tal vez, sea eso lo que busca, no ofender, sino hacer reír, pero no es consciente de que el efecto de sus comentarios o acciones son groseras o altaneras. El principal problema del graciosito mamador es que no sabe de contextos, no sabe que hay un momento, un lugar y compañía especifica para poder decir un chiste. Cree que el humor suyo es el de todos, que cualquier persona encontrará gracioso lo que dice; y, evidentemente, no es así.

Como es común con todos los tipos de mamador, el graciosito tampoco tiene idea de lo que sucede fuera de su muy reducida burbuja epistémica, cree que su muy limitada información es todo lo que se puede considerar o todo lo que se necesita conocer; así, pues, tampoco tiene el interés de pulir sus bromas ni llevarlas a un nivel mínimamente complejo. Entre más simple sea, mejor para él y para todos los que lo rodean, según él. Así que, a continuación, algunos puntos que nos ayudarán a no caer en esta deleznable categoría de subhumanos:

  • Infórmese antes de hablar y, sobre todo, antes de hacer un chiste. No diga cosas al aventón, al ahí se va, a la ligera; siempre sea consciente de lo que rodea a un comentario, de las consecuencias que puede llegar a tener, así como las malas interpretaciones que podrían resultar. Recuerde que si usted no cuida lo que dice, nadie más lo hará por usted.
  • Sea precavido y bromee donde pueda hacerlo, sea consciente del contexto, pues no es igual bromear con alguien del trabajo que con el mejor amigo que con la pareja. Es de suma importancia ver dónde estamos, con quién, qué nos trajo a estar juntos, cómo se está llevando a cabo la velada o la reunión. Recuerde: el contexto es sumamente importante para definir si algo es gracioso o no.
  • Aprenda a reírse de sí mismo antes de siquiera pensar en alguien más. Cuando uno rompe la barrera del egoísmo, se dará cuenta que hay muchas cosas que no valen la pena ser tocadas ni siquiera para un chiste. Si usted no es consciente de sus propios defectos, ya sean físicos o de su personalidad, no puede hacer notar los de los demás solamente porque sí; además, se dará cuenta que si bromea con algo personal, la gente alrededor reirá honestamente, lo estimarán, y recibirá la atención que busca.
  • No haga evidente que está desesperado: no grite, no empuje, no sobreactúe; todo depende del contexto, sí, pero no va a llegar a un funeral gritando alabanzas al Señor aunque estén en una iglesia, ¿verdad?

Acabamos con una muy atenta invitación a hacer un trabajo de introspección y de burla a uno mismo, y si algún graciosito mamador viene a incomodarlo, la mejor solución es ignorarlo, recuerde que buscan atención, así que la falta de esta es su kriptonita, su debilidad. No les diga nada porque se escudarán en que usted no tiene sentido del humor, que no querían ofender, y demás excusas rebuscadas. Ríase, pero no de ellos, a ellos téngales lástima.