Desnúdame: Capítulo final

Silencio. Murmullos. Silencio como estar bajo el agua sin la incómoda sensación de taponeo. El aire es límpido, me atrevería a decir cristalino, aunque no sea la forma correcta de decirlo. Hay una luz blanquecina. He descansado lo suficiente. La luz es natural, viene del sol, uno brillante pero discreto que pareciera querer despertarme pocoSigue leyendo “Desnúdame: Capítulo final”

Capítulo décimo sexto

La sensación de estar en esa habitación blanca con el detective es cada vez más opresora, crece y crece como lo haría una enredadera invadiendo cada uno de los rincones de una gran pared. No hay zona que deje sin sus ramas y extremidades que crecen y se encojen. Yo pensé al inicio que eraSigue leyendo “Capítulo décimo sexto”

Capítulo noveno

¿Qué recuerdo? Nada. No sé si recordar, además, me convenga. Recordar es partirse a uno mismo en pedazos y conservar los extractos más culposos, y si son gozosos, se vuelven, en consecuencia obvia, de culpa y dolor, porque esos momentos ya no son presente. Veo los mensajes. Incluso así sigo sin recordar bien. En miSigue leyendo “Capítulo noveno”

Capítulo quinto

Como el grano que sale en la nariz de un rostro adolescente, cuya limpia y tersa piel comienza a sufrir, sentir y vivir los estragos de las hormonas disparatadas y despiadadas; así como ese grano pareciera ser el centro de la galaxia y los planetas girar a su rededor, así como todos nos damos cuentaSigue leyendo “Capítulo quinto”

La guía del pescado del fin del mundo

El descubrimiento más agradable que más he gozado este año es, sin duda, la trilogía de cinco partes de Douglas Adams, y me justifico de esa manera pues a Houellebecq lo conozco desde el año pasado, y apenas leí a Frédéric Beigbeder, en el cual, me quiero profundizar más para tomar una postura bien definidaSigue leyendo “La guía del pescado del fin del mundo”

Las monstruosidades maravillosas de Chuck

“No importa el dinero que tengas en el banco. No eres tu trabajo. No eres tu familia y no eres quien te dices que eres… No eres tus problemas… No eres tu edad…” Y podríamos seguir con la letanía pero, antes, preguntémonos: ¿Qué clase de autoayuda es esta? Bien podría ser modelo de una deSigue leyendo “Las monstruosidades maravillosas de Chuck”