Llevamos ya una hora sin movernos. Sintonizamos las noticias en la radio para saber lo que sucede, aunque ya sabemos que seguramente son manifestaciones. Hay algunas veces que hasta toman las calles y se quedan a acampar ahí. Así es el caso de uno de los viejitos más famosos de todos, de hecho, es el líder del movimiento “Por la gerontofilia”, y él es uno más de los afectados viejitos que no reciben suficiente estimulación sexual. Se habían mantenido en zonas aledañas a la casa de gobierno, en el centro de la ciudad, pero ahora se han movido a esta, una de las carreteras más importantes no sólo de aquí, del estado, sino de todo el país porque es una de las principales vías carreteras entre el norte y el sur. Se ha polarizado la sociedad respecto a cómo tratar estas manifestaciones, lo que sí es cierto es que en varias ciudades, no sólo de aquí de México, sino del mundo han causado estragos y en algunos países de Europa están causando verdaderos problemas pues son varios ya que han proyectado que su crecimiento anual se ha reducido en un punto porcentual, hay cadenas de alimentos que han cerrado por el desabasto y se está entrando en un punto crítico de qué hacer ahora. Hacen falta medidas más eficientes que las de transmisión y expresión, falta un diálogo real, y es que, dicen los manifestantes, que no se ha abierto un intercambio de ideas como tal, sino que archivan sus demandas y ya no los escuchan. Esta protesta, al parecer, es de los viejitos que, reclaman, las nuevas políticas del más grande promotor de las actividades consuetudinarias sexuales, La Hermandad, solamente está conviniendo a sectores selectos de la sociedad: los jóvenes, los que están que irradian belleza física. Las campañas están enfocadas a ellos, y las más grandes celebridades en todo ámbito que acaparan los medios de comunicación son jóvenes de cuerpos aún firmes y sin vello. Se rasuran, obviamente, en una alusión pedófila que es una de las parafilias más respetadas. Los jóvenes, todo lo tenemos, y me incluyo con orgullo. Según los viejillos se debe promover que la belleza está en el simple hecho de ser humano, un concepto que había caído en desuso y está tomando mucha fuerza actualmente. No hay respeto al sector de más edad de la sociedad y, de hecho, la mayoría de las familias llevan a sus abuelos a casas hogar de ancianos donde perecen entre sus propios desechos. Hubo, de hecho, un documental que causó cierto furor en el que con ayuda de cámaras escondidas, se adentraron a una de estas casas del terror y causó una indignación casi nacional al ver cómo se les privaba del mayor derecho de todos los ciudadanos: el del placer. Para acelerar su muerte, a las mujeres se les cocían los labios vaginales y a los hombres el ano para que se murieran en un caldo putrefacto de infecciones. Sin embargo, como es común en nuestra generación, duró poco el furor causado por este documental y cayó rápidamente en el olvido. No es cosa extraña: la cantidad de información que hay en redes, que es uno de los medios principales de comunicación, es demasiada. Leí que nosotros estamos expuestos a casi, hoy en día, diez mil anuncios. Nuestra cabeza está llena de sueños y esperanzas y eso evita que afrontemos y veamos la realidad tal y como es. Ese es el principal reclamo de las manifestaciones de los promotores de la gerontofilia, que se ha unido a todas las manifestaciones que hoy en día tratan de tomar voz para cambiar algo. Lo que sea. No se está logrando a pesar del aparente número creciente de protestantes. Incluso están tratando de revivir una religión caída, justamente la del dios del hijo de un solo sexo que promovía un amor diferente al sexual que tanto impera hoy en día. Los viejillos dicen que el cuerpo, se quiera o no, cae por la edad, que eso es lo más normal, y que como tal, ellos no han de tener lo más deseable para palpar, pero tienen el conocimiento de años de experiencia y eso los lleva a ser maestros tan importantes como los mismos pedófilos que en las escuelas imparten sus clases. Dicen que ellos como maestros, los ancianos, son mejores porque conocen mucho más que los jóvenes pedófilos que van aprendiendo con el paso de los años a estimular adecuadamente a los más jóvenes. Escucho que el locutor dice, entre comentarios, que si no hay tantos jóvenes que busquen estimular a los más desagraciados, que entre ellos se tienen y que mejor dejen a los más firmes disfrutarse entre sí, pues ellos, los ancianos, ya lo hicieron, y que en realidad suficiente favor les hacemos al mantenerlos con vida ya que son una carga. Casi el diez por ciento del producto interno bruto se va a ese sector de la población que, en realidad, no genera nada que sea positivo ni de ayuda para la sociedad actual.

Yo creo que los ancianos tienen algo de razón, pero no lo digo, pues voy con mi familia, y ellos se han declarado abiertamente en contra de estas manifestaciones que buscan coartar con la libertad más apreciada de todas: las de inducir a los jóvenes a dar placer, como debe de ser. Mi padre va desnudo al volante, y le gusta, porque siempre hay camioneros o usuarios del transporte público que, si bien no se sorprenden en realidad, al menos eso fingen, y eso es muy estimulante para mi progenitor. Atrás, mi hermano va con su celular viendo pornografía de enanos, como siempre, jalándole el cuello al ganso, que cada vez le crece más y más. Mi hermana, por lo tanto, va jugando con su nuevo dispositivo móvil: es un juego de carreras de celular que va poniendo obstáculos. El objetivo es alcanzar más y más velocidad sin chocar ni caer en esos hoyos virtuales, pues así más vibra un dispositivo anal-vaginal, una suerte de letra ce con muchas pequeñas antenas estimulantes que también vibran, y que ella lleva ya dentro de sí, y entre más vibra, ella más gime y más chorrea el asiento con sus fluidos vaginales. Una vez hasta se orinó y mi padre sorbió todo lo que pudo directamente del asiento. Yo voy en medio de mis hermanos, solamente observo al frente tratando de evitar escuchar los gemidos de mi hermana y el sonido de los huevos de mi hermano rebotar contra su propia piel. Mi padre de repente voltea y sonríe, él junto con mi madre, son de los que piensan que el pronto despertar sexual y su consecuente estimulación son lo más conveniente para los jóvenes sin importar su edad.

–¡Pinches desmadrosos! Como si deteniendo el tráfico fueran a cambiar algo, como si esta fuera la forma de lograr lo que tanto quieren. Solamente causan problemas y se ganan el odio de todos nosotros. Imbéciles.

Lo escucho y pienso en algunas cosas que Gabo me ha dicho, pero no puedo decir que ha sido mi amigo quien me lo ha dicho porque, seguramente, me prohibiría verlo más.

–¿Por qué dices eso, pa? –Pregunto tratando de aparentar inocencia.

–Pues nos arruinan el día a todos como si eso fuera a solucionar algo. Aquí hay de todo, y qué tal si alguno pierde su empleo porque llega tarde porque estos idiotas están ahí paradotes en medio de la calle. Eso no va a solucionar nada. A ver, ¿tú qué crees que ganan esos pendejos haciendo esto? Bloquean el tráfico como si los autos fueran los que no les dan placer sexual, como si todos nosotros fuéramos los culpables de su desgracia. Esto que hacen no sirve. Si tienen quejas o quieren decir algo, para eso están las instituciones pertinentes, deben hacer los procesos que están para ayudarlos, porque así no se ayudan ni ayudan a nadie más. Si no siguen las reglas, se ganan que los demás, por medio de lo legal, nos pongamos en su contra, y así menos van a lograr nada. Lejos de lograr que nosotros nos pongamos de su lado, se ganan nuestra apatía.

Gabo me había dicho que eso hicieron los sados, fueron a donde debían ir porque eso era lo correcto y ganaron zonas públicas especialmente definidas para llevar a cabo sus actividades sexuales, sin embargo, entraron en una gran contradicción. Al parecer, el placer de los sados viene, al igual que el de los masos, a través del rompimiento de la norma, o sea, de no obedecer las reglas. Al parecer, al haber normalizado su actividad, haberles permitido zonas donde podían hacer lo que quisieran, apenas y satisfacía sus necesidades más primarias, pero siempre quedaba un vacío, y eso los llevaba a prácticas más y más nocivas. Siempre, en las zonas sados, hay más de tres muertos por noche que buscan el verdadero placer a través de las prácticas más horrorosas posibles. Y al ver que las protestas crecen y crecen, los llevan a hacer acciones como las de hace una semana, una verdadera locura, según los medios de comunicación. Entraron a una de las escuelas más prestigiosas, sexualmente hablando, y a los estudiantes los comenzaron a violar. Como son gente de estudios, y los maestros están preparados para este tipo de acciones, les dijeron que hicieran lo más adecuado según nuestra sociedad: debían dar y recibir placer. Al ver que esto hacían los niños, los sados comenzaron a matarlos para de verdad sentir el placer del verdadero masoquismo, aunque eso significara una matanza, a su vez, de los Halcones Blancos a los mismos sados. Esa escuela perdió prestigio y no por no tener las suficientes medidas de seguridad, sino porque, La Hermandad estableció, los alumnos no estaban suficientemente condicionados y educados para otorgar el placer que debían, y por eso los mataron, así que por eso no valía la pena una escuela que no cumplía con lo que ofrecía. Una verdadera tontería, me dijo Gabo, y es que, aunque no parezca, esto era una situación más que nada filosófica. Yo no sé nada de filosofía, él me dijo que es el amor al conocimiento que se obtiene a través de diferentes medios como la dialéctica o la fenomenología. No profundicé en eso porque sabía que no lo comprendería en su totalidad. Y eso abrió una puerta más para las protestas: una educación basada en, al menos una filosofía sexual. Sin embargo, la filosofía es un enemigo que te hace pensar y te priva de momentos que bien puedes usar para tu placer físico, a según de algunos de los intelectuales modernos más importantes. La situación es la que sigue: la filosofía, por más básica que sea, te lleva a plantearte cuestiones de por qué, de preguntarte a ti mismo sobre las cosas que según tú ya están establecidas pero que ves que no es cierto. Entonces, las protestas ahora van encaminadas a lo que sigue: primero hay que preguntarse uno si el placer es real o no, y sobre todo: cómo llegar al placer, y es esta una cuestión fundamental del sado: no les importa tanto venirse, sino la forma de romper las reglas. Entre más reglas rotas, la explosión final de placer debe ser más violenta, y por lo tanto, más gozosa para ellos. Y eso lleva a otra cuestión: si es la forma carnal la única de alcanzar el placer. Ha habido algunos monstruos que afirman que no, que el placer no es sólo el físico, sino está el intelectual, o el artístico. No el arte de hoy en día, uno verdaderamente fundado en la búsqueda de lo estético, de la belleza. Entonces están ya argumentando en contra de uno de los pilares más fundamentales de la sociedad actual: que el hecho de tener un orgasmo no es la única forma de placer, sino que las hay varias, a parte del goce sexual, a parte del placer físico-genital. Dicen que hay formas de sentir gozo a parte de un estímulo anal, genital u oral. Dicen que se puede encontrar el gozo en acciones tan simples como contemplar una pintura, cosas como el cielo al amanecer o al anochecer, en colores tranquilizantes o incluso en la música. Los que comenzaron a promover estas ideas prehistóricas, así es como se burlan de ellos, desaparecen o los matan en los mítines que organizan. Los matan a sangre fría pues buscan, según los medios de comunicación, un retroceso en la evolución tanto humana como educativa que hemos logrado.

–Hay un niño raro en mi salón –digo–, ¿sabes? Ya va a terapia sexual. La cosa es que dice que ellos lo hacen justamente para incomodar a los demás porque, así como han violado los derechos de ellos, y como son parte de una sociedad que no les presta atención, pues también ellos, a su vez, tienen derecho a incomodar a los demás para llamar su atención de que esto es un problema de todos. La protesta es legal en el momento en que rompen con sus derechos que también han sido atacados o afectados.

–Es una protesta ilegal, y como ilegales deberían ser tratados. Si afectan mi libertad, ni su punto ni su objetivo son justificables.

–Es que creen que su libertad ya fue afectada, y por eso afectan la de los demás. Su actitud va en consecuencia. Están en su derecho, dicen.

–No, esto que hacen no les ayuda en nada y eso no logra que alguien quiera ayudarles. Están logrando lo contrario, como te digo.

–Pero la unidad… –me interrumpe mi padre.

–Hijo…

–Mande, pa…

–No te juntes con ese niño. Es una mala influencia para ti.

–No lo hago, pa, antes sí, ya no –digo y suspiro para ya no hablar del tema.

El tránsito era tal que llego hasta la hora del recreo a la escuela, dejo mis cosas y regreso al patio para ver si encuentro a alguien. Ahora, no sé si a todos les ha pasado o solamente a mí, pero justo cuando no tienes algo en mente, justo cuando habías comenzado a olvidar algo o cuando por fin tu propio cerebro te ayudaba a descansar de ese algo que siempre puede resultar algo molesto o agotador; ese algo, la vida misma te recuerda que no es así. Es cuando la veo, a Eva, sola, sentada en la jardinera que siempre ambos compartíamos, y por alguna extraña razón, desvía su mirada de los demás y me voltea a ver directamente. Su rostro no muestra emoción alguna, su cuerpo no cambia de posición, ella parece una estatua que sólo mueve los ojos. Ahora que por fin la veo después de quien sabe cuánto tiempo, después de haberme imaginado este momento una y mil veces de cómo correría para alcanzarla, de cómo iría y la abrazaría; no me puedo mover. Es más, ni siquiera puedo respirar bien. Entonces suspiro profundamente, observo a mi rededor, trato de tranquilizarme y es cuando me pongo en marcha hacia ella. Ansioso voy, y de hecho tiemblo ligeramente, pero no pasa a más. Me coloco a un lado y me siento.

–Hola –digo con un hilillo casi tímido de voz, como si fuera la primera vez que hablo con ella.

Silencio. No me muevo de mi lugar.

–Me enfermé.

Volteo a verla. Ella ahora mira al frente, no me ve a mí.

–¿Cómo?

–Es por eso que no había venido. La comezón era insoportable. Mi papá me consiguió tratamiento, no sé si era caro, no me pidió pagarla. Fue algo del hombre, ese hombre tenía una infección. Obviamente fuimos a las autoridades y según ya está también en tratamiento. Ahora mi papá está en la cárcel. Mató a ese hombre luego de que estuviera limpio. Quería verlo limpio para que tuviera más razones de vivir. Y lo mató.

Ahora me voltea a ver a mí. Empalidezco. Desvío la mirada. Ella igual.

–Lo siento –digo en un susurro.

–No, no es cierto. Lo dices de compromiso, lo dices porque es lo más indicado que deberías decir. Pero no es un sentimiento real, no lo creo. Es lo correcto que digas eso, pero no por eso significa que sea real.

Parece ella otra persona, una fría, helada, un bloque de hielo parlanchín. No tiene altibajos en su voz, no tiene emoción alguna. Sólo habla como lo haría una máquina, un robot. Solamente una mujer es capaz de ser tan filosa, tan dura. Ese frío que percibo es físico, y solamente una mujer es capaz de lograr eso en el hombre.

–¿Cómo lo sabes?, ¿cómo sabes que lo que digo no es real?

–Porque te fuiste, me abandonaste… te fuiste con tu amigo, Rodrigo. Prefieres un culito de niño a… bueno, da igual. Tiene lindo cuerpo, he de admitir.

Frunzo el ceño.

–No… no es…

–Claro que sí, y está bien. Eres normal.

–¿Normal?

–Como todos.

–No te entiendo.

–Tienes miedo –me dice.

–¿Miedo de qué?

Me voltea a ver con sus ojos infinitos.

–De la individualidad, de ser diferente, de ser tú. La particularidad. Tienes miedo a ser algo más, estás a gusto en lo común. Para ti es tu área de confort y por nada la dejarás. No esperas ni quieres nada diferente a eso, quieres ser parte de la normalidad, de todos. Te gusta ser parte de la masa, no te preocupa nada más que ser parte de todos, aunque sean iguales los unos a los otros. Entre más parecidos, mejor, porque así sabes que estás haciendo lo correcto aunque para ti no esté bien. Entre más normal más feliz, porque compartes la felicidad, y si todos son felices, tú también lo eres al estar con los demás, aunque no sea así en realidad. Sin embargo, no lo puedes cambiar, y no quieres, porque eso sería renunciar a tu felicidad, porque tendrías conocimiento de algo más, y conocer es dolor. No quieres dolor, quieres placer… como los demás. Triste es eso, tu creencia, tu vida, tu parecido… tan triste.

–Entonces tú no eres igual a los demás… eres diferente –digo con cautela.

–Pensé que no era igual… para ti.

–No lo eres… ¡no lo eres!

–Entonces, Adán, ¿por qué abandonaste a tu Eva? ¿Por qué me abandonaste para estar con Rodrigo?

–No… –digo sin querer escuchar, aprieto mis ojos.

–Quieres hacer lo que los demás porque es lo único que sabes hacer porque todos lo hacen. Quieres ser como ellos.

–¿Soy como ellos para ti? –pregunto sin querer conocer la respuesta.

–Si yo lo soy, tú lo eres para mí también.

–¡No, nunca! No lo eres…

–Entonces ¿por qué me tratas como si fuera yo una más, una de ellos? No lo soy, no soy igual.

–No, no lo eres…

–Demuéstralo.

Me quedo frío, estupefacto.

–¿Qué?

–Demuéstrame que no soy igual a ellos.

–¿Cómo lo hago?

Silencio, no me responde. Pienso. Ella se desnudó ante mí, se mostró tal y como es, y yo debo hacer lo mismo: desnudarme. Ella comprendió el mensaje en su tiempo y yo lo ignoré, y ahora ella pide que me desnude, así como ella escuchó mi llamado. Me doy cuenta de su lejanía, y me gustaría decirle que ¿de qué sirve que tus ojos brillen titilantes y beatos como las estrellas de la galaxia, si su brillo es igual de inalcanzable? Tú eres una estrella: te veo, pero no te tengo. Pero, entonces, casi puedo escuchar su voz a través de sus lejanos ojos: Desnúdame, me pide con la mirada. Quiere que la desnude y así, yo desnudarme ante ella.

–Leo libros prohibidos –digo sin escucharme a mí mismo.

Ella sonríe. ¿Qué tipo de sonrisa es esa? No lo sé. Pero sonríe. Ella sonríe.